Lengua: el órgano, la cosa física, pero de inmediato también: la dimensión intangible, simbólica: la capacidad de expresarnos, posibilidad hipotética del contacto. Palabra-compendio, que resume la manera occidental de entender el ser in-mundo: en vertiente doble, física y espiritual. Cuerpa y mente. Corazón y razón. Mujer, varón. Una construcción que anula grises, que pretende cortes filosos, limpios, donde hay, en realidad, variedad y mezcla, indecibilidad, continuum.
En su vertiente física, la lengua se eriza, golpea, tirita, se agita: danza al ritmo de la música que ella misma genera. Es una gimnasia que se incorpora por repetición y copia, con un puñado de enemigos notorios: murciégalo, dormediario, estuatua. Como DT de un equipo de una, su siamesa etérea, indica coreografía y combinaciones. Estas varían de acuerdo a territorio, clase, edad, género. Aquí cualquier errata es un acierto porque permite desaprender lo obvio y es señal de que algo vivo subyace, como por ejemplo en: “Gracias por tu tenacidad con los demoros”. Todo vale para salir de lo heredado, consabido, formulaico. Lo que repetimos en automático.
Cualquier errata es un acierto porque permite desaprender lo obvio y es señal de que algo vivo subyace.
“El poder de soñar otros sueños [y otras lenguas] expresa la libertad interior, los poderes transformadores de la imaginación radical y un sentido desenfrenado de liberación de las cargas materiales y simbólicas de la opresión. Manifiesta deslealtad a la civilización patriarcal y sus jerarquías sexualizadas y racializadas”. (1)
El pensamiento, la ideación, sucede por fuera de la repetición, en esas ocasiones en que palabras que no tienen que ver se rozan y un chispazo de electricidad las conecta, generándose un diálogo insospechado, imprevisto. Las palabras: dendritas de nuestro lenguaje. Como cuando pensando en la porosa identidad rioplatense aparece espontáneo el adjetivo: “melancómica”.
Al igual que todo lo creativo, la lengua -en su doble acepción- se presta a la manipulación, el desarreglo voluntarioso impuesto por la usuaria con el fin de desvestirse de la mortaja que empetrola las cuerpas físicas y simbólicas con la cantinela del “esto es así, no hay alternativa”, “no hay plata” (!).
“Para desestabilizar un campo narrativo [como puede serlo el tecnocapitalismo, su siervo, el fascismo o su aliado: el patriarcado], una debe hacer muchas cosas, tales como hacer programas de computadora, pelear por un tipo diferente de protocolos para coleccionar datos, sacar fotografías, ser consultora acerca de los cuerpos de la política científica nacional, escribir manuales para la escuela secundaria, publicar en las revistas académicas correctas, etc. Para ser capaz de imaginar la desestabilización de los relatos, una debe formarse en un momento social en que el cambio ese posible, en que las personas están generando sentidos diferentes en muchas otras áreas de la vida. La desestabilización es una tarea colectiva”. (2)
Más temprano que tarde la exploración desarreglante de la lengua intersecará con el lenguaje inclusivo o no sexista. En una munda dividida entre quienes trabajan para obtener los recursos necesarios para reproducir su existencia y quienes reproducen sus existencias gracias al trabajo de quienes trabajan, es decir, organismos parasitarios, la soberanía lingüística (la lengua propia) es fundamental para todas las colectivas subalternas porque es la garante de la autodefinición, de la autonarración, de un punto de vista propio.
Más temprano que tarde la exploración desarreglante de la lengua intersecará con el lenguaje inclusivo o no sexista.
La única herramienta (o treta) que tienen las débiles (hombres, mujeres y todo lo que está en medio y alrededor) para contrarrestar la subalternidad. Que es lo que acontece cuando se aloja en la lengua (física) una lengua (simbólica) que se repite a sí misma en un bucle sin fin (“¡Viva la libertad carajo!”, “La victoria no depende del número de los soldados, sino de las fuerzas que vienen del Cielo”, “La ciudad con ley y orden”).
La repetición inhibe el pensamiento. Impedido el raciocinio, anulada la posibilidad de conexión y su potencia, solo queda la cáscara, solo sonido. La lengua ha sido colonizada y es hablada por una entidad -que, como el hongo de The Last of Us- expresa puntos de vista y ambiciones de otres. Que en general son señores blancos trillonarios preocupados por la libertad para acumular plusvalía a partir de la híperexplotación de sus contemporáneas. Para enriquecerse sin límite a costa del desamparo de multitudes arrojadas a la intemperie del hambre como política de Estado.
Una lengua adepta al dicharacho es arma portentosa para infiltrar y contraparasitar el exoesqueleto de plomo con el que quisieran neutralizar nuestra habilidad de pensar. Anímese: desarregle su lengua. Luego, únase con otras desarregladas: transforme la realidad.
AO/VDM
(1) Rosi Braidotti, Feminismo posthumano (traducción de Sion Serra Lopes), Barcelona, Gedisa, 2022, p. 253.
(2) Donna Haraway, Visiones primates (traducción de Noelia Billi, Guadalupe Lucero y Paula Felisner), Buenos Aires, Hekht, 2022, p. 455.





