El dato corresponde a Ciudad de Buenos Aires y fue recabado por la Oficina de Violencia Doméstica: sólo en el primer trimestre del años pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) recibió once denuncias diarias por menores de edad que sufren castigos físicos o maltrato psicológico. El promedio de edad de las víctimas es de 9 años. El caso Ángel, el nene de 4 años que murió, presuntamente, a consecuencia de golpes recibidos en su casa en Comodoro Rivadavia, da cuenta de una situación subterránea, pero que existe.
La prisión preventiva que ordenaron contra la madre y el padrastro de Ángel abre un interrogante sobre el cuidado de las infancias, el rol del Estado y de distintos actores de la sociedad para proteger sus derechos. La cifra de la Corte Suprema corresponde a los meses de enero, febrero y marzo de 2025; no han elaborado -hasta el momento- nuevos informes. En total y en ese lapso, se reportaron 958 casos de niños y adolescentes víctimas de violencia doméstica. En el 80% de los casos, los golpeadores son los progenitores y, sobre ese porcentaje, el 67% indica que la violencia es ejercida por el varón.
La crianza violenta como modo de crianza sigue vigente
La violencia todavía se usa «para educar» durante la crianza. Un zamarreo, un chirlo, actos que coexisten con las nuevas formas. La exdefensora de Niños, Niñas y Adolescentes de la Nación, Marisa Graham, señala que sigue vigente “el castigo corporal en aras de la educación y del deber de corrección en exceso, que a veces tienen las madres y los padres, pero con el fin de educarlo. Sobre todo cuando son más chiquitos”.
Graham, que actualmente trabaja en la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires, explica que “los ‘permitidos’ que tiene el mundo adulto con las niñas y los niños es algo que sigue sucediendo” y aclara: “Estamos hablando de padres y madres no violentos, pero que utilizan formas violentas de educación y de corregir a sus hijos y muchos se dicen: ‘si no, no puedo con ellos´. Como si la palabra o la explicación no bastara e hiciera falta avasallar el cuerpo de los chicos. De ahí al abuso sexual infantil intrafamiliar hay un montón de niveles de violencia”.
“Estamos hablando de padres y madres no violentos, pero que utilizan formas violentas de educación y de corregir a sus hijos y muchos se dicen: ‘si no, no puedo con ellos´», apunta la especialista Marisa Graham.
Los casos investigados por la Oficina de Violencia Domésticia muestran que hay mayor prevalencia de maltrato psicológico o emocional (en el 93% de las situaciones), seguido del maltrato físico (38%) y abuso sexual (11%). En diálogo con La Pluma, Graham comenta que las agresiones intrafamiliares van mutando según la edad de los agredidos. “El maltrato es un método mucho menos generalizado que antes, por supuesto. Es más físico cuando son más chiquitos y es más simbólico cuando son más grandes, a través de insultos o frases degradantes”, describe.
Según una encuesta de UNICEF del año 2020, 6 de cada 10 chicas y chicos son criados con prácticas violentas, como gritos, humillaciones y castigos físicos. El informe sostiene que si bien el 97% de las madres o cuidadoras manifiestan que los menores no deben ser castigados físicamente en la crianza y educación, el 59% de los hogares utiliza métodos de crianza violenta como agresiones verbales y castigo físico (el 52% agresión psicológica, el 35% física y el 7% agresión física severa). Entre las infancias y adolescencias con discapacidad, la utilización de estos métodos de crianza violentos asciende al 72%.
«Dos bebés de menos de dos meses con fracturas de cráneo»
Juan Pablo Muesca es médico y psiquiatra infantojuvenil, está a cargo del área de Violencia Familiar del Hospital de Niños Pedro Elizalde y cuenta lo que ve a diario en su trabajo. “En el hospital hay internados 14 chicos que estamos viendo desde la Unidad por situaciones de maltrato diversas. Algunas más severas, otras menos. Inclusive, hay dos bebés con menos de dos meses con fracturas craneales y hemorragias cerebrales secundarias a traumatismos. Existe y sigue siendo frecuente. No todas las causas de internación son por maltrato físico, también puede ser por sospecha de abuso sexual o con negligencias en cuanto al manejo de enfermedades”, explica en diálogo con La Pluma.
«Hay dos bebés de menos de dos meses con fracturas craneales y hemorragias cerebrales secundarias a traumatismos. El maltrato existe y sigue siendo frecuente», dice Juan Pablo Muesca, médico y psiquiatra infantojuvenil, a cargo del área de Violencia Familiar del Hospital de Niños Pedro Elizalde.
La primera causa de mortalidad infantil por violencia física es el trauma craneoencefálico abusivo, “es lo que se llama shaken babys o cuando por sacudidas a un bebé el cerebro choca dentro del cráneo y se producen hemorragias y fracturas costales. Se da en los menores de 2 años principalmente y es una forma severa de maltrato físico. Si bien Ángel tenía 4 años, parece que entra dentro de esta causa”, detalla Mouesca.
