Javier Milei no ordena. No conduce. Y cuando la política la dejas en manos de otro y sos el presidente de la Nación, más tarde o más temprano los conflictos internos te estallan en la cara.
Esta semana la descomposición del partido gobernante se aceleró al compás de su propio vértigo. Ese vértigo que lo caracteriza y lo constituye desde su formación, ayer nomás. Y en medio de la crisis quedó totalmente expuesto que Milei no ordena a nada ni a nadie. Perdió toda autoridad ante los propios. Cualquiera se le anima al Presidente.
Le dicen por X que le mienten, que lo manipulan y Milei solo atina a escribir un tuit a favor de cada bando. Pero la política, se sabe, no se ordena por redes sociales. La Política con mayúsculas es otra cosa.

Y entonces, todos contra todos y a cielo abierto como nunca antes. Santiago Caputo contra Menem; Karina contra Santiago Caputo; Bullrich contra Adorni; Lilia Lemoine contra Victoria Villarruel; el Gordo Dan contra todos los demás; Villarruel contra Adorni y la escalada no tiene fin. Porque el presidente perdió el control de su propio espacio. Si es que alguna vez él tuvo el control. Las consecuencias de haber dejado la conducción política en manos de su hermana, parte interesada y una de las involucradas en la guerra sin cuartel hacia adentro de La Libertad Avanza, son evidentes.

El colega Diego Genoud habló por estos días de la albertización de Javier Milei. Sin coraje para echar de la Plaza a las Fuerzas del Cielo, entró en un raid de entrevistas y declaraciones públicas sin cuidado ni medida. La palabra del presidente está devaluada. Sin el peso que requiere ser la voz más importante del país. Y, si le faltaba algún condimento a la albertización de Milei era la difusión de material sobre su vida privada. El carpetazo interno que solo busca deshilachar aún más la imagen presidencial y que nada aporta al interés público. La única pregunta que debe primar en torno a estas filtraciones es la vulnerabilidad que imperó para que se grabaran esas conversaciones y cómo es posible que la otra parte involucrada haya tenido llegada -según ella- a dos jefes de Estado así como si nada. Mientras tanto, la frivolidad, la chatura intelectual y la vulgaridad exhibidas sólo dan náuseas y el toque que faltaba para sentir que viajamos de la estratósfera a Japón y de ahí, directo al pasado en dos horas y media. Tan noventas todo que duele.
La interna arde, el proyecto libertario avanza.
Lo distintivo es que, a pesar del peor momento de la guerra libertaria y el Adornigate que no da respiro, el gobierno mantiene las alianzas necesarias para continuar con su proyecto de reseteo de la economía, con la reprimarización como estandarte. El Congreso, los gobernadores y el establishment siguen dándole buenas noticias a Javier Milei. Esta semana, con el apoyo de aliados, el oficialismo logró blindar al jefe de Gabinete y dar la media sanción del recorte de subsidios al gas para Zonas Frías. Con 132 a favor, 105 en contra y 4 abstenciones la norma busca un ahorro fiscal de unos $300 millones de pesos. Lo curioso es que, al mismo tiempo se votó la condonaciones de deuda para Edenor y Edesur por más de u$s1.800 millones. Tarifazo para la gente y beneficios para la empresas eléctricas. No se entiende muy bien cuál es la cuenta del gobierno para ahorrar. Lo que sí queda claro es cuál es el modelo: ajuste para las mayorías populares y acumulación de riqueza para las corporaciones. Todo, con el apoyo de aliados en el Congreso, intacto por ahora.
La otra alianza que se mantiene firme en medio de la tempestad es la de los gobernadores. Son los que siguen dando los votos en Diputados y Senadores y los que se conforman con el nombramiento de jueces, porque plata, no hay.
Y, mientras los negocios se mantengan, una parte del establishment elige no hacer olas. Otra, en alianza con un sector de la Justicia Federal y algunos medios de comunicación, dibuja un electrocardiograma de apoyos y boicots, con el caso Adorni como mascarón de proa.
Mientras tanto, los número de crecimiento económico de marzo (3.5% de crecimiento del PBI, contra la caída más fuerte de la era Milei registrada en febrero del 2,6%) muestran la consolidación del modelo de reprimarización y de exclusión de las grandes mayorías. Minería, intermediación financiera y agro explican la suba. Son los sectores que no aportan valor agregado, alimentan el modelo extractivista y generan muy pocos puestos de trabajo. Los que sí dan empleo y de calidad son los sectores que caen sistemáticamente desde diciembre de 2023. La industria, las pymes, la construcción. Por eso la economía crece pero no se ve en la calle. El derrame no va a ocurrir nunca con este modelo económico que, además, sólo se sostiene con un dólar pisado y endeudamiento crónico.

No es cuestión de tener paciencia, de hacer el esfuerzo o de ver la luz al final del túnel. Porque no hay forma de bajar la pobreza, aumentar el empleo y la producción, reactivar la economía, mejorar la salud, la educación, el transporte y bajar la inflación en forma sostenida con este modelo de exclusión y ajuste.
Porque mientras la motosierra esté prendida sobre la espalda de los trabajadores, las infancias, los jubilados, las personas con discapacidad, los científicos, los universitarios, los emprendedores y los desocupados no habrá recuperación posible.
SC





