A las seis de la tarde ya no quedaba lugar en la Plaza de Mayo. Pero la gente seguía llegando. Incluso cuando el acto había terminado, columnas de estudiantes y docentes continuaban confluyendo desde la Avenida de Mayo, desde Diagonal Norte, desde las bocas del subte. La cuarta Marcha Federal Universitaria desbordó el horario, desbordó el espacio y, en más de un sentido, desbordó también las expectativas de quienes la habían convocado. Según los organizadores, un millón y medio de personas se movilizaron en todo el país.

Ya desde mucho antes de las 17 horas, cuando arrancó el acto central, el tránsito había quedado interrumpido en todo el eje que une el Congreso con la Casa Rosada. La consigna era «Por la educación, la universidad pública y la ciencia nacional», pero los carteles hechos a mano contaban otras historias, más específicas y más filosas. El que más circuló en fotos y videos fue uno que decía apenas cuatro palabras: «Milei, cumplí con la ley». Sin adornos, sin ironía, sin chiste. Una referencia directa a la Ley de Financiamiento Universitario que el Congreso aprobó, Milei vetó y el Parlamento ratificó, y que el gobierno sigue sin implementar. En esa brevedad estaba sintetizado gran parte del argumento de la marcha.
Sin embargo, también hubo consignas más filosas, algunas con ironía, como varias de las que referían al jefe de Gabinete, Manuel Adorni: «14 millones gastó Adorni en muebles y en Filo nos faltan bancos para cursar». «Que Adorni gane 240 mil al mes como los docentes de la universidad». El escándalo patrimonial predomina en la agenda política y encontró en la marcha un eco contundente. También hubo carteles que iban más allá de la coyuntura: «Un gobierno que desprecia la educación es un gobierno ignorante». «No sobreviví a una pandemia para esta mierda». «Te duele que nosotres sí terminamos el CBC, Javo». Otros fueron más allá: «Messi: los campeones de verdad apoyan a la universidad». Entre los más emotivos, uno sostenido por una mujer de mediana edad que decía simplemente: «Mi hijo ‘el doctor’, recibido en la UBA».

No solo estudiantes universitarios
Una de las marcas más notables de esta marcha fue la presencia masiva de jóvenes que no llegaron con banderas de agrupaciones políticas sino con los colores de sus propios colegios. Alumnos del Carlos Pellegrini y del Nacional Buenos Aires, por ejemplo, que marcharon en columna, denunciando la pérdida acelerada de docentes en el último año y medio como consecuencia directa del ajuste salarial. La deserción de profesores en los colegios secundarios dependientes de la UBA es uno de los efectos más concretos del desfinanciamiento, pero uno de los menos visibles en el debate público.

También llegaron delegaciones del interior: docentes universitarios de distintas provincias, representantes de la UTN, de universidades del conurbano.
Entre las banderas que ondeaban en la plaza estaban las de ATE, CTA, CTA Autónoma, FUBA, APUBA, CTERA y FATUN. Por su parte, la UCR marchó con una columna encabezada por el presidente del Comité Nacional, Leonel Chiarella, junto a los titulares de los comités de Ciudad y Provincia. Axel Kicillof también estuvo y lo hizo notar en redes. Guillermo Moreno apareció entre la multitud como una nota de color inevitable. Y entre los presentes que más sonrisas generaron fue Roberto Pettinato —músico, ex saxofonista de Sumo y conductor televisivo— que caminó entre las columnas y generó una pequeña escena: varios le pedían fotos sin terminar de creer que era él.

Los oradores y el documento que le habló a la Corte
Desde el escenario, los oradores fueron alternando reclamos concretos con frases que viajaron bien por las redes. «No le vamos a permitir al gobierno de Milei meterse con la educación pública. No alcanza con el pluriempleo. No cumple con la ley universitaria dos veces votada en el Congreso. Y la Justicia no hace nada«, arrancó uno de los primeros discursos. Otro fue más técnico pero no menos contundente: «Estamos poniendo el 0,4% del PBI cuando cualquier país desarrollado —cuyo PBI es mucho mayor encima— pone el 3%». Y hubo uno que apeló a la historia: «Premios Nobel, Favaloro, Cortázar: orgullos para la universidad pública argentina».

El momento más político llegó con la lectura del documento conjunto de las universidades nacionales. El texto acusó al Poder Ejecutivo de «desprecio institucional sin precedentes» por alzarse contra los otros dos poderes de la República, denunció una caída real del 45,6% en las transferencias entre 2023 y 2026, y reveló que los sueldos universitarios tocaron su nivel más bajo en 23 años, con una pérdida de poder adquisitivo superior al 37%. Pero el fragmento que más resonó fue el pedido directo a la Corte Suprema: «Le pedimos que nos acompañe, escuche el clamor de las plazas y no permita que el Gobierno siga incumpliendo». No es habitual que una movilización le hable directamente al máximo tribunal del país. Esta lo hizo.
El rector de la UBA, Ricardo Gelpi, también tomó la palabra con una advertencia que no dejó mucho margen a la esperanza: «Estamos en una situación dramática. Unos meses más podemos seguir, pero no te puedo hablar de años».

Los cánticos, el clima y lo que no se vio en la tele
El cántico que más veces se repitió a lo largo de la tarde fue el clásico: «Universidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode». Pero también hubo otros que combinaron memoria y presente con una eficacia brutal. En varios momentos de la marcha se escuchó: «A pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido». Y después, más directo: «Milei, basura, vos sos la dictadura».

Lo que la tele no mostró bien fue el ritmo de llegada. No fue una marea que llegó toda junta a las cinco en punto: fue un flujo continuo que empezó horas antes y que continuó mucho después. Gente que salió del trabajo y se sumó a mitad de camino. Familias que llegaron tarde pero llegaron. Jóvenes que no pudieron ir durante el día pero que se acercaron cuando el acto ya había terminado y la plaza empezaba a vaciarse, como si necesitaran al menos pasar, estar un rato, tocar ese espacio.
El gobierno calificó la convocatoria de «acto opositor» y desplegó el protocolo antipiquetes. La plaza no le prestó atención.
JD/CM






