La Iglesia ya no habla solamente desde el púlpito. En tiempos de redes sociales, festivales y música electrónica, miles de jóvenes redescubren la espiritualidad desde nuevos lenguajes. El impulso de Francisco y la irrupción del sacerdote portugués Guilherme Peixoto, DJs muestran una transformación inédita.
Durante años se instaló una idea que parecía indiscutible: los jóvenes se alejaban de la Iglesia. La fe católica aparecía como una tradición envejecida, incapaz de dialogar con una generación criada entre pantallas, redes sociales y nuevas formas de vivir el mundo.
Sin embargo, en los últimos años comenzó a emerger otro fenómeno. Miles de jóvenes vuelven a acercarse a la experiencia religiosa, aunque no lo hacen desde los formatos tradicionales. Lo hacen desde una espiritualidad atravesada por la música, la emoción, el encuentro y la necesidad de sentirse parte.
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Ese cambio tiene un rostro ineludible: el del papa Francisco. Esta noche en Plaza de Mayo, y a casi un año de la muerte de Mario Bergoglio, habrá una fiesta en su homenaje. Una fiesta distinta: toca Guilherme Peixoto, el cura portugués que, avalado por Francisco, musicalizó Jornada Mundial de la Juventud de 2023, en Lisboa. Es gratis y al aire libre. Esperan una multitud.
La juventud como protagonista
Desde el inicio de su pontificado, Francisco impulsó una “Iglesia en salida”, menos preocupada por señalar errores y más interesada en escuchar, acompañar y construir puentes. Para millones de jóvenes, su figura representó algo distinto a lo que habían conocido: un líder que dejó de mirar a la juventud con desconfianza y empezó a verla como protagonista.
Francisco dejó de mirar a la juventud con desconfianza y empezó a verla como protagonista.
“No balconeen la vida”, les dijo alguna vez. La frase se volvió una síntesis de su mensaje. No era solamente una invitación a involucrarse en la sociedad, sino también a vivir la fe desde la experiencia, desde el compromiso y desde la realidad cotidiana.
Ese mensaje encontró un aliado inesperado: la música electrónica.
Durante décadas, el universo de las raves, los beats y las pistas de baile fue visto como algo ajeno incluso opuesto a la religión. Pero hoy esa frontera comienza a diluirse. La escena más impactante ocurrió durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2023, en Lisboa, cuando el sacerdote portugués y DJ Guilherme Peixoto hizo sonar música techno frente a más de un millón de jóvenes horas antes de la misa final encabezada por Francisco.

La imagen parecía imposible algunos años atrás: miles de peregrinos bailando, levantando las manos y cantando mientras la música mezclaba bases electrónicas con fragmentos religiosos, oraciones y mensajes de esperanza.
Lejos de ser una contradicción, para muchos jóvenes esa escena expresó una síntesis perfecta de esta nueva época: la fe seguía estando allí, pero hablaba otro idioma.
Francisco comprendió algo que muchas instituciones todavía no terminan de asumir: los jóvenes no rechazan necesariamente la espiritualidad. Lo que rechazan son los lenguajes rígidos, solemnes y lejanos. Buscan experiencias auténticas, espacios donde puedan emocionarse, sentirse parte y compartir con otros.
Por eso el apoyo del Papa a estas nuevas formas de evangelización resultó tan importante.
El mensaje implícito de Francisco era claro: la Iglesia no debía tener miedo de hablar el lenguaje de los jóvenes, incluso si ese lenguaje eran las redes sociales, los festivales o la música electrónica. Así como en otras épocas el catolicismo habló a través del latín, de los vitrales, de la música clásica o de las procesiones, hoy necesita encontrar nuevas formas de transmitir el mismo mensaje.
Para Francisco, el problema nunca fue el lenguaje de los jóvenes, sino una Iglesia incapaz de escucharlo. Por eso la presencia del sacerdote DJ Guilherme Peixoto en Lisboa no fue una excentricidad, sino una señal: la fe puede seguir siendo la misma, aunque cambie la manera de expresarla.
Durante la Jornada Mundial de la Juventud, Francisco avaló la participación de Guilherme Peixoto y de otros proyectos destinados a acercar la religión al universo juvenil. La música electrónica dejó de ser vista como un enemigo cultural y pasó a convertirse en un puente.
La música electrónica dejó de ser vista como un enemigo cultural y pasó a convertirse en un puente.
No se trata simplemente de poner un DJ dentro de una iglesia. Lo que está ocurriendo es más profundo. Hay una generación que busca vivir la fe desde el cuerpo, la emoción, el movimiento y el encuentro colectivo.
La historia no es completamente nueva. A lo largo de los siglos, la Iglesia utilizó los lenguajes artísticos de cada época para transmitir su mensaje: primero la pintura, luego la arquitectura, la música clásica, el cine y los medios de comunicación. Hoy, la electrónica aparece como una herramienta más para interpelar a quienes crecieron con auriculares, festivales y redes sociales.
La propia experiencia de Guilherme Peixoto resume esa transformación. “Si estoy en la iglesia, hablo un idioma; pero si estoy en una sala de conciertos, uso el lenguaje de la música”, explicó el sacerdote portugués al referirse a su misión evangelizadora.
La espiritualidad encontró otros lenguajes
Las redes sociales también cumplen un papel decisivo. Videos de misas con bases electrónicas, festivales católicos, sacerdotes DJs y encuentros juveniles se vuelven virales en TikTok, Instagram y Spotify. Lo religioso ya no circula solamente dentro del templo: también aparece en el celular, en los algoritmos y en las playlists.
En ese recorrido, la fe deja de sentirse como una herencia obligatoria para convertirse en una experiencia elegida.
Incluso en internet, las reacciones frente a esta mezcla entre Iglesia y cultura electrónica combinan sorpresa, humor y entusiasmo. Para muchos usuarios, se trata de una forma creativa de renovar una institución que durante años parecía incapaz de dialogar con los códigos de las nuevas generaciones.
Quizás la gran herencia de Francisco no haya sido solamente una reforma interna de la Iglesia, sino haber abierto la puerta a una nueva sensibilidad religiosa: una fe menos basada en el miedo y más en la cercanía; menos preocupada por conservar formas y más interesada en construir puentes.
Las nuevas juventudes no abandonaron la necesidad de creer. Lo que dejaron atrás fueron ciertos lenguajes que ya no les decían nada. Y allí, entre un beat electrónico y una oración, entre una consola de DJ y una misa, encuentran otra manera de habitar la fe.
NI/VDM






