Cero. Esa es la cifra que va a quedar grabada. Cero conferencias de prensa en dos años y medio de gobierno. Es el dato fundacional de Javier Milei, el que va a sobrevivir junto a todos los demás.
Repaso, porque en el repaso está la historia.
Alfonsín estrenaba la democracia y eligió como vocero a José Ignacio López, el periodista que en 1979, todavía bajo la dictadura, le preguntó a Videla por los desaparecidos. Eso fue lo que conmovió al radical: la pregunta hecha en el peor momento. Magdalena Ruiz Guiñazú fue convocada a la Conadep. La relación tuvo sus zonas oscuras —en 1985 metió presas sin juicio a doce personas por sus dichos públicos—, pero existía el formato.
Casi todos los días había conferencia de prensa. La pregunta era el oxígeno de una república que aprendía a respirar.
Acá hay que hacer una distinción que importa. Menem, De la Rúa, Macri y Milei tuvieron algo en común que casi nunca se nombra: el establishment dueño de los grandes medios oficiaba de vocero encubierto. Criticaban las boludeces, estaban de acuerdo en lo central. La política pseudoliberal, la matriz económica, el mapa de la distribución del ingreso. Ninguno vino a tocar la estructura. Y por eso la prensa de poder, en el fondo, los acompañó.
Menem llegó al estudio de Bernardo Neustadt antes que a ningún otro lugar tras ganar en 1989. Después condujo Tiempo Nuevo cuando Neustadt estuvo enfermo y Neustadt le organizó la Plaza del Sí. Pero existía Mariano Grondona como contrapeso (ponele), que se fue del programa porque no soportó la genuflexión.
Durante el gobierno de Alfonsín casi todos los días había conferencia de prensa. La pregunta era el oxígeno de una república que aprendía a respirar.
Macri hizo conferencias en Olivos a agenda abierta —siempre en momentos de crisis cambiaria, nunca antes—. La conferencia existía como institución, aunque devaluada. Néstor y Cristina son otra historia. Y acá no se trata de justificar, se trata de entender. Después del incendio de 2001, cuando llegó un peronismo que no se proponía la revolución pero sí discutía pedazos de la matriz —las AFJP, YPF, la 125, los medios—, la prensa dejó de fingir ecuanimidad.
Julio Blanck, editor de Clarín durante décadas, lo confesó sin ruborizarse: “Hacíamos periodismo de guerra”. No fue una metáfora. Fue una declaración de doctrina. Néstor no dio una sola conferencia. Su vocero Miguel Núñez pasó a la historia como “el vocero mudo”. Cristina dio una en agosto de 2008, después del campo. En Georgetown tuvo que explicarles a estudiantes de afuera por qué no daba conferencias acá adentro. Alegó “la cadena del desánimo”. El periodismo era para ella la trinchera enemiga y los Kirchner asumieron que en una guerra no se le concede entrevista al adversario.
El periodismo era para CFK la trinchera enemiga y los Kirchner asumieron que en una guerra no se le concede entrevista al adversario.
A Alberto le dedicamos lo que merece: hizo conferencias en pandemia y después se disolvió en la sobreexposición y en la nada. Dos líneas sobran para su mandato.
Y llegamos a Milei. Llegamos a Javo.
Javo no es la continuación de nada. Javo es un corte. Un umbral.
No dio una conferencia en dos años y medio. A sus periodistas elegidos ya los conocemos: Majul concentra el 40% de las entrevistas, LN+ se queda con el 30% del total, después Viale, Trebucq, Fantino, Laje, Anello, José del Río.
Se destacan episodios como la entrevista de cinco horas con Fantino donde Alejandro se levantó a hacer pis y Javo siguió monologando y la interrupción de Santiago Caputo a Viale durante el escándalo $LIBRA, con el periodista asintiendo como alumno aplicado.
Pero lo nuevo no es eso. Eso es Menem 2.0. Periodismo cómplice, ya lo habíamos visto.
Lo nuevo es el insulto desde el atril. Sistemático. Casi diario. “Ensobrados”, “mandriles”, “basura humana”, “lacra inmunda”, “prostitutas de los políticos”.
