Indec e inflación: datos oficiales, pero no reales. La salida intempestiva de Marco Lavagna, titular del INDEC desde 2019, develó una inconveniencia para el oficialismo. Si actualizaban el método de medición, quedaba al descubierto que la inflación real es mucho mayor que la anunciada oficialmente. Fue el presidente Javier Milei el que decidió, sobre la hora, que la forma de medir la inflación no iba a cambiar. Al menos hasta llegar a la «inflación 0».
El ministro de Economía, Luis Caputo, justificó la decisión del Gobierno de postergar la implementación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) hasta que la inflación llegue a cero, una medida que había sido anunciada en septiembre y que estaba lista para debutar el 10 de febrero con los datos de enero de 2026.
Si se midiera con el método que fue frenado, la inflación acumulada durante la gestión de Javier Milei sería de 288%, un 39% más que la oficial. El dato surge del informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El cálculo que seguirá vigente incluye usos, costumbres y alimentos de hace dos décadas.
En declaraciones a LN+, Caputo reveló que el propio Presidente fue quien frenó la decisión: “Con Milei no estábamos de acuerdo con cambiar el índice. Lo lógico es terminar el proceso de desinflación con la misma medición que venimos midiendo siempre”, afirmó.
El ministro de Economía argumentó que realizar el cambio ahora complicaría la comparación de datos, aunque reconoció que tanto el índice actual como el que proponía el exdirector del INDEC están desfasados. “No se puede comparar peras con manzanas”, dijo.
Pero más allá de las declaraciones, la cuestión de fondo es qué datos iba a arrojar el nuevo IPC, que se basa en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO) 2017/2018 y en la actualización de la Clasificación del Consumo Individual por Finalidad (COICOP 2018), una alternativa más moderna y que contempla los nuevos consumos.
Esto frente a la ENGHO 2004/2005, en la que se apoya el IPC vigente, que refleja patrones de consumo de hace más de dos décadas y que no representa la estructura actual de gastos de los hogares argentinos. El viejo índice, por ejemplo, ponderaba los gastos de telefonía fija o de tarjetas telefónicas, un consumo que quedó en desuso, mientras que el internet, datos móviles y abonos de streaming pesaban mucho menos en la medición.
No se trata de un detalle técnico: de esa elección dependen los números de inflación que se informan y, en consecuencia, la actualización de salarios, jubilaciones, planes sociales, alquileres y contratos indexados.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) permite ver con claridad las consecuencias de la decisión. Reveló que la canasta vigente subestima los rubros clave que encabezaron las subas bajo la gestión libertaria: servicios públicos, transporte y energía.
Según el CEPA, si se hubiera aplicado la metodología actualizada, la inflación acumulada entre el inicio de la gestión de Milei y noviembre de 2025 sería del 288,2%, mientras que el índice oficial actual registra un 249,5%. Esa diferencia de casi 39 puntos porcentuales se explica porque el nuevo índice le otorga más peso a los tarifazos de vivienda, agua, electricidad y gas, que son los que más han golpeado los bolsillos en los últimos meses.
También se sumaron las voces de la Junta Interna de ATE-INDEC, que repudió la postergación y denunció que se trata de una «señal de intromisión política» en decisiones que deberían ser estrictamente técnicas y científicas. Según explicaron, la comparación se podría resolver fácilmente publicando ambas metodologías en paralelo o expandiendo la serie hacia el pasado. Para los trabajadores, el Gobierno está utilizando patrones de consumo de hace 20 años para «esconder el costo real del ajuste».
MN





