Se ha pasado por alto la revictimización obvia que implica que Gianinna vuelva a hablar de su padre. Pero no hay opción: nada de lo que fue dicho en el juicio del año pasado tiene validez. Hoy abre la ronda de testigos y hablarán al Tribunal, la hija de Maradona, un policía y el médico que firmó el acta de defunción.
El testimonio que ofreció Gianinna al Tribunal anterior fue desgarrador. Fue la última de las hijas mujeres de Maradona en hablar a los jueces, el 13 de mayo. Unos días después, se desató el escándalo por el documental de Julieta Makintach y el debate se anuló. Pero su declaración, además de emotiva, fue importante para el juicio que ahora vuelve a estar en curso.
En el juicio anulado, Gianinna apuntó al neurocirujano Leopoldo Luque, imputado; y a Matías Morla -representante de Maradona-, su hermana Vanesa -asistente de Morla- y a Maximiliano Pomargo -cuñado de Morla, marido de Vanesa y algo así como un «custodio» del futbolista. Ese trío era «el entorno» del futbolista, que no están acusados en este juicio. Una serie de audios y chats pusieron en el centro, por primera vez, al psicólogo Carlos Díaz.

Los audios y chats, que el año pasado fueron leídos ante los jueces, son para los fiscales Cosme Iribarren y Patricio Ferrari «la evidencia telefónica» que va a dar cuenta de «qué hacían o, mejor dicho, que no hacían» los imputados. La defensa de los acusados, en cambio, considera que «son recortes sacados de contextos». Fiscales y defensores sí coinciden en algo: el material es «antipático, desagradable».
Habrá que ver si esta vez, como el año pasado, Lucas Farías declara al Tribunal que lo primero que vio cuando entró en la habitación, es a Diego Maradona «boca arriba, con el abdomen muy inflamado, a punto de explotar». Y si Juan Carlos Pinto dice lo mismo que la última vez: que cuando bajó de la ambulancia e intentó reanimarlo con el desfibrilador, el corazón ya no tenía actividad eléctrica.
Farías es el policía que el mediodía del 25 de noviembre de 2020 fue el primero en llegar dado que prestaba servicio en el destacamento de Villa La Ñata, el más cercano al barrio cerrado San Andrés. Pinto era el médico de +Vida, la empresa de emergencias, que llegó en la ambulancia. En el juicio pasado Pinto dijo que Maradona «hacía rato que estaba muerto». Pero no pudo precisar cuánto tiempo. Arriesgó que “más de dos horas, seguro”.
Dar con la hora en la que falleció el futbolista es crucial porque determinaría cuál de los enfermeros estaba a cargo, entre otras cuestiones. Ricardo Almirón, del turno noche, dijo que antes de hacer el cambio de guardia con Gisella Madrid, observó -de lejos, porque Maradona se resistía a que lo atendieran- que estaba dormido y respiraba. Madrid, que será juzgada aparte, declaró en la etapa de instrucción que en su turno -la mañana- escuchó orinar a Diego.

Otro elemento clave es el estado en el que encontraron el cadáver. En la foto difundida en la primera audiencia del juicio anterior, el fiscal Ferrari exhibió una imagen y digo «así murió Maradona». La cara hinchada, los ojos hundidos y la panza inflada como un globo. Hay contrapuntos. Para los acusadores, Maradona venía arrastrando un cuadro que no fue atendido y derivó en una muerte. Para parte de la defensa, las maniobras de resucitación se extendieron por más de una hora y el ingreso de aire a un cuerpo incapaz de expulsarlo generó la expansión abdominal.
Este segundo juicio es un debate pericial y podría pensarse que arrancó «contaminado». Durante las 22 audiencias anteriores declararon 44 testigos, que o presenciaron las audiencias posteriores o leyeron en medios de comunicación qué se dijo en los debates. Esta vez hay 127 testigos en la lista, entre ellos los que ya dieron testimonio. Nada es del todo nuevo, pero todo está por verse.
VDM





