El ajuste económico tiene una cuenta que no siempre aparece en las estadísticas fiscales: la que acumulan los hogares. Un informe sobre el endeudamiento de las familias muestra como millones de argentinos recurrieron al crédito después de haber perdido ingresos y consumido parte de sus ahorros.
La secuencia es el eje de un trabajo elaborado por MATE, el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, a partir de microdatos de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), información salarial del INDEC y ANSES, estadísticas financieras y balances empresariales. El estudio la resume en cuatro etapas: primero cayó el ingreso, después se agotó el ahorro, luego creció la deuda y finalmente llegó la mora.
El punto de partida está en los ingresos. Tomando noviembre de 2023 como 100, el salario privado registrado llegó a ubicarse en 86 puntos en marzo de 2024, mientras que las jubilaciones descendieron hasta 61. Dos años después, según MATE, ninguno de los dos ingresos había regresado al nivel de partida. El deterioro inicial, por lo tanto, no fue un fenómeno aislado de los primeros meses de la gestión, sino el comienzo de un proceso que posteriormente se trasladó a las finanzas familiares.

Del salario al ahorro
Cuando el ingreso corriente dejó de alcanzar, los hogares tuvieron una primera alternativa: utilizar el dinero que habían acumulado. El informe registra una fuerte reducción en la cantidad de personas con plazos fijos, que pasó de 4,8 millones a 2,6 millones.
El dato no implica que todo ese dinero haya sido destinado directamente al consumo. Pero, en el contexto de caída de los ingresos, el desahorro aparece como una de las formas utilizadas por las familias para amortiguar el impacto sobre sus gastos. El problema es que el ahorro funciona como un colchón, pero tiene un límite. Una vez que ese respaldo se reduce, la siguiente herramienta disponible es el crédito.
Y allí aparece el dato que permite dimensionar el fenómeno: 20,9 millones de personas tienen actualmente créditos de consumo en Argentina y 5,9 millones no los están pagando. La proporción de deudores en mora llegó al 28%, cuando dos años atrás era aproximadamente la mitad. Además, 2,4 millones de personas tienen deudas en mora por un monto inferior a un salario mínimo.
El fenómeno no se limita al sistema bancario tradicional. La Central de Deudores del BCRA incluye préstamos personales, tarjetas y financiamiento otorgado por bancos, emisoras de tarjetas, proveedores no financieros de crédito y plataformas de crédito entre particulares.

El crédito como salvavidas y como trampa
La expansión del financiamiento permitió que muchas familias continuaran consumiendo aun cuando sus ingresos no recuperaban completamente el terreno perdido. Pero esa solución tiene un costo: cuanto más difícil resulta acceder al crédito bancario tradicional, mayor puede ser la dependencia de alternativas más caras.
Los datos oficiales también muestran el crecimiento de los proveedores no financieros de crédito. Según el BCRA, en febrero de 2026 había 6,9 millones de personas con financiamiento de este tipo, un 6,8% más que seis meses antes. En ese segmento, la irregularidad alcanzaba al 26,9% de la cartera, con una mora particularmente elevada en los préstamos personales, del 34,1%.
El deterioro también aparece en el sistema financiero tradicional. El BCRA informó que la mora de las financiaciones a las familias llegó al 12,8% en mayo y se mantuvo en ese nivel en junio. En paralelo, el organismo señaló que el crédito al sector privado continuó creciendo en términos reales, aunque con una irregularidad todavía elevada. Así, el crédito cumple una doble función. Por un lado, permite sostener el consumo cuando el salario no alcanza. Por otro, agrega una obligación mensual a hogares que ya tienen una capacidad de pago deteriorada.
Una deuda que se vuelve bola de nieve
El informe de MATE muestra que el problema no necesariamente comienza con grandes préstamos. Muchas historias de sobreendeudamiento arrancan con una deuda pequeña y, con el paso de los meses, incorporan nuevos prestamistas.
La investigación identifica 1,6 millones de personas cuya primera mora se produjo entre julio de 2025 y marzo de 2026 y que habían pasado al menos 12 meses sin registrar mora. En los casos analizados, la deuda puede comenzar con una obligación relativamente pequeña y luego multiplicarse a medida que se incorporan nuevos créditos.
La situación es particularmente grave entre los jóvenes. El deterioro de los ingresos y las dificultades para acceder a empleos estables se combinan con una creciente utilización de instrumentos financieros digitales. Para quienes no tienen acceso al crédito bancario tradicional, las billeteras virtuales y las plataformas de financiamiento se transformaron en una vía rápida para conseguir dinero, pero también en una puerta de entrada a nuevas obligaciones.
Mercado Libre ocupa un lugar central en esta transformación. Según el informe, la cantidad de personas con deudas con la compañía pasó de 3 millones a 6,5 millones en dos años. La empresa se convirtió así en un actor relevante del mercado de crédito al consumo, mientras aumentaba también la cantidad de usuarios que no podían cumplir con sus pagos.
El resultado es una paradoja: una mayor disponibilidad de crédito puede ser presentada como una señal de inclusión financiera, pero si ese financiamiento se utiliza para compensar ingresos insuficientes, también puede convertirse en un mecanismo que posterga el problema y lo hace más costoso.
La otra cuenta del ajuste
La discusión sobre el programa económico de Milei suele concentrarse en variables como inflación, déficit fiscal, reservas, emisión o riesgo país. El endeudamiento de los hogares permite observar el mismo proceso desde otro lugar: el de las cuentas familiares.
El recorrido que reconstruye MATE resulta significativo porque establece un orden temporal. No fue primero la deuda y después la caída de los ingresos. Fue al revés. Primero se deterioró la capacidad de compra; después se utilizaron los ahorros y, cuando ese margen se agotó, apareció el crédito. Finalmente, para millones de personas llegó la mora.
El BCRA, por su parte, confirma que la morosidad de las familias se encuentra en niveles elevados, aunque también destaca que el sistema financiero mantiene una importante cobertura frente al riesgo crediticio. Es decir, el problema no implica necesariamente una amenaza inmediata para la estabilidad de los bancos.
Pero que el sistema financiero pueda absorber las pérdidas no significa que el costo desaparezca. La deuda permanece en las familias. Para los hogares, el ajuste puede no terminar cuando baja la inflación o cuando las cuentas públicas alcanzan el equilibrio. Puede continuar durante meses o años en forma de cuotas, préstamos, tarjetas y atrasos.
La foto del endeudamiento muestra, entonces, una dimensión distinta de la economía argentina bajo Milei: cuando el salario no alcanza, primero se gasta el ahorro y después se pide prestado. Y cuando el crédito también se agota, aparece la mora.
RM/EO










