Argentina buscará mañana llegar a su séptima final de Mundial en su historia, y nada menos que contra Inglaterra. Los dirigidos por Lionel Scaloni se preparan para un partido que estará teñido por la historia entre ambos países. Sin embargo -y emociones aparte-, se trata de un encuentro que se definirá por la estrategia y calidad de ambos combinados.
Tanto Argentina como Inglaterra llegan invictos a esta instancia. La Albiceleste ganó todos sus partidos, mientras que los dirigidos por el alemán Thomas Tuchel registraron cinco triunfos y un empate (contra Ghana en fase de grupos).
Por otro lado, el conjunto argentino disputo dos tiempos suplementarios -Cabo Verde y Suiza- en lo que va de la fase eliminatoria, mientras que Inglaterra solo jugó el alargue contra Noruega en cuartos de final.
Ambos equipos llegan con una cuota de cansancio a semifinales. Argentina es la selección más goleadora: convirtió 17 goles en lo que va del torneo, mientras que Inglaterra anotó 13.
Un dato importante a considerar es que, debido a la nueva limpieza de amonestaciones que definió la FIFA para la edición 2026, la tarjeta amarilla que recibieron los jugadores que en los cuartos de final no tendrá consecuencias para esta ronda.
De esa forma, Lautaro Martínez, Thiago Almada, el Flaco López -todos amonestados contra Suiza- y Gonzalo Montiel -arrastraba una amarilla del partido contra Cabo Verde en 16avos- están exentos de este cuidado.
Táctica, contexto, figuras
Esta Inglaterra juega con un esquema 4-2-3-1, y prioriza lastimar con profundidad cuando se le presenta la ocasión a mantener la posesión de la pelota. En ese sentido, es un equipo de transiciones directas y rápidas, que se apoya en la velocidad de sus extremos –dígase Noni Madueke y Bukayo Saka por derecha, y Anthony Gordon y Marcus Rashford por izquierda– para encontrar espacios a espaldas de los defensores y buscar el 1 contra 1.
En el mediocampo, Declan Rice (Arsenal) y Elliot Anderson (Manchester City) comparten el doble pivote que maneja el ritmo de juego inglés.
Cada vez que terminó un partido, los jugadores ingleses celebraron sus triunfos con Wonderwall, el hit de la mítica banda Oasis. «Because maybe, you’re gonna be the one that saves me», cantan mientras la cámara enfoca al héroe de turno. Porque además de tener un orden colectivo, gana por el brillo individual de sus figuras. En los últimos tres partidos, el primer plano se lo repartieron Harry Kane y Jude Bellingham.
Hablemos de ellos. Kane es un delantero tan letal como fino, que por momentos abandona su posición tradicional de «9» para crear juego y arrastrar a los defensores. El delantero del Bayern Munich lleva seis goles en lo que va de esta edición del Mundial. Por su parte, Bellingham es un jugador prácticamente inclasificable. Es mediocampista, «10», segunda punta y hasta con compromiso defensivo. El jugador del Real Madrid tiene un gran olfato goleador, que le permitió anotar cuatro tantos en los últimos dos partidos.

Pero los roles de Kane y Bellingham no solo benefician al equipo enormemente, sino que además comulgan en una idea común: generar espacios. Porque ambos se relevan en las posiciones de enganche y atacante, lo que dificulta la marca fija del rival a la vez que facilita situaciones de gol para los de Tuchel.
La fase eliminatoria del equipo inglés no se explica sin la influencia de estos dos: contra la República Democrática del Congo, Kane embolsó dos goles para ganarle por la mínima en dieciseisavos de final; en octavos, Bellingham metió dos en la victoria 3 a 2 ante México; y contra Noruega, el mismo volante marcó otros dos para dar vuelta los cuartos de final 2 a 1.
En este sentido, Inglaterra comparte con Argentina un rasgo distintivo. Y es que ambas selecciones supieron sobreponerse a resultados adversos en rondas de eliminación. Los británicos arrancaron perdiendo contra Congo y Noruega, mientras que Argentina tuvo el mismo escenario contra Egipto en octavos de final. Si bien ninguna brilló por su juego, el carácter les dio un empujón fundamental para avanzar de fase.
La Selección Argentina fue especialista en esta materia. Luego de una fase de grupos comodísima con tres victorias, sufrió una vez con Cabo Verde cuando le empataron dos veces el partido, sufrió dos veces con Egipto cuando tuvieron que levantar un 0-2 en contra, y sufrieron tres veces con una dura Suiza que asfixió al equipo con presión y se resguardó en el área hasta el tiempo suplementario, partido que destrabó Julián Álvarez con un derechazo que irá directo a los libros de historia.
Los dirigidos por Scaloni fueron de más a menos en lo que transcurrió de la Copa del Mundo. Con una formación 4-4-2, el técnico de Pujato apostó por la experiencia de los campeones de Catar, con la diferencia de Lisandro Martínez en la zaga central en vez de Nicolás Otamendi. Si bien apostó por Thiago Almada en los primeros partidos para el once inicial, rápidamente introdujo a Leandro Paredes como «5» para liberar el juego de Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, sus dos creativos más importantes después de Lionel Messi.

Lo cierto es que la influencia del capitán fue, por lo pronto, igual o mayor en comparación al 2022. Si bien la «Pulga» perdió explosividad, supo resolver con inteligencia problemas tácticos en tiempo real y adentro del verde césped, como por ejemplo ante Egipto, cuando se recostó sobre la banda derecha para salirse del área rival, demasiado congestionada, y atacar con centros punzantes para los delanteros y con remates, como su propio gol del empate. Su juego está más cerebral que nunca: se regula físicamente y adopta diferentes funciones según lo que pide el partido. Afortunadamente, llegaron ante Suiza los goles tan esperados de los delanteros, Álvarez y Lautaro Martínez. La «Araña» convirtió su primer tanto en este Mundial, mientras que el «Toro» suma dos con el que le hizo de penal a Jordania, aunque necesitaba su primero en fase eliminatoria. Los puntos más altos de la Albiceleste son Cristian «Cuti» Romero junto a «Licha» Martínez, Paredes y Messi.
Inglaterra, por su lado, tiene sus debilidades. Así como mencionamos la importancia de sus figuras y su gusto por los ataques veloces, es un equipo que le cuesta elaborar cuando el rival se cierra en un bloque bajo. Y así como Paredes ejerce tamaña influencia en la salida de Argentina y Granit Xhaka hacía lo propio con Suiza, Rice es el encargado en la táctica inglesa. Si se logra una presión organizada, el equipo argentino puede complicar la salida de su rival.
Algunos analistas y periodistas sugieren la posibilidad de que Scaloni patee el tablero para un cambio táctico. En este sentido, sobresale la chance de jugar con un estructura 3-5-2, para sumar a Otamendi y crear un trío defensivo. Como carrileros aparecen opciones como Nicolás González y Giuliano Simeone, y el resto del equipo de memoria. Es tan solo una posibilidad, aunque todo será incierto hasta que Scaloni comparta su formación inicial.
MM/VDM








