“Por nacer en este suelo/ hice un pacto/ yo con Dios/ o tal vez fue con el Diablo,/ no lo sé”. Ricardo Iorio y Claudio Marciello.
La Isla Grande de Tierra del Fuego ocupa un lugar singular en el extremo austral de América. Separada del continente por el Estrecho de Magallanes, constituye el último gran territorio americano antes del Atlántico Sur y la Antártida. Calculada en línea recta, la distancia hasta Buenos Aires es de aproximadamente 2.400 kilómetros, mientras que La Quiaca, en el extremo norte del país, se encuentra a unos 3.650 kilómetros, una dimensión que refleja la extraordinaria extensión de la Argentina. Al mismo tiempo, la isla se ubica a unos 700 kilómetros de Puerto Argentino, en las Islas Malvinas, y a alrededor de 1.230 kilómetros de la Base Marambio, consolidando su posición como un puente natural entre el continente, el Atlántico Sur y la Antártida.
Desde acá, donde el mundo entero está “en el norte”, el mundial se vive con intensidad. Reunirse entre amigos o familiares, prender un fueguito, establecer cábalas o peregrinar para pedirle a algún santo, implica de manera irremediable emponcharse hasta las orejas para contrarrestar el frío. Producto del calentamiento global, el invierno está un poco atenuado y lo que antes caía en forma de nieve, hoy se hace presente como lluvia y heladas. Salir a festejar es para gente de corazón caliente.
En Argentina el fútbol es un fenómeno cultural. Es parte de nuestro ser nacional. Esta realidad puede gustar más o menos, pero resulta innegable. Por eso, el partido que nuestro seleccionado jugará contra Inglaterra no es una disputa más. Lo sabemos todos, incluso Scaloni aunque su rol lo obligue a decir otra cosa. La magnitud que se le asigne podrá variar según cada persona, más no resulta indiferente.
En Tierra del Fuego, claro está, eso tampoco ocurre. La memoria colectiva de la Guerra de Malvinas y el reclamo permanente por los legítimos derechos soberanos argentinos sobre los tres archipiélagos del Atlántico Sur usurpados por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte —Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur— constituyen un elemento fundamental para comprender cómo se vive cualquier enfrentamiento con Inglaterra.
Quizás resulte difícil de entender en otras latitudes, pero la cuestión Malvinas está presente diariamente en Tierra del Fuego. Transitar las calles de Ushuaia, Tolhuin o Río Grande es convivir con un sinnúmero de elementos visuales que evocan a las islas. Desde los monumentos oficiales, hasta stickers en los vehículos, pasando por murales y banderas, el reclamo de soberanía está siempre presente.
El miércoles, cuando Argentina e Inglaterra entren a la cancha para disputar un lugar en la final del mundo, en Tierra del Fuego no habrá solamente un partido de fútbol. Acá, donde las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur forman parte del nombre de la provincia, del mapa y de la memoria cotidiana, la camiseta inglesa carga un significado que excede cualquier rivalidad deportiva.
El encuentro llega además en un momento en que el Atlántico Sur vuelve a convertirse en escenario de disputas estratégicas, con la presencia militar británica en las islas, el aumento de la depredación de los recursos naturales, el creciente interés de los Estados Unidos por la región y una política exterior argentina que busca acercarse a Londres y Washington.
A pocas horas de que Lionel Messi dispute su primer partido contra los ingleses el diario Ámbito Financiero publicó que un buque de guerra británico, el HMS Medway, “cruzó aguas argentinas” a la altura de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Aún no está claro si obtuvo algún tipo de autorización del Gobierno Nacional. Cabe aclarar que en todo momento el buque estuvo en aguas “bajo jurisdicción argentina”, porque las Malvinas y sus espacios marítimos circundantes fueron, son y serán argentinos.
Además, año a año se implementa un sistema estructural de explotación pesquera que extrae cerca de 250.000 toneladas de recursos de nuestras aguas y producen un saqueo difícil de calcular en nuestra economía. En paralelo, la entrega de licencias hidrocarburíferas amenaza con despojar a nuestro país de miles de millones de dólares en barriles de petróleo. Solo el yacimiento identificado como Sea Lion (León marino) podría representar casi mil millones de barriles. Arrancan a perforar el año que viene.
Claro que nada de esto podría ser resuelto mediante un partido de fútbol, pero eso no implica que no sea un condimento lógico a una disputa que atraviesa varios terrenos. Los fueguinos alentaremos a la Selección como todo el país, pero sin duda alguna una gran mayoría lo hará con la emoción de saber que detrás de la pelota estarán presentes una herida abierta, una identidad territorial y una soberanía todavía inconclusa.
GBZ/VDM









