La industria textil no logra levantar cabeza y recomponerse y la crisis que atraviesa el sector es cada vez más preocupante. La cadena de valor acumula más de dos años y medio consecutivos de caída de la actividad y, lejos de mostrar una recuperación sostenida, durante 2026 profundizó su retroceso en producción, utilización de la capacidad instalada, inversión y empleo.
De acuerdo con el último informe de Fundación Pro Tejer sobre la coyuntura de la cadena de valor textil e indumentaria, la producción textil cayó 22,6% interanual entre enero y julio y se ubicó 33,9% por debajo del mismo período de 2023. Solo en julio, el retroceso fue del 13% frente al mismo mes del año pasado y del 33,8% en comparación con julio de 2023.
El deterioro es todavía más marcado cuando se observa el resto de la cadena. El segmento de prendas de vestir, cuero y calzado registró una baja de 15,9% interanual en julio y acumula una caída de 14,4% en los primeros siete meses del año. Dentro de ese universo, el calzado aparece como uno de los sectores más afectados, con un desplome de 26,5% interanual en julio y de 45,2% frente a 2023.
El escenario contrasta con la expectativa de una recuperación de la actividad industrial. Según el INDEC, la industria manufacturera acumuló una caída de 2,6% en los primeros siete meses de 2026, mientras que productos textiles se ubicó entre las ramas con mayores retrocesos.

Fábricas trabajando a menos de la mitad
Uno de los datos más contundentes aparece al observar cuánto de la capacidad productiva permanece efectivamente en funcionamiento. En julio, la utilización de la capacidad instalada del sector textil fue de apenas 45,3%, casi 18 puntos porcentuales menos que tres años atrás. Pero el dato más significativo aparece en el acumulado semestral: la utilización promedio fue de apenas 40%, el nivel más bajo para ese período en toda la serie histórica, con la excepción del año de la pandemia.
En otras palabras, más de seis de cada diez máquinas textiles permanecen paradas. Cabe resaltar que la propia cadena atravesó entre 2021 y 2023 un fuerte ciclo de inversiones en maquinaria y modernización tecnológica. Esos desembolsos ahora conviven con una utilización extremadamente baja de las plantas, dificultando la absorción de los costos fijos.
Menos ingresos y menos consumo
El informe vincula la contracción de la actividad con la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro del mercado laboral. En julio, el salario registrado privado cayó 3% interanual y 9% frente a 2023, mientras que el salario registrado público retrocedió 2% interanual y 25% en relación con aquel año. La pérdida es todavía mayor en el salario mínimo, que cayó 12% interanual en agosto y 44% frente a 2023. El haber mínimo jubilatorio con bono, por su parte, retrocedió 5% interanual y 10% respecto de 2023.
Con una mayor proporción de los ingresos familiares destinada a alimentos, servicios básicos, transporte, alquileres, educación y salud, la indumentaria y los textiles para el hogar quedan relegados dentro del presupuesto de los hogares.
El impacto aparece también en los canales de venta. Entre enero y julio de 2026, las ventas reales en shoppings cayeron 11,7% interanual y 29,5% respecto de 2023. En supermercados, el retroceso fue de 7% interanual y 15,8% frente a 2023.

Importaciones récord de ropa terminada
A la debilidad del mercado interno se suma otro factor que golpea directamente a la producción local: el cambio en el esquema comercial y el fuerte crecimiento de las importaciones de productos terminados.
Según el informe, históricamente el mercado textil argentino se abastecía en partes iguales entre producción nacional e importaciones. Hoy en día, las importaciones explican cerca del 70% del mercado. El documento vincula esta transformación con la apertura comercial, la desregulación de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real.
El dato más significativo es que la caída de las importaciones totales no implica un menor ingreso de productos terminados. Entre enero y agosto de 2026 ingresaron 201.867 toneladas de productos textiles e indumentaria por US$ 1.039 millones, con una baja de 21% en cantidades y de 7% en dólares. Así, mientras las importaciones de materias primas, hilados y tejidos se desplomaron, las de productos finales alcanzaron niveles récord.
Las importaciones de indumentaria crecieron 55% en toneladas, el máximo histórico, y 30% en dólares. Las confecciones para el hogar, como sábanas y toallas, aumentaron 22% en toneladas, también un récord, y 6% en dólares.
Freno la inversión
El deterioro también empieza a comprometer la capacidad futura de la cadena. Entre 2021 y 2024, el sector había invertido más de US$ 782 millones en bienes de capital, con un pico de US$ 250 millones en 2022.
Pero esa dinámica se revirtió. En 2025, la importación de bienes de capital para el sector cayó a US$ 131 millones y, entre enero y agosto de 2026, se redujo a apenas US$ 41 millones, 53% menos que un año atrás y 72% por debajo del mismo período de 2023. Si el ritmo se mantiene, el año podría terminar con apenas US$ 62 millones de inversión en bienes de capital, una de las cifras más bajas de la serie.

Crece el desempleo
La consecuencia más concreta aparece en el mercado laboral. Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, la cadena textil, indumentaria y calzado perdió 28.322 puestos de trabajo registrados, una caída del 23,4%, según el informe. La cifra representa aproximadamente un tercio de los 86.711 empleos industriales registrados que se perdieron durante el mismo período.
También se redujo fuertemente la cantidad de empresas. Desde que asumió Milei hasta junio de 2026 cerraron 1.042 establecimientos vinculados a la cadena textil, indumentaria, cuero y calzado, una caída del 17%. El número representa casi una cuarta parte de los 4.300 establecimientos industriales que dejaron de funcionar en el conjunto de la industria manufacturera. En promedio cerraron más de una empresa del sector por día.
RM/EO










