En Argentina, 2 de cada 200.000 niñas y niños son celíacos. Una cifra que duplica las estadísticas en los adultos. Si bien en los últimos años aumentaron las consultas y su detección, hay muchas personas permanecen sin diagnóstico. En el Mes de Concientización sobre esa enfermedad autoinmune, que tiene al 5 de mayo como el Día Internacional de la Celiaquía, “Armacabezas” lanza su tercer episodio para profundizar sobre el tema y derriba mitos como el de los “grados” de resistencia al gluten.
En el streaming de La Pluma conducido por Sofía Caram, directora periodística del diario, estuvieron Sonia Niveloni, directora de la carrera de especialistas en gastroenterología de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE); Vanina Ramírez, mamá de gemelos celíacos; Mariana Merlo, periodista especializada en alimentación sin gluten y creadora de SinTaccto.com, y Andrés Snitcofsky, celíaco datero y creador del monitor de los alimentos sin gluten.
“El 1% de la población general es celíaca en Argentina”, afirmó Niveloni, que es expresidenta de la SAGE. Y explicó que la enfermedad no se cura, es de por vida pero sí mejora. “Si hacés la dieta y desaparecen los anticuerpos, la histología se normaliza. Pero si vos volvés a recibir el gluten, vuelve otra vez a cero. Hay pacientes que ingieren una cantidad mínima de gluten y ya lo sienten, mientras que hay otros que van haciendo transgresiones inadvertidas y no se dan cuenta”.
En ese sentido, derribó el discurso generalizado acerca de los grados de celiaquía. “La biopsia que se hace con una toma endoscópica del duodeno determina la atrofia vellositaria, eso tiene determinados grados, pero eso no significa que el celíaco tenga determinado grado de enfermedad. Todos son celíacos y en lo único que se habla de grado es en la histología, nada más. Todos son celíacos”, aclaró.
La celiaquía es una enfermedad autoinmune que se desencadena por comer alimentos con gluten, una proteína que se encuentra en la semilla de muchos cereales, y provoca una reacción que daña el intestino delgado. Si no se detecta a tiempo, pueden aparecer complicaciones por inflamación crónica y malabsorción: anemia, déficit nutricionales, baja talla o retraso puberal en pediatría, osteoporosis y fracturas, entre otros.
Andrés Snitcofsky fue diagnosticado a los 35 años, después de estar tres meses con gastroenteritis en los que bajó 15 kilos. “Cuando te toca pasar del otro lado empezás a ver como la matrix: un montón de cosas que antes no veías”, contó. “Hay algo que me parece maravilloso, que le cuesta incluso a los que más me quieren, que han escuchado toda mi perorata de celiaquía, y es que si vos haces algo que puede comer un celíaco, también lo pueden comer todos los demás. Que es algo que a nosotros nos cuesta, porque cuando uno piensa en el enfermo, es algo que es necesario. “, agregó.
En ese sentido, Mariana Merlo indicó que la información es clave para derribar la idea de complejidad alrededor de la celiaquía. “Es parte de la empatía. Es estar atenta, hacer una buena limpieza de mesada, tener en cuenta que es mejor no usar algo de madera porque es porosa”, dijo. Y también habló sobre los cambios en el mercado y las opciones gastronómicas. “Cuando salgo a comer afuera por el Día del Padre no voy yo sola a comer, voy con mi marido, con mis papás, con mis hermanos, con mis sobrinos. No es la comida de un celíaco, es toda una mesa de 10, personas que van a elegir un lugar donde el celíaco o la celíaca pueda comer tranquilo”, agregó.
Vanina Ramírez es mamá de gemelos celíacos. Sus hijos de cinco años estaban terminado el preescolar cuando los diagnosticaron porque iban muy seguido a orinar. Salí llorando del consultorio, yo no sabía nada, tampoco mi pareja”. Se volvió especialista y ahora es creadora de Celiakitos en acción (snacks sin gluten). Ella se refirió a lo que pasa con los niños y niñas y el impacto en la socialización. “Siento que a veces mis hijos son un problema para otras madres, no los quieren invitar porque no saben que darles de comer. Te dicen: ¨No quiero meter la pata, mejor traerlo después’ . Todo tiene que ver con la comida y mis hijos a veces se sienten mal”, explicó.
También consideró que debería incluirse el tema en la formación docente: “Hay actividades, por ejemplo, donde tienen que hacer masitas o los alfajorcitos. Cosas para compartir, y tengo que recordar al colegio que mi hijo es celíaco y pedirle a los padres que se pongan de acuerdo para que mi hijo pueda participar de una manera segura. Es fácil si le prestamos atención”.
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