La industria textil atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos años y así lo hacen notar los empresarios del sector y los propios números disponibles a septiembre. Tal es el nivel del deterioro que dejó de ser solamente una caída coyuntural de la producción: también golpea al empleo, las empresas y la inversión. Un claro ejemplo es Armando Anasal, uno de los dueños de Will Der SA, al que se lo escuchó llorando al momento de dar la triste noticia a sus empleados de que debía cerrar la compañía.
En cuanto a los datos, en el primer semestre de 2026, la actividad textil se contrajo 24,4% interanual, muy por encima del retroceso de 2,2% registrado por el conjunto de la industria manufacturera. En junio, la baja fue de 15,9% interanual.
El escenario es todavía más preocupante cuando se amplía la comparación. La producción textil de junio quedó 32,7% por debajo del nivel de igual mes de 2023, mientras que en el acumulado enero-junio la caída alcanza 34% frente a ese año. En el segmento de prendas de vestir, cuero y calzado, la contracción acumulada llega al 14,1% interanual y al 22% respecto de 2023.
Más de la mitad de las máquinas paradas
El derrumbe de la actividad tiene un correlato directo en las fábricas. En junio, la utilización de la capacidad instalada textil fue de apenas 46,6%, frente al 59,1% del promedio industrial. Es decir, más de la mitad de la capacidad productiva permanece ociosa. El dato también muestra un deterioro de largo plazo: durante 2023 el sector se movía en niveles de utilización de entre 50% y 60%, mientras que desde 2024 pasó a operar mayoritariamente por debajo de ese rango.
El problema no es solamente cuánto producen las fábricas, sino cuánto pueden sostenerse con sus estructuras actuales. La caída de la demanda, los costos fijos y la menor escala de producción reducen los márgenes y dificultan la continuidad de empresas que realizaron fuertes inversiones durante los años anteriores.
De hecho, entre 2020 y 2025 la cadena textil e indumentaria había atravesado un importante proceso de modernización, con más de US$ 782 millones destinados a bienes de capital. En 2023 se habían invertido US$ 215 millones, la segunda cifra más elevada de la última década. Pero esa tendencia se quebró: en 2025 la inversión cayó a US$ 131 millones, 39% menos que en 2023.
En los primeros siete meses del año, las importaciones de maquinaria textil alcanzaron apenas US$ 70 millones, 27,5% menos que en igual período de 2025. Con fábricas trabajando por debajo de la mitad de su capacidad, las empresas también están postergando decisiones para ampliar o modernizar su producción.

El otro lado de la apertura importadora
La política económica del Gobierno de Javier Milei suma presión sobre un sector particularmente sensible a la competencia externa. La apertura comercial, combinada con un mercado interno debilitado y un tipo de cambio que durante buena parte del período favoreció la importación, modificó rápidamente la composición de la oferta disponible.
Según los datos sectoriales de la Fundación Pro Tejer, la cadena pasó de un mercado abastecido aproximadamente en partes iguales entre producción nacional e importaciones a otro en el que los productos importados explican cerca del 70% del consumo.
El fenómeno tiene además una característica particular: mientras caen las importaciones de materias primas, hilados y tejidos -una consecuencia de la menor producción local-, aumentan los ingresos de productos terminados. En enero-julio de 2026, las importaciones de indumentaria crecieron 62% en toneladas y 36% en dólares, alcanzando un máximo histórico en volumen. Las confecciones para el hogar también marcaron un récord, con una suba de 26% en toneladas.

El consumo tampoco ayuda
La apertura comercial se produce además sobre un mercado interno debilitado. Los ingresos reales siguen por debajo de los niveles de 2023: el salario registrado privado cayó 5% frente a ese año, el salario público 20% y el salario mínimo 40%, según los datos recopilados por Pro Tejer.
Con menos ingreso disponible y una mayor participación de gastos esenciales -alimentos, servicios, transporte, alquileres y salud-, la indumentaria queda relegada dentro del presupuesto familiar.
Los números de ventas reflejan esa situación. Entre enero y junio de 2026, las ventas reales en shoppings cayeron 12,3% interanual y 28,1% respecto de 2023. En supermercados, la baja fue de 7,2% interanual y 15,2% frente a 2023.
El costo social de la crisis
La consecuencia más visible aparece en el mercado laboral. Desde diciembre de 2023 hasta mayo de 2026, la cadena textil, de confección, cuero y calzado perdió 26.851 puestos de trabajo registrados. La cifra representa el 32% de los 83.761 empleos industriales destruidos en ese período.
También se achica el entramado empresario. Entre textiles y confecciones se contabilizaron 750 establecimientos menos desde diciembre de 2023, equivalente a unos 30 cierres por mes durante más de dos años.
Un caso reciente permite ponerle nombre y cara a esas estadísticas. Will Der SA, una empresa con décadas de trayectoria y plantas en General Pacheco y Las Flores, cerró sus instalaciones y dejó a más de 120 trabajadores sin empleo. La compañía había producido indumentaria deportiva para marcas internacionales como Adidas, Puma, Lacoste, Fila y Salomon.
Durante el cierre, uno de sus socios, Armando Anasal, rompió en llanto frente a los trabajadores y resumió el impacto personal de la decisión: “Son 50 años tirados a la basura porque no pude llegar a nada”.
El caso de Will Der no explica por sí solo la crisis, pero funciona como una fotografía de un proceso mucho más amplio: empresas que pierden escala, fábricas que trabajan con capacidad ociosa, inversiones que se frenan y trabajadores que quedan afuera.
El Gobierno puede exhibir una economía más estable en algunas variables macroeconómicas, pero el sector textil muestra el otro lado del ajuste: la estabilización no se está traduciendo todavía en recuperación productiva. Y mientras las importaciones de bienes terminados ganan espacio, la industria local enfrenta el riesgo de llegar a una eventual recuperación de la demanda con menos empresas, menos trabajadores y menor capacidad productiva.
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