Una notificación sobresalió cuando volví a revisar la pantalla. No se trataba de uno de los tantos avisos que pulsan habitualmente en mi celular. Era un audio. Suelto. Sin texto. “Hola Ezequiel. Aquí estoy yo, Indio”.
Este viernes, tras su paso a la inmortalidad, lo volví a escuchar. Me emocioné y se me puso la piel de gallina otra vez. Me acordé de la primera ocasión en que lo reproduje, cuando no podía creer que él, Indio, quiso responder a la humilde invitación que le acerqué para que comparta una reflexión a la audiencia.
Era un mensaje para los jóvenes que le había pedido a través de su compañera, Virginia “Viru” Mones Ruiz, a propósito del 24 de marzo de 2023. Había organizado en Nobleza Hormiga, el programa de radio que conducía en ese momento por FM La Patriada, un especial por el Día de la Memoria. Fue muy emotivo, de colección. Lo hicimos, como siempre, junto a Lucía Jolivet, Werner Pertot y Luciana Bertoia al aire y Sofía Llamedo y Julián Romero en la producción.
El Indio era un artista comprometido, apasionado, que organizaba más que recitales. Misas. Con mensajes profundos en sus letras. Que buscaba la reflexión y rebeldía. Lo contrario a la fama comercial que hoy pulula. Marcó un antes y un después en la música e ingresó al libro de los argentinos que hicieron historia.
“Hola Ezequiel. Soy yo, Indio. Tratando de responder a tu invitación, para ver cómo hacemos para entusiasmar a los jóvenes a participar en las decisiones democráticas”. “La revolución es desde que te levantás hasta que te dormís. Luchar todos los días por los derechos humanos”, arrancó su audio en un año donde ya se daba cuenta que crecía una marea revanchista de extrema derecha, cooptando a las juventudes. Unos meses más tarde las elecciones confirmaron a Javier Milei como Presidente.
“Cada uno desde el lugar que crea debe fortalecer las causas que piensan en los que no tienen nada, las criaturas que pasan hambre. Debemos ser sensibles. Después, el mecanismo, el método por el cual participan, cada uno sabrá lo que le indica su corazón y su pensamiento”.
“Yo les puedo proponer otra manera de cumplir con la condición de ciudadano y habitante de un país en democracia. Y es a través de la literatura, del arte, de cualquier manifestación que nos acerque emotivamente, con virtud, para que uno tenga armas para luchar contra los enemigos de la justicia social”.
“Hay que generar gente que sea virtuosa y honesta. Llamaría a los jóvenes a que estén atentos y no se dejen llevar por el poder de los medios”, en referencia a la campaña de los principales canales para socavar lo colectivo y fomentar el individualismo.
“Cada cual tiene que hacer lo que siente pero desde un lugar de honestidad y virtud”.
“Que tengan buena suerte en sus elecciones de vida. Te mando un abrazo, Ezequiel, para vos y todos tus escuchas”, cerró su mensaje.
En todos estos años fueron contadas las columnas de este estilo que escribí. No acostumbro, no es mi fuerte. Este ensayo, breve y en primera persona, necesité hacerlo para compartir sus reflexiones ante una sociedad que puede y debe volver a tener empatía por el otro.






