Santiago Caputo volvió a colocar la disputa por el Islam en el centro de la batalla cultural libertaria. El mega asesor presidencial vinculó la recuperación de las Islas Malvinas con una supuesta amenaza religiosa sobre el Reino Unido y advirtió por los riesgos geopolíticos que, según su interpretación, implicaría para Occidente la presencia de un Estado islámico en el Atlántico Sur. El presidente Javier Milei replicó la publicación y amplificó el planteo.
“Ver al Reino Unido siendo colonizado por el Islam no sólo es un riesgo inminente para la causa de Occidente todo sino que es una tragedia en términos históricos para quienes defendemos las ideas de la libertad”, escribió Caputo en sus redes sociales. Luego sostuvo que la Argentina debe proyectarse con firmeza hacia el Atlántico Sur y recuperar el archipiélago. “Recuperar Malvinas no es una causa solamente nacional. Es una causa de Occidente”, concluyó.

El asesor acompañó el mensaje con un video de Sagal Abdi-Wali, diputada del Partido Laborista británico, mientras juraba en la Cámara de los Comunes con la mano sobre el Corán, el libro sagrado del Islam. A partir de esa imagen, Caputo afirmó que “Occidente no puede permitirse la injerencia de un Estado islámico” en una región que consideró estratégica para las próximas décadas, sin aportar datos que respalden la existencia de una amenaza de esas características.
La intervención se produjo mientras la Argentina busca frenar la explotación petrolera británica en aguas próximas a Malvinas. El Gobierno recurrió al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para solicitar medidas que detengan el proyecto Sea Lion y las actividades vinculadas con la exploración de hidrocarburos. En ese contexto, Caputo incorporó al reclamo de soberanía una dimensión ideológica y religiosa que excede los argumentos históricos, diplomáticos y jurídicos de la posición argentina.

Las declaraciones también reactivaron una disputa que atraviesa a La Libertad Avanza desde hace al menos dos años: las diferencias entre el entorno de Caputo y dirigentes vinculados a la familia Menem sobre los mensajes contra el Islam. El enfrentamiento volvió a quedar expuesto la semana pasada, cuando el Centro Islámico de la República Argentina presentó una denuncia penal contra Daniel Parisini-«El Gordo Dan»- uno de los principales referentes digitales del espacio cercano al asesor presidencial.
La presentación cuestionó una imagen difundida que asociaba al Islam con una lista de delitos y prácticas violentas, entre ellos violaciones, decapitaciones, esclavitud, pedofilia y mutilación genital femenina. El Centro Islámico invocó el artículo 3 de la Ley 23.592, referido a la propaganda basada en la superioridad de un grupo religioso y a la incitación a la persecución o al odio, aunque dejó la calificación definitiva en manos de la Justicia.
La entidad rechazó que se atribuyan conductas delictivas al conjunto de una comunidad religiosa y advirtió sobre el riesgo de promover estigmatización y discriminación. “Los delitos los cometen las personas, no las creencias religiosas”, señaló en un comunicado.
Parisini respondió con un descargo en el que acusó al Centro Islámico de intentar censurarlo, aseguró estar dispuesto a ir preso y reivindicó la denominada batalla cultural de Occidente contra el Islam. El 7 de octubre, Milei replicó su publicación con dos palabras: “TOMAR NOTA”. El gesto fue interpretado como un respaldo al influencer y al sector de Caputo, pese a que el mensaje de Parisini también contenía críticas dirigidas indirectamente a sectores del propio Gobierno.

La controversia trascendió las fronteras argentinas el 8 de octubre, cuando Sarah B. Rogers, subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública de Estados Unidos, respaldó al Presidente y sostuvo en X que los podcasters no deberían ser encarcelados por memes. La intervención de la funcionaria de la administración de Donald Trump convirtió el episodio en un nuevo capítulo internacional de la disputa por los límites de la libertad de expresión y los discursos contra las comunidades religiosas.
El cruce tiene un antecedente directo en junio de 2025, cuando Lucas Luna, conocido como “Sagaz”, colaborador cercano a Caputo y director de Intercargo, publicó: “No odiamos lo suficiente al Islam”. La frase provocó una reacción inmediata de Sharif Menem, dirigente de La Libertad Avanza y cercano a Martín Menem, quien le respondió: “Borrá esto, pelotudo”.
La discusión escaló cuando Menem cuestionó la asociación entre religión y terrorismo. “No hay que confundir terrorismo con religión”, planteó, y calificó la publicación como «una estupidez». Caputo, en cambio, profundizó el enfrentamiento con una frase que dejó en evidencia la distancia entre ambos sectores: “El que te proponga diferenciar islam de terrorismo es el traidor”.

Desde entonces, las expresiones de referentes digitales próximos al asesor presidencial y las respuestas de dirigentes vinculados a los Menem expusieron una diferencia que excede las publicaciones en redes sociales. En el oficialismo conviven posiciones enfrentadas sobre la forma de abordar el Islam y sobre el alcance de la batalla cultural que promueve una parte de la militancia libertaria.
Con su nuevo mensaje sobre Malvinas, Caputo trasladó esa disputa al terreno de la política exterior y la soberanía nacional. La recuperación de las islas quedó presentada como parte de una confrontación más amplia entre Occidente y el Islam, mientras Milei volvió a respaldar públicamente a su asesor.
AL/CM









