Cuando en diciembre de 2021 murió Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz, toda Sudáfrica se movilizó para despedirlo. A los 90 años, el hombre que fue símbolo de la lucha contra el apartheid y la defensa de los derechos humanos en ese país era despedido con un funeral de Estado. Sus restos yacían en un pequeño féretro de pino. Fue un símbolo orquestado por él mismo antes de su muerte, quería una despedida sencilla y acorde a su lucha en defensa del ambiente. Había dejado un segundo pedido: que sus restos sean cremados, pero no con fuego sino con agua.
“Aquamación”, así le llaman a esta nueva forma de cremación que comienza a utilizarse en Europa, América, Oceanía y África; y sobre la que algunos países ya están a legislando porque es más beneficioso para el ambiente, consume hasta ocho veces menos energía que la cremación convencional porque prescinde de la combustión que genera el fuego.
Semanas atrás, Escocia se convirtió en el primer país del Reino Unido en legalizar la hidrólisis y se sumó a Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Irlanda y Sudáfrica que ya pusieron en práctica el “funeral verde” por que reduce el impacto ambiental. Usa sustancias alcalinas y reduce las emisiones de gases tóxicos en un 35% y el uso de energía en un 90%. Hay otros países como Bélgica o Gales que están debatiendo esta nueva forma de cremación.

En Bélgica, por ejemplo, se está empezando a tratar a nivel político y, mientras tanto, se práctica con los cuerpos de personas que en vida decidieron donar sus restos a la investigación científica. Un crematorio de Wilrijk, en Amberes, trabaja en un proyecto piloto para convertir en cenizas los restos de las personas. Para eso, hizo convenios con universidades que utilizan los cadáveres para realizar estudios académicos.
Hervir hasta el polvo: cómo es el proceso
“Para algunos el agua es un camino más suave que las llamas”, dicen desde Funerarias Online, un sitio web de Perú dedicado a las despedidas terrenales en el que hay notas, por ejemplo, sobre los inconvenientes de aspirar cenizas, los trámites de repatriación de un cuerpo o sobre los ataúdes de equipos de fútbol. Allí, explican cómo es el proceso: “Licuan todos los restos, excepto los huesos, los cuales se secan en un horno y se reducen a un polvo blanco”.
El cuerpo se introduce en un tanque de metal presurizado aproximadamente cuatro horas con una mezcla de agua y alguna sustancia alcalina, que en general es el hidróxido de potasio. Luego, se eleva la temperatura del agua hasta los 150 grados. El líquido que se desprende contiene aminoácidos, sales y otros compuestos orgánicos que, después de un tratamiento, permiten una eliminación controlada. Todo el cuerpo se descompone, excepto los huesos que son convertidos en cenizas en un horno.

Otra de las diferencias con la cremación tradicional es que la aquamación produce más cenizas. Según la Cremation Association of North America (CANA), “el proceso produce aproximadamente un 32% más de restos cremados que la cremación con llama y puede requerir una urna más grande”. Pero es más económico que una cremación tradicional. En los Estados Unidos el servicio ronda los USD 3.500 (incluye la urna biodegradable).
El germen del funeral verde fue en la década del 90, cuando se empezó a usar la aquamación para eliminar los restos de los animales que eran usados en experimentos o en casos excepcionales como fue la crisis por la enfermedad de “las vacas locas” en Reino Unido, cuando se deshacían de los vacunos a través de este método.
También se usó con animales en Japón y en el 2010 se hizo más común en Estados Unidos, donde algunos veterinarios comenzaron a usarla y luego se extendió a las funerarias. En Singapur, por ejemplo, existen empresas que se dedican exclusivamente a la aquamación de mascotas. Es el caso de “The Green Mortician”. Su dueño, Yang Loo, le explicó a la agencia EFE que “a mucha gente no le gusta la idea del fuego, es deprimente” y por eso recurren a este método y organizan también “un pequeño funeral para las mascotas”.
Florida, Estados Unidos, fue uno de los primeros lugares en promocionar el funeral verde en el 2011 con el plus de cuidar el ambiente. En su sitio web, la empresa especializada Bio-Response Solutions sostiene que “utiliza un 90% menos de energía que la cremación con llama y no emite ningún gas de efecto invernadero perjudicial”. La «cremación con agua», igual consume: entre 300 y 450 litros por cadáver. Unas tres bañeras tamaño estándar completas.
En Argentina, la aquamación no está legalizada ni tampoco es un tema de debate público. Un relevamiento de La Pluma con distintas funerarias da cuenta de que no es una opción viable por el momento ni que se proyecto a corto o mediano plazo. “No es algo que se sepa y tenga difusión. La gente tampoco consulta como es el método de cremación ya que se sabe que es con fuego”, indicaron ante la consulta de si es un sistema requerido.
Mismo ritual, distintas opciones de ataúdes
Lo que sí está cambiando son las formas del sepelio y las formas de comunicarlo a través del marketing. Hay funerarias que ofrecen ataúdes con materiales que no son tan contaminantes como el cartón, bambú o mimbre. Son alternativas que se ofrecen sobre todo en Europa, donde un féretro convencional cuesta entre 500 y 3.500 euros, mientras que alternativas de cartón arrancan en torno a 100 euros.
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En Chile ya se empezó a comercializar el ataúd de mimbre, la empresa Petra busca salir de la estandarización de las ceremonias y ofrece una caja de mimbre tejido. “En Chile la norma sanitaria exige que se fabrique una estructura de latón y que esté revestido. En general, se reviste con los maderas. Nosotras quisimos presentar una alternativa y materialidad distinta y vimos en el mimbre una opción interesante. En Inglaterra son muy comunes”, dijo a La Pluma Sofía Aldea, una de las fundadoras de la funeraria.
CDB/VDM






