El escándalo de los créditos hipotecarios del Banco Nación (BNA) a funcionarios del Gobierno y legisladores libertarios provocó fisuras en el discurso oficialista, que se jacta de pelear contra la casta y la figura del Estado.
En ese debate cayó el titular de Cancillería, Pablo Quirno, quien escribió en X: «No es plata del Estado. Abrazo». El diputado Esteban Paulón, de Provincias Unidas, le respondió: «El BNA puede activar líneas de crédito a menor tasa que el resto del mercado por ser «agente de pago» del Estado y por el monopolio que tiene para los depósitos y manejo del dinero del Estado. O sea, sí es plata del Estado».
Paulón fue quien presentó un pedido de informes para que el Ejecutivo explique las condiciones en que se otorgaron. Entre las consultas están si hubo exceso de límites, si hubo dictámenes técnicos desfavorables de áreas de riesgo y si existieron resoluciones excepcionales para su habilitación.
¿Es o no es?
El BNA sí es el principal agente financiero y de pago del Estado. De hecho, después de que abrieron el negocio de cuenta sueldo a las entidades privadas, el 95% de los clientes se quedaron en el Nación. Por lo que los préstamos que entregan se hacen apoyados en la estructura y el dinero que paga el Estado.
Ahora bien, para aquellos que no disponen de una Cuenta Sueldo en la entidad financiera la tasa nominal anual (TNA) es de 9%, mientras que para quienes sí la tienen está en 6%. El recorte en la tasa es un esfuerzo que realiza la entidad. En caso de que esas tasas las subsidie el Gobierno se puede hablar de que los funcionarios se están llevando dinero del Estado.
¿Son ilegales?
En términos legales, no hay nada que impida a un funcionario recibir un crédito, y para los montos que tomaron disponen de ese sueldo. Sin embargo, si la función publica termina para los libertarios y se quedan sin sueldo, el banco se queda con la hipoteca.
Pero surge otra inconsistencia, que radica en que el banco tiene cupos por línea, del cual un grupo de políticos gastó alrededor de $ 4.000 millones, lo cual no solo le quita la posibilidad a familias endeudadas para obtenerlo, sino que sugiere un aprovechamiento de sus derechos, una batalla moral que los libertarios pierden a cada paso.
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