Argentina tuvo la posibilidad de incorporarse a los BRICS y decidió no hacerlo. La invitación había sido aprobada durante la cumbre del bloque realizada en Sudáfrica en 2023 y contemplaba el ingreso del país a partir de enero de 2024. Sin embargo, el gobierno de Javier Milei comunicó en ese entonces que no avanzaría con la incorporación como parte de su política exterior.
La decisión vuelve a quedar bajo la lupa porque los BRICS acaban de dar un nuevo paso para ampliar el comercio en monedas locales y reducir la necesidad de utilizar al dólar como intermediario. Durante la cumbre realizada en Nueva Delhi el pasado 12 y 13 de septiembre, los países miembros acordaron profundizar el trabajo sobre sistemas de pagos transfronterizos y liquidaciones comerciales en sus propias monedas.

No se trata de que el dólar vaya a desaparecer ni de la creación inmediata de una moneda común del bloque. El proyecto apunta a conectar sistemas de pago, facilitar operaciones entre monedas nacionales y generar alternativas para que una transacción internacional no tenga que pasar necesariamente por el dólar o por determinadas infraestructuras financieras occidentales. La declaración de Nueva Delhi plantea avanzar en esa interoperabilidad y reconoce que no existe una solución única para todos los países.
La oportunidad que Argentina dejó pasar
El dato adquiere especial relevancia para Argentina por la composición de su comercio exterior. En 2023, antes de la llegada de Milei, el Banco Central había señalado que los países BRICS representaban aproximadamente 29% de las exportaciones argentinas y 43% de las importaciones. La propia entidad destacaba entonces que los miembros del bloque promovían el uso de monedas nacionales para sus intercambios comerciales.
Argentina, además, ya contaba con una experiencia concreta. El Sistema de Pagos en Moneda Local permite realizar determinadas operaciones comerciales con Brasil, Uruguay y Paraguay utilizando las monedas de los países involucrados, sin que cada transacción deba utilizar al dólar como moneda intermediaria. El mecanismo muestra que la idea de reducir la utilización del billete estadounidense en el comercio no era una posibilidad puramente teórica.

El nuevo paso dado por los BRICS lleva esa discusión a una escala mucho mayor. El bloque trabaja sobre la interoperabilidad de canales de pago y sistemas de mensajería financiera, al mismo tiempo que analiza mecanismos para ampliar las liquidaciones de comercio e inversiones en monedas locales. La declaración aprobada en Nueva Delhi encargó al Grupo de Trabajo de Pagos continuar con la búsqueda de soluciones rápidas, de bajo costo, accesibles, eficientes, transparentes y seguras.
La iniciativa también tiene una dimensión geopolítica. Según El Debate, los BRICS avanzan en pagos con monedas locales, sistemas alternativos a SWIFT y nuevos instrumentos financieros con el objetivo de reducir su exposición a eventuales sanciones occidentales. El dólar continúa teniendo una posición dominante —concentraba alrededor del 57% de las reservas internacionales mundiales, según el dato citado por ese medio—, por lo que el proceso no implica un reemplazo inmediato del billete estadounidense.
La diferencia es importante: los BRICS no están construyendo necesariamente un mundo sin dólares, sino uno en el que sus países tengan más opciones para comerciar sin necesitarlos en cada operación. Esa distinción permite entender por qué la discusión puede ser relevante para Argentina, un país que históricamente enfrenta restricciones de divisas y necesita ampliar sus exportaciones para generar dólares.
Un sistema que todavía está en construcción
El proyecto tampoco debe presentarse como una herramienta ya terminada. La declaración de Nueva Delhi funciona, por ahora, como una hoja de ruta. Los países miembros acordaron continuar estudiando cómo conectar sus sistemas de pagos y cómo facilitar el uso de monedas locales, pero todavía deben resolver cuestiones técnicas, financieras y regulatorias antes de que esas alternativas puedan utilizarse de manera masiva.
Uno de los proyectos que aparece en esta discusión es BRICS Pay, una iniciativa orientada a facilitar pagos transfronterizos y conectar infraestructuras financieras de los países participantes. Reuters señaló después de la cumbre que los miembros también avanzan en la interoperabilidad de monedas digitales emitidas por bancos centrales y en una mayor utilización de monedas nacionales para el comercio.
El objetivo tiene una consecuencia económica concreta. Si dos países pueden liquidar una operación utilizando sus propias monedas, pueden reducir conversiones y pasos intermedios. Eso puede significar menores costos de transacción y menos dependencia de bancos corresponsales y de una moneda de referencia, aunque el resultado final dependerá de la liquidez disponible, los tipos de cambio y el funcionamiento de cada sistema.
Para Argentina, el punto central es que Brasil y China forman parte de ese universo. Brasil es uno de los principales socios comerciales del país y China ocupa también un lugar central en el intercambio bilateral. En otras palabras, la discusión sobre las monedas locales no involucra únicamente a economías lejanas, sino que incluye a dos de los mercados más importantes para las empresas argentinas.
Además, los BRICS tienen hoy un peso económico considerablemente mayor al que tenían cuando Argentina recibió la invitación. El bloque reúne a más del 40% de la población mundial y cerca de una cuarta parte del producto bruto global, según datos recopilados por Reuters. También cuenta con el Nuevo Banco de Desarrollo, creado para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo en economías emergentes.
La decisión argentina, por lo tanto, no impidió que el comercio con Brasil, China u otros países del bloque continuara. Tampoco significa que pertenecer a los BRICS hubiera eliminado la necesidad de utilizar dólares. Pero sí dejó a Argentina fuera de una mesa en la que actualmente se discuten herramientas para facilitar el comercio utilizando monedas nacionales y reducir determinados costos asociados al sistema financiero internacional.

La paradoja aparece cuando se observa la necesidad argentina de divisas. El Gobierno de Milei hizo de la acumulación de reservas y de la generación de dólares uno de los ejes centrales de su política económica. Al mismo tiempo, el país necesita aumentar sus exportaciones y reducir las restricciones que históricamente genera la escasez de moneda extranjera.
En ese contexto, contar con más alternativas para comerciar no significa abandonar el dólar, más bien disponer de otra herramienta. Una Argentina integrada a ese proceso podría haber participado de las discusiones, negociado mecanismos bilaterales y evaluado qué operaciones convenía canalizar en monedas locales y cuáles continuar realizando en dólares.
La decisión de Milei fue política y estuvo vinculada con su orientación internacional. El Gobierno argumentó su negativa a ingresar a los BRICS desde una definición de alineamiento con determinados países y socios estratégicos. Pero mientras el Presidente eligió permanecer afuera, el bloque siguió avanzando. Argentina, que necesita ampliar mercados y administrar una economía permanentemente condicionada por la disponibilidad de divisas, decidió no formar parte de ese proceso.
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