Cada vez que Lionel Messi sale a la cancha con la selección argentina en Estados Unidos, los reflectores apuntan al campeón del mundo. Pero en Arlington, Texas, donde la Albiceleste disputó su partido contra Austria y donde volvió a presentarse y a ganar este sábado ante Jordania, hay otro protagonista: un estadio construido sobre una de las leyendas más curiosas del deporte norteamericano.
La historia comenzó mucho antes de que el astro argentino pisara suelo texano. Durante décadas, los Dallas Cowboys, equipo de fútbol americano, jugaron en el Texas Stadium. El estadio se hizo famoso por una particularidad arquitectónica: tenía un enorme agujero en el techo justo sobre el campo de juego.
La explicación oficial era simple. Cuando la obra fue diseñado a fines de los años sesenta, la idea original contemplaba un techo completamente retráctil. Sin embargo, los ingenieros se encontraron con dos obstáculos difíciles de resolver: el peso que debía soportar la estructura y el costo que implicaba el sistema mecánico necesario para abrir y cerrar los paneles.

Ante esas limitaciones, el arquitecto optó por una solución intermedia. El estadio tendría una gran apertura permanente sobre la cancha, mientras que los más de 65.000 espectadores permanecerían protegidos de la lluvia y del intenso sol.
La decisión generó críticas desde el primer día. Inaugurado en 1971, el Texas Stadium provocaba problemas de visibilidad debido a la luz del sol que ingresaba directamente sobre el campo, generando fuertes contrastes y sombras tanto para los jugadores como para las transmisiones televisivas. Pero lo que parecía un error de diseño terminó convirtiéndose en un símbolo.
La frase que creó una leyenda
Frente a las burlas y cuestionamientos, el histórico jugador de los Dallas Cowboys D.D. Lewis encontró la respuesta perfecta. «El estadio tiene un agujero en el techo para que Dios pueda ver jugar a su equipo favorito», dijo ante la prensa.
La frase era una broma, pero terminó transformándose en uno de los lemas más recordados de la NFL.
La ocurrencia coincidió con la época dorada de los Cowboys. Durante los años setenta, el equipo dominó la liga y consolidó su apodo de «America’s Team» («El equipo de América»), una marca que aún hoy identifica a la franquicia. Con el tiempo, el agujero en el techo dejó de ser un defecto arquitectónico para convertirse en parte de la identidad del club.

Del viejo Texas Stadium al moderno hogar de los Cowboys
Los Cowboys jugaron bajo ese famoso techo abierto entre 1971 y 2008. Dos años después, el estadio fue demolido y parecía que la tradición llegaba a su fin. Sin embargo, el dueño del equipo, Jerry Jones, decidió preservar el legado cuando impulsó la construcción del actual AT&T Stadium, inaugurado en 2009.
Aunque la nueva cancha cuenta con tecnología de última generación y un techo retráctil completamente funcional, mantiene un guiño a su antecesor: cuando el techo se abre, reproduce la misma forma geométrica que tenía la apertura de la anterior.
De esa manera, la leyenda creada por D.D. Lewis sigue viva. Y cada vez que una estrella mundial pisa el césped del estadio -incluido el capitán de la Selección- vuelve a resonar la vieja broma que convirtió una limitación de ingeniería en uno de los mitos más famosos del deporte estadounidense.
Anoche, el mejor jugador del mundo volvió a brillar en el mismo escenario. Donde la leyenda asegura que Dios no se pierde ni un solo detalle desde su palco en el cielo.
RM/SC