Ante esta situación, el equipo de salud tiene que estar atento a las alertas para después denunciar: relatos que no son compatibles con la lesión que el médico encuentra o que no son congruentes en el tiempo. Cuando lo que dicen los padres no es coincidente con el desarrollo madurativo de un niño. Un ejemplo: es excepcional que un bebé de menos de seis meses tenga un hematoma, por lo que hay que sospechar maltrato.
Lo mismo sucede con cualquier fractura de un menor de un año. O zonas del cuerpo que es difícil que se lastimen espontáneamente como las orejas o el cuello. O cuando tienen más de una fractura o muchos hematomas. “Ante una sospecha de maltrato físico con riesgo de vida hay una obligación del equipo de salud de hacer una denuncia o de acompañar al organismo de protección y a partir de ahí actúa la fiscalía. En general, eso funciona bastante rápido”, agrega Mouesca.
«Ante la reiteración del maltrato el niño aprende que es culpable»
Desde el año 2023, en Argentina está vigente la Ley Lucio– por el caso de Lucio Dupuy, el nene de cinco años que murió en La Pampa tras los golpes y el abuso sexual por parte de su madre y la pareja–, que establece la creación del Plan Federal de Capacitación sobre Derechos de Niños y Adolescentes, con el objetivo de prevenir y detectar tempranamente situaciones de vulneración de derechos. Sin embargo, es una más de las políticas públicas destruidas de parte de la gestión de gobierno comandado por Javier Milei.
Para la psicóloga y socióloga Claudia Messing, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar y directora de Escuela para Madres y Padres, en nuestro país conviven dos corrientes de crianza: “Una que se nutre de la crianza respetuosa, que tiene y busca mucha información, en general la lideran las madres. Y otra que reivindica un modelo más autoritario, más presente en algunos padres varones”.
Esa violencia recibida en la infancia tiene un impacto incalculable en la constitución de los adultos. “Los niños se culpan por todo. Un niño no reconoce que el adulto puede tener ataques de ira o de celos, o un desequilibrio psíquico. Básicamente ante la reiteración de maltratos, el niño aprende que él es el culpable, merecedor de estos tratos. Esto afecta profundamente su identidad y su autoestima, y de adulto va a buscar reiterar o confirmar estas vivencias infantiles, buscando que otras personas repitan estos tratos o castigándose a sí mismo ante cualquier frustración», explica Messing. Y agrega que otro de los efectos de la violencia recibida en la infancia por parte del adulto es la reiteración de la violencia en la crianza de los propios hijos.
Después de sus investigaciones sobre “simetría inconsciente” como cambio de la subjetividad, Messing sostiene que estamos “ante generaciones de niños que desde muy pequeños copian a sus padres como si estuvieran frente a un espejo, y los copian a tal punto que se confunden con ellos. Por eso son tan precoces, confían en su propio criterio, creen ser autosuficientes y no reconocen la autoridad. Pero, a la vez, necesitan ser correspondidos y entienden cualquier diferencia como falta de amor, por eso estallan en berrinches y es tan alta su intolerancia a la frustración».
«Conviven dos corrientes de crianza. Una que se nutre de la crianza respetuosa, que tiene y busca mucha información, y la lideran las madres. Y otra que reivindica un modelo más autoritario y está más presente en algunos padres varones”, plantea Claudia Messing, de Escuela para Padres y Madres.
Un Estado que no garantiza el de derecho y la protección de los menores
¿Qué nos está pasando como sociedad que nos atraviesa un grado de violencia tal que podemos dañar a las infancias y a las adolescencias?, ¿Qué pasa con todas las instituciones que deberían haber estado mirando a esas infancias y tal vez no lo hicieron?, ¿Qué pasa con los colegios, hospitales, familia, vínculo cercano? Esas son algunas de las preguntas que plantea la psicóloga social y docente Carla Elena, que trabaja el tema y es miembro de Forum Infancias.
Para Elena es importante también poner el foco en el Estado, por estos años más alejado de su rol de garante de derechos . “Vemos las niñeces e infancias vulneradas, violentadas psíquica, física, económica, mental y simbólicamente. Y yo diría, las vemos ya violentadas por un Estado que hoy no genera políticas públicas. Y también por adultos mayores responsables que están a su alrededor”, explica.
Además, sostiene que después de la ley Lucio “es un deber que las organizaciones y las instituciones, tanto de salud como educativas, denuncien si hay una señal de alerta. Es fundamental entender que es imperioso que se trabaje de manera mancomunada y social para poder abordar y prevenir este tipo de violencias. Cuando vemos un niño triste, cuando vemos que está callado, que su postura corporal indica algo. O si tiene golpes o moretones, mediante sus dibujos o sus juegos, son indicadores que hay que tomar en cuenta», indica Elena.
CDB/VDM





