La irrupción de la Inteligencia Artificial generativa se convirtió en un tema ineludible: desde la OIT hasta el Papa León XIV se expresaron sobre los riesgos para los trabajadores y las trabajadoras que puede generar su desarrollo sin una mirada humana.
Según la Organización Internacional del Trabajo, OIT, es probable que uno de cada cuatro empleos se transforme con esta nueva tecnología. Además de cuáles serán los sectores más afectados, el debate también es a dónde irán esas ganancias, si repercutirán en mejoras laborales o, al contrario, las nuevas formas serán una excusa para precarizar aún más las condiciones de trabajo.
La semana pasada, en Ginebra, el director de la OIT, Gilbert F. Houngbo, usó su discurso de apertura de la 114ª Conferencia Internacional para recalcar que las ganancias que genere la productividad del uso de la IA tienen que impactar también sobre las personas: salarios, derechos y negociación colectiva.
Sin eso, el panorama se vuelve inequitativo. Algo similar planteó el Papa en su primera encíclica. “La IA no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza. Por eso, la primera elección no es entre un sí o un no a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén”, escribió León XIV en “Magnifica humanitas”.
En la mayoría de estudios e informes sobre la IA generativa hay consenso sobre cuáles serán los empleos más afectados: los administrativos, pero también los cognitivos altamente digitalizados en sectores como los medios de comunicación, el software y las finanzas.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, los primeros son los más expuestos, debido a la capacidad teórica de la IA generativa para automatizar muchas de sus tareas.
Sin embargo, las crecientes capacidades de la IA también aumentan la exposición de los del segundo grupo. “Las zonas con industrias relacionadas con la educación, las tecnologías de la información y la comunicación o las finanzas son las más comprometidas”, indicó el organismo.
¿Quién se queda con las ganancias?
La pregunta qué surge es ¿Qué pasa con las ganancias por la rentabilidad que obtendrán las empresas con estos avances?, ¿Qué condiciones laborales generará para quienes mantengan el empleo? Sobre eso advierte la economista e investigadora del Instituto del Mundo del Trabajo Julio Godio de la Universidad de Tres de Febrero, Sofía Scasserra, que señala la utilización política de la tecnología para pulverizar las condiciones del mercado de trabajo.
“Respecto de que si pueden desaparecer empleos, sí, como en cualquier cambio tecnológico. La pregunta que yo me hago es cuánto de esa mano de obra que va a ser reemplazada va a reencontrarse en el mercado de trabajo de una forma más precarizada. Lo que estamos viendo hoy día es que la tecnología se usa como excusa para la precarización y ahí radica el problema”, le dijo a La Pluma. Y advirtió: “Pareciera que estamos yendo a un paradigma donde, porque existe más tecnología, existe más precarización y esto no tiene por qué ser así”.
Scasserra, que estudia el comercio de datos y el efecto de la tecnología sobre el empleo, considera que hablar sobre qué puestos de trabajo van a desaparecer es una discusión vacía “porque no quieren discutir quién va a capacitar a los trabajadores y cómo nos vamos a hacer cargo de la reinserción de los trabajadores”.
Hasta el momento, explicó, el impacto palpable es más bottom up que top down, es decir, “son los trabajadores los que están utilizando IA para sus tareas cotidianas y para optimizar sus tareas, y no tanto las empresas las que lo están aplicando”.
Un estudio conjunto entre la OIT y el Instituto Nacional de Investigación de Polonia (NASK) publicado en mayo, concluye que uno de cada cuatro empleos en el mundo está potencialmente expuesto a la inteligencia artificial generativa, “aunque la transformación, y no la sustitución, es el resultado más probable”.
Sostiene que el 25% del empleo mundial se encuentra en ocupaciones potencialmente expuestas a la IA generativa, con porcentajes más altos en los países de altos ingresos (34 %). “La exposición entre las mujeres sigue siendo significativamente mayor. En los países de altos ingresos, los empleos con mayor riesgo de automatización representan el 9,6 % del empleo femenino, en contraste con el 3,5 % de esos empleos entre los hombres”, indica.
El investigador del CONICET y profesor de la Licenciatura en Tecnología Digital de la Universidad Di Tella, Emmanuel Iarussi, incluye otra arista a tener en cuenta: la capacitación de las nuevas generaciones. “Parece claro que ciertas tareas de programación, sobre todo en perfiles laborales más iniciales, son cada vez más automatizables. Ahí se abre un debate interesante sobre educación y formación profesional. Si esos roles iniciales, que históricamente servían para aprender el oficio, empiezan a reducirse o transformarse, ¿Cómo se van a formar las personas para asumir tareas más complejas, que justamente requerían experiencia previa?”, le dijo a este medio.
Ante este panorama, Iarussi considera que los gobiernos tienen que actuar en tres frentes: invertir en educación, atraer industria y regular. “El desarrollo de la IA en Argentina podría ser una oportunidad para construir capacidades productivas propias, pero para eso hace falta una mirada estratégica que hoy no veo en el gobierno”, comentó y puso como ejemplo el sector de hidrocarburos, donde “existe una discusión sobre recursos, infraestructura, inversión y desarrollo nacional”. “Con la IA deberíamos tener una discusión equivalente: cómo formamos talento, cómo atraemos proyectos de calidad e inversiones alineadas con los intereses nacionales, cómo generamos un ecosistema local capaz de exportar este tipo de servicios y cómo regulamos sus usos sensibles sin frenar la innovación ni agrandar las desigualdades que ya sufrimos”, explicó.
El Premio Nobel que elogia a Milei
Días atrás, el Premio Nobel de Economía 2025, Philippe Aghion, defendió los cambios de la IA y dijo que es “cautelosamente optimista” porque aportará 0,68 puntos anuales a la productividad de las empresas durante diez años. Si bien advirtió, que a corto plazo habrá destrucción de empleos, dijo que las ganancias de las empresas harán que contraten a más gente. “El problema está en hacer que la transición sea llevadera”, dijo el economista que el año pasado elogió a Javier Milei.
“Para la Argentina, era necesario avanzar en la innovación institucional, porque había una corrupción excesiva y demasiada burocracia”, dijo a principios de año en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026. Y celebró la presidencia de Milei: “hay que eliminar la burocracia excesiva y la corrupción para crear un entorno donde sea rentable desarrollar nuevas compañías, crecer por imitación o por innovación”.
Tanto Aghion como Milei recibirán un premio del Paris Economic Forum “como los dos economistas más influyentes del planeta”. Será en septiembre, cuando el presidente viaje a la Argentina Week de París.
CDB / VDM






