Un error grave. Negligencia periodística. Ensañamiento y ataque desmedido. Carancheo presidencial. Doble vara y cero autoridad moral. La licuadora mediática que se encendió con la fake difundida por Florencia Peña sobre la muerte del padre de Leonel Messi incluyó todo esto y más. Vale desandar punto por punto.
- Florencia Peña comunicó que había muerto Jorge Messi sin haberlo chequeado como las reglas del periodismo profesional indican. La información era falsa y fue difundida en uno de los canales de streaming más vistos del país. Para colmo de males, la fake involucraba al mejor futbolista del planeta, al más famoso del mundo y en pleno mundial. Una estampida imposible de frenar.

Lionel Messi./AFP - Lo ocurrido demuestra la falta de experiencia de alguien que no es periodista y de quienes le indicaron que debía dar esa información. La degradación del ejercicio de la comunicación es evidente, delante y detrás de cámara. Sin embargo, las y los periodistas profesionales también cometen (cometemos) faltas de este tipo, todo el tiempo. ¿Cuántas veces se anunciaron muertes por televisión y luego llegó la desmentida? Incontables. Y en la voz de periodistas con oficio. ¿Cuántas veces se difundieron problemas de salud de figuras públicas sin autorización? Incontables. El mismísimo Jorge Lanata reveló que Wanda Nara tenía leucemia cuando ella había decidido no hacerlo público, por mencionar solo un ejemplo. Es decir, la negligencia no es privativa de actrices devenidas en comunicadoras. Por lo tanto, a bajarse del pedestal muchachos y muchachas con micrófono.
- Echarle la culpa a la producción y a lo que te digan por cucaracha no parecería ser la mejor reacción. Parte de la expertise de quien está al frente de un programa, en el formato que sea, es hacerse cargo como máximo responsable de lo que se diga allí. Después, puertas adentro, todo. Pero nunca arrojar a la boca del lobo a compañeros de trabajo, salvo que esté probada una malicia adrede.
¿Y Feinmann?
- El primero en contar que el padre de Lionel Messi estaba enfermo fue el periodista profesional Eduardo Feinmann. Quien fue en contra del deseo de la familia y del propio Lio de mantener el tema en reserva. Y acá la doble vara es evidente. Pocas voces criticaron al periodista por su accionar, mientras sí emprendieron una cacería cruel contra Florencia Peña. Hasta el propio Feinmann se subió a la ola y le dedicó un ataque misógino por el error cometido.

Eduardo Feinmann Mejor no hablar de Adorni
- El presidente de la Nación, a quien le sirve que el FlorPeñagate pase a la primera plana para que no se hable de Manuel Adorni, escribe un tuit kilométrico tratando de inescrupulosa a la actriz y -cuando no- lanzando una teoría conspirativa kuka detrás del escándalo. La imaginación no se le niega a nadie. Pero queda al desnudo la falta de autoridad moral para levantar la voz por parte del presidente de las fake news, del que dice que los homosexuales son pedófilos y que difunde una estafa en sus redes sociales. La calificó de «chimentera inescrupulosa» y «personaje nefasto» para, de paso, darle rosca a su batalla cultural. Si mirara la viga en su propio ojo en lugar de la paja en el ajeno, Milei se encontraría con un jefe de Gabinete acusado de enriquecimiento ilícito, con un excandidato con pedido de indagatoria por lavado de dinero y con un exfuncionario y amigo acusado de robarle a los discapacitados. Solo por nombrar algunos ejemplos. La moral como política de Estado, claro.</
CORPO BASURA
Cuando uno cree que ya lo ha visto todo por parte de los medios de comunicación, determinados personajes se ocupan de recordarnos que siempre se puede caer más bajo, siempre pueden decir una aberración peor y siempre pueden infligir más daño.
Las aberrantes e…
— Javier Milei (@JMilei) June 18, 2026
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- Florencia Peña, mortificada por lo sucedido, pidió «sinceras disculpas», se quebró y habló con la mamá de Messi. Fue la propia Celia la que puso los hechos en su real dimensión y aceptó las disculpas del caso. Le dijo que la entendía y que esperaba que se puedan tomar un café las dos. Fin. Un poco de sensatez en medio de tanta locura.

Sanción demedida
- Otra historia es la reacción de Luzu y su responsable, Nico Occhiato. En esta profesión se cometen errores todo el tiempo. Dejar sin trabajo a productores que ganan una mínima parte en comparación con el cachet de conductores famosos como Flor Peña es una sanción desmedida. En todo caso, debía haber habido una directiva periodística clara sobre qué decir y qué no en torno de la salud del padre de Messi, algo que ocurrió en la mayoría de los medios de comunicación por estos días. La negligencia comienza ahí.
- Luego, el escarnio público combinó carancheo político, odio y misoginia a mansalva contra una actriz con posición política tomada y explícita, que siempre molestó a los que no piensan como ella. Más de lo mismo en la Argentina polarizada y con menos filtro que nunca.
- Algo esencial queda como lección de lo sucedido: las nuevas plataformas y lenguajes de comunicación, algunas de ellas hiper masivas, no deben quedar exentas de las reglas básicas del periodismo. Chequear con fuentes lo más directas posibles, no dar por ciertos rumores y en temas de salud usar como insumo solamente la información oficial del protagonista, de la familia o de la institución médica. Y, ante todo, respetar la privacidad. No era de interés público si el papá de Messi está enfermo o no. Y era el propio Messi y su familia quienes debían decidir qué contar y cómo contarlo. ¿Elemental, no?. Pero a la luz de los acontecimientos resulta necesario volver a señalar lo obvio. Porque la degradación en la Argentina tocó todas las puertas. La política, la comunicación, la empatía, el cuidado del otro y de la casa común. Todas.
Mientras tanto, esto también pasará. El escándalo tiene la potencia inevitable por tratarse del capitán de la selección campeona del mundo y gozará, al mismo tiempo, de la fugacidad del scrolleo efímero que pinta la época. En pocos días, el país entero estará hablando de otra cosa.
SC






