A un año de la muerte del papa Francisco, la dirigencia política volvió a encontrarse en la Basílica de Luján con la intención de mostrar un homenaje al primer pontífice argentino y latinoamericano de la historia. Pero la escena terminó atravesada por silencios, ausencias y tensiones que reflejaron el clima político actual.
La ceremonia, encabezada por el titular de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, convocó a representantes del oficialismo y del peronismo en un mismo espacio. Sin embargo, la imagen conjunta quedó rápidamente relativizada por lo que no ocurrió: no hubo gestos entre dirigentes de distintos espacios y tampoco se logró una foto ordenada dentro del propio Gobierno.
En la primera fila se ubicaron el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, junto a otros funcionarios nacionales. También participaron la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, de Desregulación. Federico Sturzenegger, de Interior, Diego Santilli, de Defensa, Carlos Presti y de Salud, Mario Lugones.
Del lado opositor, el gobernador bonaerense Axel Kicillof asistió acompañado por intendentes y dirigentes del peronismo, entre ellos Eduardo “Wado” de Pedro, emisario de Cristina Kirchner, con quien viene de cruzarse en la cumbre progresista en España, cada uno con agenda separada pero con el mismo diagnóstico crítico sobre Milei.

Y si bien los dirigentes del oficialismo y oposición compartieron el mismo espacio, fue sin intercambio: según reconstruyó Clarín, ni siquiera hubo saludo entre Adorni y el mandatario provincial.
La homilía de Colombo apuntó justamente a ese clima. El arzobispo llamó a “superar las divisiones” y a construir “una patria de hermanos”, en línea con el legado del pontífice.
Villarruel se bajó y abrió otra grieta
La ausencia más notoria fue la de Victoria Villarruel. La vicepresidenta, que por el viaje de Javier Milei a Israel estaba a cargo del Ejecutivo, decidió no asistir a la misa central y se inclinó por participar de otra ceremonia en la Basílica María Auxiliadora, en Almagro.
Según pudo saber La Pluma, la decisión estuvo vinculada a evitar una “foto incómoda”, en particular con Adorni, quien enfrenta cuestionamientos judiciales. Pero la propia Villarruel fue más allá y le dio un tono político a su faltazo.

“Era una ceremonia en la que estaba lo peor de la casta política”, sostuvo. Y reforzó: “Cuando la política se mete en fechas que son de la gente, yo prefiero estar con la gente”.
Sus declaraciones no solo marcaron distancia con el evento en Luján, sino que volvieron a exponer tensiones dentro del oficialismo, en un contexto donde la vicepresidenta ya venía evitando compartir escenarios con otros sectores del Gobierno.
Entre el homenaje y el clima político
Más allá de las fricciones, la misa se desarrolló sin incidentes y con una fuerte presencia de fieles. El mensaje central de la Iglesia apuntó a recuperar la figura de Francisco como un factor de unidad, con referencias a la paz, la justicia social y el diálogo entre sectores.
Sin embargo, la política terminó filtrándose en cada gesto: en las ausencias, en los lugares asignados, en los vínculos que no se mostraron. Incluso dentro del oficialismo, donde tampoco hubo una foto completa: además de Villarruel, faltaron figuras como Patricia Bullrich y Sandra Pettovello.
El resultado fue una escena ambigua. Un homenaje que reunió a la dirigencia, pero no logró disimular sus diferencias. Y que, en el intento de recordar a Francisco, terminó reflejando el estado actual de la política argentina.
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