El Indec informó que la inflación fue de 1,9% en septiembre, 0,2 puntos porcentuales más que el mes pasado, y acumuló 23,6% en lo que va del año, por encima del acumulado del 2025 hasta septiembre (22%). De esa forma, el IPC dobla a la proyección que dibujó el Ejecutivo en el Presupuesto (10,1%) para el año, a la vez que estimaron 18% para 2027, un dato que parece alejarse cada vez más de la realidad.
El Gobierno promete: los 18 mejores meses de la historia económica argentina, que la economía subirá como pedo de buzo y una inflación que comience con 0. Sin embargo, el modelo económico encabezado por el ministro de Economía, Luis Caputo, fracasó con las expectativas que el propio Ejecutivo planteó.
“El dato confirma que el proceso de desaceleración de la inflación se encuentra en una etapa de amesetamiento. Desde mayo, el índice viene oscilando en un rango estrecho entre el 1,7% y el 2,1% mensual, lo que muestra que la desinflación tocó un piso difícil de perforar bajo el esquema actual”, explica Anastasia Daicich, directora de la consultora Qualy, en diálogo con La Pluma Diario.
En esa línea, la economista observa que “la aceleración de precios se concentró sobre las últimas semanas de septiembre, dejando un elevado arrastre estadístico para octubre”, y que su seguimiento de precios de los primeros días del mes anticipa que la inflación del mes próximo “se ubicaría en línea con el dato de septiembre o incluso un par de décimas por encima”.
La estimación se puede explicar con tres subíndices dentro del informe que brindó el Indec el pasado martes: Núcleo, Regulados y Estacionales. “Desde mayo de 2026, la inflación Núcleo muestra cierta estabilidad en el rango 1,7% – 1,8%, dando un piso a la reducción del índice general, mientras que la variación de Regulados y de Estacionales son las que lo impulsan hacia arriba”, sostiene Daicich. De esa forma, explica el comportamiento del índice general como el juego de fuerzas contrapuestas en la estructura de precios.

“Los Regulados alcanzaron un 2,3%, ubicándose nuevamente por encima del nivel general, como ocurrió en seis de los últimos nueve meses. Esta variación se origina en los reajustes en tarifas de gas, electricidad y medicinas prepagas”, detalla la directora de Qualy, quien explica esta dinámica a través del “dilema de Tinbergen” que enfrenta el Gobierno: por la suba internacional del crudo, se debate si trasladar el costo energético a las tarifas o absorberlo mediante subsidios, lo que pone en riesgo el ajuste fiscal y el equilibrio.
Por último, los Estacionales crecieron un 2,9%, “siendo el principal impulso del mes por subas en verduras y frutas”. Sin embargo, Daicich explica que “la magnitud de la variación de los precios estacionales debería reducirse en noviembre y diciembre, si se repite el comportamiento de 2024 y 2025”. En esa línea, los datos confirman que “los gastos rígidos de los hogares en servicios y tarifas continúan absorbiendo una porción cada vez mayor del presupuesto familiar, empujados en buena medida por esta ineludible corrección fiscal”.
Y el Gobierno cuenta con un arsenal de argumentos para explicar el dato de inflación. Si sube es por la presión externa por la guerra en Medio Oriente, por el rezago y la recomposición de precios. Cuando en abril de este año el IPC dio 3,4%, para Milei fue un «salto por única vez en el nivel general de precios» y no un proceso inflacionario genuino. Cuando el IPIM (precios mayoristas) dio 0,8% en julio, el Presidente hizo una fiesta del número, argumentando que este dato era el que verdaderamente explicaba la inflación. Al mes siguiente ese número pasó a 2,1% y se hizo silencio.
Para Daicich, es necesario prestar atención a cuatro datos para evaluar la verdadera tendencia de la inflación más allá de los argumentos coyunturales. En primer lugar, la evolución de la inflación Núcleo, para ver si logra perforar la “resistencia que muestra en el rango del 1,7%-1,8% o si queda atascada en ese nivel”. En segundo lugar, menciona a “los precios mayoristas (IPIM) y su nivel de traslado a góndolas, vital hoy para medir la rentabilidad empresaria”. La economista asegura que, ante una demanda deprimida que actúa como tope, el rebote de los costos mayoristas traccionado por la energía no se traslada de forma directa a los precios finales (pass-through), sino que es absorbido en parte por las empresas a través de una reducción de la rentabilidad. “El IPIM se convierte así en el termómetro que anticipa la compresión de los márgenes en las empresas, especialmente en las PyMEs”, explica.

En tercer lugar, menciona al comportamiento del tipo de cambio y la brecha cambiaria “para evaluar la sostenibilidad del ancla nominal frente a la volatilidad externa y la mayor demanda de cobertura hacia fin de año”. Por último, la brecha de inflación entre la canasta oficial del INDEC de 2004 y la canasta actualizada ENGHo 2017/18, una polémica que el Gobierno arrastra desde enero.
“El IPC oficial medido con la Canasta de 2004 arrojó un 1,93%, mientras que con la Canasta ENGHo 2017/18 de nuestra medición el resultado fue de 1,96%, ubicando a la inflación al borde del 2,0%. Si observamos el recorrido de la actual gestión de gobierno, la brecha por aplicar la canasta actualizada ya alcanza los 16,2 puntos porcentuales por encima de la medición oficial. Asimismo, si esta modernización metodológica se hubiese aplicado efectivamente en enero de este año, la inflación acumulada de 2026 estaría 0,8 puntos por encima de lo que actualmente está midiendo el INDEC”, detalla.
De todas formas, Daicich sentencia: “En cualquier escenario, el dato central es que más del 87% de la inflación del mes obedeció a factores inerciales de origen estrictamente doméstico, como la indexación de contratos y los reajustes de servicios”. El Gobierno tiene cada vez menos argumentos para explicar la inflación.
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