El modelo económico de Javier Milei se cobró una nueva víctima. La multinacional agroindustrial Bunge cerrará su planta industrial ubicada en Campana. La medida afecta a 110 trabajadores directos, pero según estimaciones sindicales, podría comprometer alrededor de 250 puestos de trabajo si se incluye al personal de empresas contratistas.
La decisión pone fin a más de cinco décadas de actividad industrial en el establecimiento bonaerense, donde se producían amoníaco y tiosulfato de amonio, dos insumos utilizados en la elaboración y aplicación de fertilizantes para el campo.
Según la empresa, la decisión responde a limitaciones de infraestructura y tecnología, cambios en las condiciones del mercado y dificultades para abastecerse de insumos. Sin embargo, desde el sindicato químico señalaron que la competencia de los productos importados, los costos energéticos y la caída de las ventas en el mercado local también incidieron en el desenlace.
Crece la incertidumbre por los despidos
De acuerdo a lo trascendido, la noticia tomó por sorpresa a trabajadores y a la representación gremial. Según denunciaron desde el Sindicato del Personal Químico y Petroquímico de Zárate-Campana, la comunicación se realizó cuando la planta estaba terminando una parada programada de mantenimiento.
Leandro Straschenco, secretario gremial del sindicato, señaló que no habían advertido señales que anticiparan el cierre. La actividad se desarrollaba con normalidad y los trabajos de reparación estaban próximos a finalizar. De acuerdo con los testimonios difundidos por medios locales, la compañía comunicó el cese de las operaciones y restringió el ingreso del personal al establecimiento. La situación profundizó la incertidumbre sobre el futuro de los trabajadores y la posibilidad de una eventual reapertura.
El sindicato anticipó que buscará una instancia de negociación ante las autoridades laborales bonaerenses para intentar preservar las fuentes de trabajo. La principal preocupación es que el cierre no solo afecta los ingresos de los trabajadores, sino también a las familias y a la actividad económica de la zona.

Importaciones y costos, en el centro del conflicto
Uno de los puntos centrales del conflicto es la pérdida de competitividad de la producción local frente a los productos importados. Según la información difundida sobre la decisión empresarial, fabricar determinados insumos en la Argentina dejó de resultar conveniente frente a la posibilidad de traerlos del exterior, particularmente desde China.
Desde el gremio también señalaron el impacto de los costos energéticos y las dificultades para conseguir materias primas a precios competitivos. En ese escenario, la apertura comercial impulsada por el Gobierno suma presión sobre las empresas que producen localmente y deben competir con bienes elaborados en otros mercados.
El establecimiento fabricaba amoníaco y tiosulfato de amonio, dos compuestos utilizados en la industria de fertilizantes. El primero es una materia prima fundamental para la elaboración de productos nitrogenados, mientras que el segundo se emplea en fertilizantes líquidos que aportan nitrógeno y azufre a los cultivos.
Cabe recordar que el gobierno de Milei defiende la apertura de la economía como una herramienta para reducir precios y mejorar la productividad. Sin embargo, cada vez son más los establecimientos industriales que deciden dejar de producir en el país provocando la pérdida de numerosos puestos de trabajo.
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