«¿La estamos pasando bien? Más o menos, es muy heterogéneo. Hay empresas que la están pasando mal, hay empresas que han cerrado, se han perdido puestos de trabajo. ¿Pero saben qué? Si ese es el precio que tenemos pagar los argentinos para transformar nuestro país, vale la pena«. Así evaluó el modelo libertario Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, el día en que las pymes marcharon a la Casa Rosada para reclamar un cambio de rumbo.
«Las transformaciones significan sacrificios y dolor», recalcó en su discurso de seis minutos en el Consejo de América (Council of the Americas). Sumó que desde las empresas «no se puede dejar que todo lo haga el Gobierno».
El sábado Grinman debió dar precisiones tras el escándalo que se armó dentro de la propia base de la CAC, a donde pertenecen muchas de esas 30 mil empresas que ya no están y muchas miles más que saben que pronto pasarán a compartir la misma suerte. «Es la realidad en la que estamos», sostuvo. «Hay que recordar de dónde venimos: décadas de fracasos, frustraciones, desastres y decadencias sin encontrarle la solución. Hemos hecho todas las cosas mal», afirmó tras volver a defender el rumbo económico del gobierno de Milei. Consideró que el proceso requiere tiempo y sostuvo que «si ahora hay que tener un poco de paciencia y aceptar daños colaterales para transformarnos en un país normal, vale la pena».
Desde que asumió la presidencia Javier Milei cerraron 30.633 compañías y fueron despedidos 411.613 trabajadores registrados. Una cifra que continuará al alza, de acuerdo a todas las proyecciones. Las cámaras que representan a pequeñas y medianas empresas buscaron visibilizar la situación del sector productivo y advertir sobre el impacto que tiene el cierre de empresas, la caída de la actividad y las dificultades de las pymes para sostener sus niveles de producción y rentabilidad. Además, reclaman que se trate en el Congreso el proyecto de Ley de Emergencia PyME, impulsado por la Asociación de Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC). «Entendemos y compartimos la preocupación porque representa una realidad que las PyMEs vivimos todos los días. Es necesario que la situación del sector productivo sea escuchada y que se generen respuestas concretas», señaló a la prensa el presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato.
Esa misma jornada en que Grinman dio declaraciones poco felices y marcharon las pymes coincidió también con la movilización de la Confederación General del Trabajo, junto a las dos CTA, la UTEP y distintas organizaciones sociales hacia el Ministerio de Economía. Este reclamo consistió en reclamar respuesta para las más de 5 millones de familias morosas.

Esta situación fue atendida por el propio mandatario, quien no dudó en lavarse las manos. «No hay elementos para culpar a la política del gobierno por lo que está pasando en términos de morosidad», aseguró. «¿Saben qué hicieron muchos? Iban a cadenas de electrodomésticos y se llevaron televisores para el Mundial y después veían si pagaban o no», sostuvo. «La mitad dejó de pagar, esa morosidad está en el 50%. ¿Ustedes creen que no sabían lo que estaban haciendo?«, aseguró.
Resulta curioso que tan precaria haya sido la respuesta del Presidente después de haberse mantenido diez días encerrado en la Quinta presidencial sin ver la luz del sol. Principalmente porque carece de evidencia empírica: ¿por qué esta mora no se vio en los mundiales anteriores? ¿por qué arrancó en el segundo semestre de 2024, un año antes de que arranque el torneo de fútbol? Quizás porque los gobiernos previos se ocuparon de regular a los buitres de los créditos y no les dieron rienda suelta a los dueños de las billeteras virtuales. Quizás porque ahora esos Marcos Galperin son militantes fanáticos y por eso Milei defiende su usura, además de que les mantiene los subsidios.
Quizás el problema sea más profundo y tenga que ver con un modelo que pisa los salarios, por lo que obliga a los trabajadores y jubilados a endeudarse para comer. Quizás el Presidente no sea capaz de verlo, pero sí quienes lo rodean. Por eso los aplausos a rabiar sólo se escucharon en la primera fila de las últimas exposiciones del jefe de Estado, mientras que hubo silencios y sillas vacías en el resto de los auditorios.
Quizás esta extremización del mandatario no le haga un favor a su imagen, que no para de caer. Quizás alguien le avise al rey que insultar a sus propios votantes que hoy no pueden devolver los créditos no resulte en la mejor estrategia cuando los comicios de 2027 se encuentran a la vuelta de la esquina. Quizás. Quizás.









