“Sacamos a 14 millones de personas de la pobreza”. El presidente Javier Milei se encargó de replicar esta frase por lo menos 14 veces en lo que va del año, en España, en Colombia, en Perú, en Estados Unidos y, por supuesto, en Argentina. Ayer, el Indec reveló que en el primer semestre de 2026 la pobreza afectó a 15,5 millones de personas, luego de haber crecido al 32,3%. Se trata de un dato que inmediatamente derriba un relato oficial que ya pecaba de endeble.
Pero el número además alerta porque fue confeccionado por un organismo cuyo sistema de medición cuenta con una serie de lagunas metodológicas que no explican la realidad de los argentinos en la actualidad. En otras palabras, ni con un Indec desactualizado puede el Gobierno mostrar una mejora en la calidad de vida de las personas.
Los problemas con la medición del Indec
Según un informe de CEPA, existen “tres grandes reparos que afectan la comparabilidad y la precisión de los datos publicados”. A partir del cuarto trimestre de 2023, el Indec introdujo cambios metodológicos -que comenzaron a aplicarse a partir del cuarto trimestre de 2024- en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), por lo que ahora se captan con mayor precisión los ingresos no laborales con fuentes de ingreso que antes podían subestimarse o directamente no registrarse. Estas son la Tarjeta Alimentar, las pensiones no contributivas, el programa Progresar y otros programas de empleo.
Al incorporar ocho nuevas preguntas y no mencionar cómo afectan a la comparabilidad con series históricas, el Ejecutivo logró bajar la pobreza a través de un cambio metodológico y no a través de una mejora real en los hogares.
En esa línea, la consultora explicó que, en enero de 2024, el salario no registrado comenzó a moverse muy por encima de lo que indicaría su comportamiento histórico y rompió con una evolución en relación al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). Según su indicador, entre el tercer trimestre de 2023 y el tercer trimestre de 2025, “el aumento captado por el índice de salarios resulta 28,1% más elevado que el observado en la EPH”.
En paralelo, el Indec cuenta con canastas que provienen de la Encuesta de Gastos de Hogares (ENGHo) 1996/97, cuya inversa del coeficiente de Engel (CdE) deriva de la Encuesta de Gasto de Hogares 2004/5. En la teoría, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) -línea de indigencia- se construye con una cantidad de calorías que, se supone, son las calorías necesarias de un adulto para sobrevivir con el sesgo de los patrones de consumo. Luego, a partir de la CBA se determina la Canasta Básica Total (CBT), es decir, la línea de pobreza, y se diferencia a través de cuantos pesos de gastos no alimentarios gasta por cada peso de alimentos, un determinado segmento de la sociedad.
“De la encuesta 2004/5, surge que el 38,4% del gasto se destinaba a alimentos, mientras que el 61,6% restante se utilizaba para los rubros no alimentarios. Mensualmente, el INDEC releva el precio de cada uno de los componentes de esa canasta de alimentos determinada en 2004/5. Así, se determina todos los meses la CBA”, explica CEPA.
En este escenario, los patrones de consumo quedan distorsionados ya que no corresponden a la actualidad, en la cual los gastos no alimentarios, en particular los servicios y el transporte, son ponderados muy por debajo de su peso real. Entonces, al multiplicar la CBA por la inversa del coeficiente de Engel subestimado, el valor de la CBT queda artificialmente bajo. En consecuencia, hay más hogares cuyos ingresos no han crecido en términos reales que superan la línea de pobreza.

Según la consultora, “en la última medición del INDEC, la CBA representa el 45% de la CBT: muy por encima de la ENGHo 2004/5 (38,4%) y aún más por encima de la ENGHo 2016/7 (27%). La cuestión entonces gira en torno a si resulta o no representativo de los consumos de los hogares argentinos destinar el 45% de los gastos a alimentos y sólo 55% a gastos no alimentarios”.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA coincidió en la sobredimensión de la baja de la pobreza: “En el ejercicio de descomposición, entre 2022 y 2025 la pobreza disminuye 10,9 puntos porcentuales según la metodología oficial, pero solo 3,1 puntos cuando se integran los ajustes metodológicos; en la indigencia, la reducción pasa de 2,3 a 0,5 puntos”
En esa línea, sostuvo que “la conclusión es doble: existió una mejora efectiva, pero fue mucho menor que la que surge de la comparación directa de las tasas oficiales. Que la pobreza vuelva a aumentar incluso bajo la medición sin corregir constituye, por eso, una señal especialmente relevante”.
La pobreza, en tendencia ascendente
Según el ODSA, “el dato central no es solo el nivel semestral, sino el cambio de tendencia: la fase de fuerte reducción de la pobreza monetaria se agotó durante la segunda mitad de 2025 y fue reemplazada por un proceso de estancamiento y posterior aumento”.
El observatorio encontró en la caída de la actividad, el deterioro del empleo y el retroceso en los ingresos laborales factores que condicionaron la suba de la pobreza en el primer semestre del año.
CEPA sumó en esta lista a la inflación en alimentos, que en el primer semestre de 2026 registró un promedio mensual de 2,8%, mayor que las dinámicas observadas en los semestres de 2024 y 2025. En esa línea, la consultora observó un “promedio acotado en los dos primeros meses del segundo semestre del año, al promediar 1,8% tras alcanzar 2,0% en julio y 1,7% en agosto” y sostuvo que “una moderación sostenida en este rubro sensible podría traducirse en una contención o reducción de la tasa de incidencia de la indigencia y de la pobreza”.
Por otra parte, indicó que durante el primer semestre de 2026 se observó un incremento en el nivel de desocupación (7,9%), superando el 7,1% registrado en el semestre anterior y el 7,8% de la primera mitad de 2025.

Para ODSA, al dato del Indec impactó la menor capacidad protectora de las transferencias sociales. “La AUH, las jubilaciones y otras prestaciones continúan cumpliendo un papel central, pero su capacidad de compra se debilitó”.
En ese sentido, sostuvo que el 30% de pobreza no es un “piso natural”, sino “una expresión de déficits acumulados de integración laboral, productividad, educación, hábitat, acceso a servicios y protección social”. Y un dato alarmante que surge de sus simulaciones es que, al descontar del ingreso de los hogares la AUH, otros programas de transferencias y pensiones no contributivas, la indigencia prácticamente se duplica. Entonces, para evitar que la línea de pobreza extrema toque el 15%, el Gobierno hace uso de las políticas sociales que tanto denosta.
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