A falta de 10 minutos para que termine el partido, nadie podía creer que Egipto le estaba ganando 2 a 0 a Argentina, vigente defensora de la Copa del Mundo. Pero era así, la selección dirigida por Lionel Scaloni no había jugado para nada bien y lo pagó caro: tres llegadas de los africanos, tres goles, uno anulado en el 59′. Pero nunca se debe desestimar la chapa de campeón.
Primero llegó la brisa. En el 79′, un cabezazo bien direccionado de «Cuti» Romero fue imposible de detener para Oufa Shobeir a pesar haberla tocado, y dejó unas páginas en blanco, con la fe de estirar el partido hasta el alargue. El arquero egipcio había sido la figura de encuentro hasta ese momento, con un penal atajado a Lionel Messi y dos salvadas espectaculares contra Alexis Mac Allister y Julián Álvarez en el primer tiempo.
Segunda, la daga. Messi tuvo probablemente su peor desempeño en lo que va de este certamen, pero si algo demostró a sus flamantes 39 años es que es, en definitiva, interminable. Esa ilusión volvió a crecer cuando envió un centro llovido al área rival, corrió hacia el punto penal y luego de unas carambolas recibió un pase hacia atrás del recién ingresado Gonzalo Montiel. Con la pelota en el aire, el «10» desenfundó su zurda, esa que tantas alegrías brindó, para un esfuerzo más. Y esa media volea -con otro toque de Oufa de por medio- reventó el travesaño para que la redonda pique y se ubique, furiosa, en el techo del arco. Mirada desorbitada, dedos apuntando al cielo y puño apretado, otro festejo para la historia.

El combinado celeste y blanco, torpe de la emoción, tuvo su grito de desahogo. Era la primera vez que bajo el mando de Scaloni la selección estaba por debajo del marcador en un mundial, por lo que se tuvieron que enfrentar a otro tipo de presión. La primera mitad del partido tuvo el gol de cabeza de Ibrahim para el triunfo parcial egipcio y un juego demasiado errático a lo que acostumbra Argentina. El capitán volvió a fallar desde los 12 pasos -es el futbolista con más penales errados (4) en la historia de los mundiales, hasta para eso rompe récords– y no hubo puntos altos salvo las intervenciones por la banda izquierda de Nicolás Tagliafico y un excelente Leandro Paredes. De hecho, el volante central tuvo una barrida clave cuando el partido estaba empatado para evitar lo que hubiese sido el tercer gol del conjunto africano.
Argentina estaba increíblemente viva, y obligaba un tiempo suplementario. Egipto había hecho un partido muy prolijo, con una eficacia absurda en ataque y hasta en un tramo del segundo tiempo merecía pasar a cuartos de final. Pero el fútbol no sabe de merecimientos, por eso es tan cruel y tan dulce a la vez. Corría el segundo minuto de adición cuando Julián Álvarez activó a su compañero de ataque, Lautaro Martínez, con un pase largo hacia la banda derecha. El «Toro» llegó y lanzó un centro soberbio para la llegada de Enzo Fernández.
Enzo, que se llama así por Francescoli, es un tipo de goles importantes. En 2022, con un tiro coreográfico en el que la punta de su dedo seguía la trayectoria de la pelota, sentenció el 2 a 0 contra México para darle un triunfo clave a la selección en la fase de grupos del mundial. En marzo del año pasado, anotó el segundo de los cuatro goles con los que Argentina bailó a Brasil en el Estadio Monumental por las Eliminatorias 2026. Hoy lo volvió a hacer. Con pose de mimo, brazos flexionados y palmas abiertas hacia adelante, conectó con la frente el pase de Martínez y la mandó a guardar al segundo palo. Esta vez Ofue solo pudo observar, parado.
El silbatazo final desató la euforia de los presentes en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Messi, viejo zorro, derramó lágrimas de felicidad por varios minutos. Su último baile aún no terminó, porque él y los suyos no quieren apagar la música. «No puedo ni levantar la mirada, lo siento, estoy muy emocionado. ¡Qué grupo de jugadores, hermano! Me tengo que ir, disculpame», declaró Scaloni entre sollozos en el post-partido. ¿Qué más se puede decir? Argentina está en cuartos de final.
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