La fuerte caída de los activos argentinos durante las últimas semanas enciende las alarmas y genera gran incertidumbre a nivel local e internacional. El riesgo país es una de las señales de peligro más claras. El indicador superó los 600 puntos básicos después de haber estado cerca de los 400 puntos a mediados de año. Este martes se ubicaba en 609 puntos, después de alcanzar los 642 a comienzo de la semana, y alcanzó una suba mensual del 19%. En paralelo, el Merval acumulaba una caída de 8,3% en pesos y de 9,7% medido en dólares durante septiembre.
El movimiento no fue exclusivamente argentino. Las mayores tasas internacionales elevaron el costo de oportunidad para los inversores y golpearon especialmente a los activos emergentes de mayor riesgo. De hecho, desde Bloomberg Línea señalaron que la suba de los rendimientos de los bonos estadounidenses fue el principal disparador de la presión reciente sobre la deuda argentina. Pero también se identificaron factores domésticos: menor ritmo de acumulación de reservas, señales más débiles de actividad económica y una posición más defensiva de los inversores frente al horizonte electoral de 2027.
El mercado mira los dólares que vienen
Durante los primeros ocho meses del año, el Banco Central acumuló compras por más de US$ 14.100 millones. Ese proceso fue uno de los elementos que acompañaron la recuperación de los activos argentinos. Pero en septiembre el ritmo se desaceleró y el mercado comenzó a preguntarse si la autoridad monetaria podrá mantener la acumulación de reservas necesaria para afrontar las obligaciones futuras.
Según lo trascendido, el programa contempla unos US$ 4.900 millones de compras del Tesoro al BCRA y alrededor de US$ 4.000 millones vinculados a vencimientos de Bopreales, además de una emisión de aproximadamente US$ 5.000 millones en Bonares.
El problema aparece cuando se cruzan esas necesidades con un riesgo país que volvió a la zona de 600 puntos. A mayor riesgo país, mayor rendimiento debe ofrecer la Argentina para conseguir financiamiento. Las gráficas muestran una tasa interna de retorno de 10,6% para el AL30, de 12,6% para el AL35 y de 12,9% para el AE38. En los bonos Globales, el GD35 ofrece una TIR cercana al 10,9%.

¿La caída de bonos puede terminar en una corrida?
El vínculo existe, pero no es automático. Una caída de bonos puede reflejar que los inversores extranjeros abandonan posiciones argentinas y buscan refugio en activos considerados más seguros. Si ese movimiento se profundiza, podría aumentar la demanda de dólares y presionar sobre el mercado cambiario.
Pero para hablar de una corrida cambiaria debería observarse una aceleración mucho mayor de la demanda de divisas, acompañada por una pérdida de confianza en la capacidad del Banco Central para responder. Por ahora, algunos indicadores muestran que esa situación todavía no se produjo.
En estos momentos, el dólar mayorista opera en torno a $ 1.524, el oficial en $ 1.545, el MEP en $ 1.548 y el contado con liquidación en $ 1.619. Las brechas entre estas cotizaciones continúan siendo relativamente reducidas. En los futuros, el contrato para octubre se ubica cerca de $ 1.550, mientras que el futuro para agosto de 2027 ronda los $ 1.864.
La señal de alerta está en otro lugar: la demanda de dólares de los argentinos. El balance cambiario de agosto mostró una Formación de Activos Externos de US$ 2.677 millones. De acuerdo con Infobae, la cuenta financiera registró un déficit de US$ 1.056 millones y la compra de divisas por parte de residentes volvió a tener un peso significativo.
Por eso, el escenario que preocupa es que una mayor incertidumbre termine incentivando una dolarización creciente de las carteras y que, eventualmente, esa demanda se encuentre con una oferta insuficiente de divisas.

El Gobierno tiene herramientas, pero el mercado discute su alcance
Javier Milei planteó que el Gobierno cuenta con distintas herramientas para enfrentar una eventual presión cambiaria. Entre ellas mencionó la posición de futuros de dólar, los swaps, las compras de divisas, la balanza comercial y los eventuales ingresos de inversiones.
El Presidente afirmó que la posición en futuros permitiría retirar pesos de circulación ante una eventual presión sobre el tipo de cambio. Sin embargo, existen dudas sobre el alcance de esa herramienta: la cifra de US$ 15.000 millones mencionada por Milei contrasta con un límite de intervención de US$ 9.000 millones establecido en el mercado de futuros. Además, los contratos de futuros se liquidan en pesos y no implican necesariamente la disponibilidad de esos dólares físicos para intervenir directamente en el mercado.
El factor político entra cada vez más en los precios
El otro elemento que explica la caída de los activos argentinos es que los inversores comenzaron a mirar más allá de los resultados fiscales actuales y a incorporar el escenario político de 2027. Durante agosto los inversores adoptaron una estrategia más defensiva frente al horizonte electoral y comenzaron a rotar desde deuda soberana hacia instrumentos corporativos y provinciales.
La actividad económica también agrega incertidumbre. El EMAE registró una caída mensual desestacionalizada de 2,9% en julio, un dato que reforzó las dudas sobre la fortaleza de la recuperación durante la segunda mitad del año.
Así, el mercado está mirando simultáneamente tres variables: reservas, financiamiento y política.
Si el Gobierno consigue acelerar la acumulación de reservas, mantener el equilibrio fiscal y garantizar los dólares necesarios para 2027, el riesgo país podría volver a comprimirse. Si, en cambio, se mantiene la presión sobre los bonos, se dificulta el acceso al crédito y las compras privadas de dólares continúan elevadas, la tensión financiera podría trasladarse con mayor intensidad al mercado cambiario.
Por ahora, el escenario es de estrés financiero y mayor dolarización preventiva, no de corrida cambiaria.
El problema para el Gobierno es que, aun con rebotes puntuales, el mercado está exigiendo una prima de riesgo considerablemente mayor que hace apenas unos meses. Varios de los principales ADR argentinos acumulan fuertes bajas durante septiembre, entre ellos Galicia, BBVA y Pampa Energía.
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