El 29 de abril no será una fecha más en el calendario legislativo. Ese día, Manuel Adorni llegará a la Cámara de Diputados para presentar su informe de gestión en medio de un escenario adverso: quedó imputado formalmente por presuntas dádivas y enriquecimiento ilícito, la oposición ya prepara preguntas sobre su patrimonio, sus viajes y las causas judiciales, y Javier Milei anunció que lo acompañará en el recinto, en un gesto político inusual que anticipa una sesión de alto voltaje y revela la intención de sostener a su jefe de Gabinete como sea. Para que llegue ese momento todavía faltan cuatro semanas. Toda una eternidad para los tiempos agitados de la crisis que protagoniza Adorni.
La confrontación que se avecina es una síntesis de un mes en el que el Gobierno volvió a perder el control de la agenda parlamentaria. Marzo dejó un contraste marcado con el envión de febrero —cuando el oficialismo logró avances como la Reforma Laboral y el Régimen Juvenil Penal— y con el discurso de apertura de sesiones, en el que Milei prometió el envío de unas 90 leyes. A casi un mes de aquel anuncio, la mayoría de esas iniciativas todavía ni ingresaron al Congreso.
Una agenda que no arrancó
El inicio de marzo mostró rápidamente los límites del plan oficial. El Ejecutivo no envió los proyectos prometidos y, en paralelo, el ministro de Economía, Luis Caputo, enfrió una de las reformas centrales, como la tributaria. En lugar de avanzar con un esquema integral, anticipó que optaría por reducciones selectivas de impuestos, en función del superávit fiscal.
El cambio de rumbo no fue aislado. Tras la aprobación de la reforma laboral, los gobernadores fijaron un límite y comenzaron a condicionar su apoyo en otros temas sensibles, especialmente en lo referido a Ganancias y los fondos coparticipables. Ese reordenamiento político impactó de lleno en la hoja de ruta del Gobierno.
En ese contexto, el jefe de Gabinete había anunciado un paquete de leyes centrado en el endurecimiento del Código Penal, la propiedad privada y la reforma a la Ley de Glaciares. Pero esa agenda tampoco se terminó de materializar. Algunas iniciativas no ingresaron, o quedaron reformuladas antes de llegar al Congreso, mientras que otras están sembrando dudas entre los aliados que LLA necesita.

Glaciares: el proyecto clave que se empantanó
El caso más evidente de esa dificultad para avanzar es la reforma de la Ley de Glaciares. El proyecto, que el oficialismo logró aprobar con rapidez en el Senado, encontró un escenario mucho más complejo en Diputados.
Para evitar una judicialización que pudiera frenar la norma, el Gobierno aceptó habilitar audiencias públicas. Pero el proceso terminó generando más problemas que soluciones. Más de 100.000 personas se inscribieron para participar, aunque solo unas 200 pudieron exponer, mientras que el resto quedó limitado a enviar videos o presentaciones escritas.
Las dos jornadas dejaron un saldo adverso para el oficialismo. Hubo impugnaciones, cuestionamientos al procedimiento, advertencias sobre posibles nulidades y un rechazo mayoritario al contenido del proyecto. A eso se sumaron fallas técnicas en la modalidad virtual, con cortes de transmisión, interrupciones y exposiciones que debieron repetirse.
El impacto ya se siente en el plano político. En Diputados empezaron a circular dudas sobre el respaldo de algunos aliados, y el cronograma original —que apuntaba a un tratamiento rápido— comenzó a diluirse. La necesidad de convocar a gobernadores y revisar el dictamen refleja un cambio de ritmo en una iniciativa que el Gobierno consideraba prioritaria.
El trasfondo económico también atraviesa la discusión. La reforma está directamente vinculada al desarrollo de proyectos mineros que el Ejecutivo busca impulsar, en línea con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). No es casual que el debate haya coincidido con la participación de funcionarios en la “Argentina Week” en Canadá, un evento clave para atraer inversiones en el sector. Ese mismo viaje, además, quedó bajo la lupa por el uso del avión presidencial y derivó en el escándalo que hoy involucra a Adorni.
Desorden político y proyectos fuera de libreto
En medio de esa falta de avances, el Gobierno abrió un frente inesperado: la reforma electoral. Sin estar incluida en el paquete anunciado oficialmente, la Casa Rosada empezó a impulsar la eliminación o modificación de las PASO y otros cambios en el sistema, como la profundización de la Boleta Única de Papel.
El movimiento generó ruido inmediato. No solo por el timing —en un contexto económico y político adverso— sino también por la falta de consensos. Según pudo saber La Pluma, aliados como el PRO y sectores del radicalismo ya le advirtieron al oficialismo que una reforma de ese tipo requiere mayor discusión, tiempo y una propuesta integral, no solo la eliminación del mecanismo vigente.
La discusión dejó en evidencia una dinámica desordenada: mientras el Gobierno anunciaba una agenda legislativa, avanzaba en paralelo con iniciativas que no formaban parte de ese esquema y sin la articulación política necesaria para sostenerlas.

$LIBRA y Adorni, los escándalos que preocupan a Milei
Sobre el final de marzo el Gobierno intentó reactivar la agenda. El 26 envió al Congreso el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y una nueva versión de la denominada “Ley Hojarasca”. Sin embargo, ninguno de los dos tiene por ahora una fecha concreta de tratamiento y el foco legislativo sigue puesto en la discusión por glaciares.
En paralelo, el oficialismo sí logró consolidar posiciones en comisiones clave y bloquear iniciativas de la oposición, como el intento de avanzar con la comisión investigadora por la criptomoneda $LIBRA. Pero ese control institucional no se tradujo en capacidad para impulsar su propia agenda.
Con ese horizonte, el Congreso empieza a correrse de su rol habitual como espacio de tratamiento de leyes y se convierte en el lugar donde se ordena la crisis política del Gobierno. El informe de gestión del 29 de abril aparece, así, como el próximo punto de inflexión.
Adorni tendrá que responder no solo por la marcha del Gobierno, sino también por las denuncias que lo involucran. Y lo hará en un recinto donde las preguntas ya empezaron a escribirse.
JD/CM