Inventó un acrónimo, NOLSALP: No Odiamos Lo Suficiente A los Periodistas. Lo firma el Presidente de la Nación.
¿Datos? El Foro de Periodismo Argentino contabilizó 278 ataques a periodistas en 2025. Récord histórico desde que se mide. Ciento diecinueve los firmó el propio Javo. Casi la mitad de los ataques a la prensa argentina los firma el jefe de Estado.
Después está lo físico. Cerró la sala de prensa de Casa Rosada y les quitaron la huella digital a los acreditados. Cuando reabrió, vetó el ingreso a los cronistas de TN y El Trece pese a tener acreditación aprobada. A los que pasan les bloquean el Patio de las Palmeras. Funcionarios de la Casa Militar se paran delante de las puertas vidriadas para que ni siquiera lo veamos caminar.
Y Javo afirma: “Nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión”.
Acá pasó algo y todavía no sé si tomamos dimensión. Alfonsín discutía con la prensa. Menem la cooptaba. Néstor y Cristina la enfrentaban. Macri convivía con un sistema que era el suyo. Cada uno, peor o mejor, asumía que el periodista era un actor del sistema democrático. Una pieza incómoda, pero pieza al fin. Milei no. Javo decidió que el periodista no debe existir. Que el periodismo es una casta más a destruir. Que el insulto desde el atril es comunicación política. Que el bloqueo físico es seguridad. Que llamarnos prostitutas es libertad de expresión.
Javo decidió que el periodista no debe existir. Que el periodismo es una casta más a destruir.
Y acá no estamos hablando solo de periodismo. Estamos hablando de política con mayúscula. Estamos hablando del desmoronamiento de la calidad de la democracia en Argentina.
Porque lo que pasa con la prensa es lo que pasa con todo lo demás. Los jueces de la Corte que el Presidente intentó nombrar por decreto como si fuera trámite administrativo. El Congreso al que se le pasa por encima con DNU tras DNU sin que nadie pegue el grito en serio. La oposición que protesta dos días y al tercero negocia. Los gobernadores que rascan su pedacito mientras la matriz democrática se descascara. La causa Adorni que se desliza hacia el freezer judicial mientras los medios amigos arman la teoría de la operación. Todo encaja. Todo se acomoda. Todo termina pareciendo normal.
Javo dijo NOLSALP y se rió. No Odiamos Lo Suficiente A los Periodistas. Démosle vuelta a la sigla. Démosle nuestra propia vuelta de tuerca. NOLSALP: No Oponemos Lo Suficiente A La Patota.
Porque sí: son una patota. Con tropa propia. El Gordo Dan y su ejército de cuentas anónimas con acceso permanente a Casa Rosada. Las Fuerzas del Cielo coordinadas por Santiago Caputo desde adentro del Estado. Denuncias penales como represalia. Escraches a opositores. Un hermano y una hermana del Presidente repartiéndose el negocio familiar. Un vocero ascendido a jefe de Gabinete acumulando propiedades no declaradas. Un Presidente que insulta desde el atril y festeja cuando los suyos pegan más fuerte.
Eso es una patota. No es estilo. Es organización. Esa es nuestra deuda. Cada vez que un periodista es insultado y el sistema entero ronronea como si fuera normal. Cada vez que se nombran jueces por decreto y la oposición arruga. Cada vez que un escándalo de corrupción se diluye en un meme. Cada vez que la palabra “casta” anestesia la crítica. Cada vez que el silencio convalida.
Estamos viendo cómo se normaliza la antidemocracia. En cámara lenta. En vivo. Sin que nadie pegue el grito necesario.
No sé si esto se desarma. Lo que sé es que cruzamos un umbral. Después de Javo, cualquier presidente que venga —del color que sea— ya sabe que se puede gobernar sin contestar una sola pregunta, nombrar jueces por decreto, vaciar el Congreso e insultar al adversario desde el atril y que el sistema entero asienta.
Y eso, queridos, es lo más caro que vamos a pagar.
NP/SC






