El faltazo de Victoria Villarruel a la vigilia en Río Grande dejó en segundo plano una de las tensiones más importantes que se registraron en el último aniversario por la recuperación de las Islas Malvinas. La vicepresidenta se bajó de la visita para no cruzarse con el gobernador Axel Kicillof y eligió mostrarse en Chivilcoy, con el intendente y excomisario Guillermo Britos. En tierra austral el bonaerense aprovechó el convite que le hizo su par fueguino, el anfitrión Gustavo Melella y se fundió en un abrazo con el riojano Ricardo Quintela, otro de los invitados. La convocatoria fue amplia e incluyó a distintos sectores del peronismo. También estuvo la intendenta de Quilmes en uso de licencia, Mayra Mendoza. Pero ni la conmemoración alcanzó para que ella y Kicillof se muestren juntos.
Hubo dos momentos en la jornada de conmemoración por los 44 años de la guerra. La vigilia de Río Grande y el acto en Ushuaia, donde el intendente Walter Vuoto juega de local como uno de los jefes comunales que responden a La Cámpora. En ese territorio Mendoza no estuvo como visitante, sino como una de las invitadas especiales. «Ella fue para mostrarse como referente nacional de La Cámpora y pisarle los talones a Axel, por eso no hubo foto. Pero ninguno de los dos quiso», contó a La Pluma un dirigente del peronismo que pudo apreciar en segunda fila el frío que se dedicaron el gobernador bonaerense y la quilmeña.
Mendoza pausó su rol como intendenta y ocupa una banca en la Cámara baja provincial, donde la negociación entre La Cámpora y el Movimiento Derecho el Futuro siempre es tensa y sólo se ordena un poco cuando el espanto de sucumbir ante la oposición les recuerda que todo puede ser peor.

“La causa Malvinas está por encima de cualquier diferencia política”, dijo Vuoto en Ushuaia. Los invitados al acto escucharon imperturbables. En la primera fila estaban Kicillof, Quintela, Melella y una parte importante del gabinete bonaerense: el ministro de Gobierno Carlos Bianco, su par de Seguridad, Javier Alonso, y el jefe de la cartera de Trabajo, Walter Correa. Por el bloque de diputados nacionales de Unión por la Patria estaban la exministra Victoria Tolosa Paz y Cecilia Moreau, una de las figuras más importantes del Frente Renovador. Mayra estaba atrás, en tercera fila, siempre saludó sentada y evitó la foto de familia.
La quilmeña presidirá el PJ de su distrito por cuatro años más y asoma como la dirigente del camporismo que buscará suceder a Kicillof en las elecciones de 2027. Según pudo reconstruir La Pluma, algunos dirigentes esperaban que los dos sectores en pugna iban a aprovechar el momento de Malvinas para mostrar unidad. «Al menos la foto, ya sabemos que está todo delicado, pero era un buen momento para intentarlo», conto a La Pluma uno de los asistentes que viajaron desde Buenos Aires.
El clima no es el mejor en el peronismo provincial, pero no es tan denso como a principios de año. Finalmente las elecciones internas del partido no terminaron en una ruptura, sino en un pacto de unidad para que Kicillof sucediera a Máximo Kirchner en la conducción. La negociación no llegó a 16 distritos donde sí hubo comicios: en 10 ganó el MDF y en seis se impusieron los candidatos de La Cámpora. Cada estructura jugó con fuerza en los distritos donde se abrieron las urnas partidarias, no sólo para juntar votos y consolidar voluntades, sino también para definir a los protagonistas de la campaña. Para el MDF fue un precalentamiento de la campaña que prepara para el año que viene y para La Cámpora una nueva etapa, con el reclamo de liberación de Cristina como requisito excluyente.

«Si ni se cruzan cada 24 de marzo, menos se iban a abrazar en Ushuaia», cortó un funcionario bonaerense para restarle importancia. Los 50 años del golpe y la masiva marcha de hace dos semanas ya había demostrado que la interna va más allá de las urnas. Kicillof protagonizó un acto en la Plaza de los Dos Congresos, organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo y La Cámpora hizo su marcha anual desde la exESMA hasta Plaza de Mayo, aunque este año hubo una escala adicional en San José 1111. La dos veces presidenta saludó desde su departamento, donde cumple prisión domiciliaria y La Cámpora hizo una demostración de fuerza que no pasó inadvertida.
A once cuadras Kicillof bramó que ella estaba injustamente detenida y reclamó su libertad, pero la agenda del bonaerense está enfocada en combinar la gestión, sin que explote por la crisis y construir su candidatura presidencial, sin anticiparse para evitar un desgaste innecesario. En esa tensión, la situación de Cristina es un examen permanente de equilibrismo para el bonaerense, entre un kirchnerismo que le exige alineamiento automático y el desafío de llegar a los desencantados del peronismo, incluso a aquellos que no quieren a la dos veces presidenta y aborrecen a Milei.
En la provincia el escenario no está para subirle el precio a la interna. Cuando las tribus en pugna estuvieron al borde de la ruptura total el peronismo provincial sobrevino un temor unificador: que la gestión de Kicillof se fragilice más por el ahogamiento que le impone la administración nacional. Tanto cristinistas como axelistas saben que la Casa Rosada ha buscado durante estos dos años dejar afuera a Buenos Aires de la distribución de coparticipación y reducir todo lo posible los aportes discrecionales. El pacto, le susurraron al gobernador bonaerense, es unir a distintos gobernadores aliados para que reciban los fondos que la Nación le niega a la mayor provincia del país.
Después de los gestos y las tensiones del 24 de marzo, la coyuntura pegó un giro repentino con el fallo de segunda instancia de la justicia neoyorkina que le evitó a la Argentina pagar 16.000 millones de dolares por la nacionalización de YPF. La estatización de la mayoría accionaria se concretó cuando Kicillof era ministro de Economía de CFK. Milei buscó adjudicarse el resultado y dijo que tenía que ir a Estados Unidos a arreglar «las cagadas» que había dejado Kicillof, pero después esgrimió como propios los mismos argumentos que había utilizado el kirchnerismo. La furia no le alcanzó al libertario para salir del deterioro que le provoca el escándalo de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, pero dejó claro que su enemigo preferido es Kicillof, a quien avizoran desde el año pasado como el oponente electoral directo para el año que viene.
En el peronismo provincial saben que Milei podría aumentar el ahogamiento en la medida que se acerque el año electoral. Quizás por eso las críticas internas a la gestión de Kicillof no se multiplican como antes y los dardos que se cruzan pasan por los alineamientos para el año que viene. Si esa línea vuelve a ser cruzada de ahora en adelante, será un termómetro que confirmará el recrudecimiento de una interna que, a partir de ahora, no le conviene a nadie que escale.
CM






