La inflación de marzo volvió a encender alarmas. De acuerdo con la consultora Epyca, que analizó en detalle el último dato, el 3,4% mensual y 32,6% interanual no solo marcaron el registro más alto del último año, sino que confirmaron una tendencia incómoda para el Gobierno: ya van 10 meses consecutivos de aceleración.
El dato no es menor en una gestión que había hecho de la desaceleración inflacionaria su principal activo político. Sin embargo, las explicaciones oficiales chocan con inconsistencias y omisiones que abren interrogantes más profundos sobre el fenómeno, que, según la consultora, es estructural.
El relato oficial bajo tensión
Desde el Gobierno se reconoció que el dato de marzo es negativo, pero se buscó relativizarlo mediante factores estacionales. El inicio del ciclo lectivo —con subas en educación—, el aumento en alimentos como la carne y el encarecimiento de la energía fueron los principales responsables del salto inflacionario.
Efectivamente, marzo suele tener un componente estacional elevado, especialmente en una economía donde los servicios (no transables) pesan cada vez más. Pero ese argumento pierde fuerza cuando se lo contrasta con la dinámica reciente. La inflación no subió solo en marzo, sino que acumula un alza desde mayo de 2025. Es decir, no se trata de un fenómeno puntual sino de una tendencia, explica Epyca.
A esta explicación se sumó el supuesto “rezago” de la política monetaria. Según el presidente, Javier Milei, la inflación actual sería consecuencia de la caída en la demanda de pesos durante la previa electoral de 2025, lo que habría disparado tasas de interés y frenado la actividad. Sin embargo, la consultora explicó que esta teoría aparece de manera intermitente en el discurso oficial, lo cual delata su debilidad.
También resulta llamativo el argumento sobre la tasa de interés. El Gobierno sostiene que las tasas altas encarecen el crédito y presionan sobre los precios, pero Epyca recordó que fue su propia política la que llevó los encajes bancarios a niveles históricamente elevados (más del 50% en 2025). Esa decisión, diseñada para contener la dolarización, terminó consolidando un esquema de tasas altas que ahora se señala como problema. La consultora subraya esta contradicción como uno de los puntos más endebles del relato oficial.
Ante la dificultad de mostrar mejoras en la medición “diciembre contra diciembre”, Epyca sugiere que el Ejecutivo podría inclinarse por resaltar la inflación promedio anual, que aún refleja una desaceleración respecto a años previos. El cambio no es menor ya que implica redefinir el termómetro con el que se mide el éxito económico.
Un problema más profundo: el fin de las “anclas”
Más allá de las explicaciones coyunturales, la persistencia inflacionaria parece responder a factores estructurales. El punto de quiebre se ubica entre mayo y junio de 2025. Según indica Epyca, la baja de la inflación se había sostenido sobre dos pilares: el atraso cambiario y la caída del salario real.
Ese esquema permitió una desinflación rápida, pero a costa de tensiones que eventualmente emergieron. Cuando los salarios comenzaron a recomponerse y el tipo de cambio empezó a corregirse, el modelo perdió efectividad. Desde entonces, la inflación retomó una trayectoria ascendente.
El problema es que el Gobierno aún no logra reemplazar esas “anclas” por un esquema sostenible. La falta de reservas internacionales suficientes limita la capacidad de intervención ante shocks cambiarios, mientras que la apreciación del tipo de cambio —producto de la propia estrategia oficial— encarece la producción local, afecta la actividad y complica la acumulación de divisas.
El intento actual de volver a utilizar el tipo de cambio como ancla, aprovechando la liquidación del agro, también presenta riesgos. La experiencia reciente muestra que estos esquemas pueden derivar en atrasos cambiarios que luego se corrigen de forma brusca, reavivando la inflación.
Sin embargo, desde la consultora consideran que la tendencia se va a revertir hacia la baja, aunque dudan de la capacidad de la gestión para reducir la cifra al 2%. A diferencia de Epyca, Anastasia Daicich, directora de la consultora Qualy, cree que esta inercia continuará en los próximos meses.
Para la economista, la inercia e indexación es una de las causas que explican la constante suba de precios. “Muchos contratos privados (alquileres, paritarias, por ejemplo) tienen cláusulas de ajuste en base a la inflación pasada, con lo que mantienen un «piso» de variación de los precios. Resulta difícil de atacar con política económica convencional”. En ese sentido, para ella el IPC núcleo (3,2%) marca la tendencia subyacente: “no hay regulados ni estacionalidad, es el «piso» autogenerado por la economía”.
La corrección tarifaria es otro punto clave que mencionó Daicich, ya que la considera “estructuralmente inflacionaria”. Además, dijo que no hay forma de recomponer 40% de rezago acumulado sin empujar la inflación hacia arriba, y que aún hay atraso residual en los servicios, lo que implica una presión futura.
La inflación con el IPC nuevo
La consultora CEPA llevó a cabo un estudio en el cual comparó el dato de inflación con el que hubiese dado con los ponderadores actualizados (Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/18). Estos indicadores iban a comenzar a regir el pasado enero, pero el Ejecutivo decidió dar marcha atrás con el plan, lo que concluyó en la renuncia del director del Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos), Marco Lavagna.
El informe revela que con la nueva ponderación, la inflación hubiese escalado al 3,54%, apenas más arriba del dato oficial. Sin embargo, el cálculo de IPC acumulado desde el comienzo de la gestión de Milei delata una preocupante variación de 46,4 puntos porcentuales. Mientras la información del Gobierno registró una suba de 293,4% desde diciembre 2023, CEPA recalculó en 339,8%. «Las diferencias se concentraron en 2024, en particular en los meses de febrero, marzo, abril y junio», detalla el documento.
Asimismo, la consultora reveló que los salarios reales pierden 17,1% con la inflación desde que asumió el libertario, 9,2 p.p. más de diferencia con el dato oficial. Las jubilaciones, por su parte, pierden 13,1% con el IPC, 9,4 p.p. de diferencia.
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