Pese al impulso del RIGI, los anuncios de megaproyectos y las giras internacionales del Presidente para seducir empresarios, la inversión volvió a retroceder en el primer trimestre y suma cuatro caídas consecutivas. Consultoras y economistas atribuyen el fenómeno a las altas tasas, la debilidad del consumo y la falta de financiamiento productivo.
Mientras el Gobierno de Javier Milei multiplica los anuncios sobre la llegada de inversiones y presenta al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como uno de los pilares del nuevo modelo económico, los datos muestran una realidad bastante diferente. Según el INDEC, durante el primer trimestre de este año la inversión cayó 1,7% respecto del trimestre anterior y acumuló así cuatro trimestres consecutivos de retroceso. En la comparación interanual, la baja alcanzó el 11,6%, aun cuando la economía creció 2,3%.
La paradoja resulta evidente. Hay proyectos multimillonarios anunciados para minería, energía e hidrocarburos, pero ese flujo todavía no logra traducirse en un crecimiento de la inversión agregada. Hoy la formación de capital representa alrededor del 16% del Producto Bruto Interno, equivalente a unos US$ 109.000 millones en 2025. El porcentaje supera el 14% registrado en 2019, aunque permanece muy lejos del 20% alcanzado en 2007 y, sobre todo, del 25% que distintos especialistas consideran necesario para sostener un proceso de desarrollo.

El Gobierno convirtió la llegada de inversiones en una de las principales banderas de gestión. Tan solo tres días atrás, durante su discurso en la Fundación Faro, Javier Milei aseguró que «abróchense los cinturones porque la Argentina será grande otra vez», convencido de que el ordenamiento macroeconómico y las reformas impulsarán una nueva ola de capitales privados. En la misma línea, durante la 31° Exposición Internacional de la Construcción y la Vivienda, el ministro de Economía, Luis Caputo, insistió en que «hay que invertir y tomar el riesgo. Te puede ir bien o mal, pero hay que perderle el miedo a que te vaya mal», al tiempo que sostuvo que «se vienen años espectaculares» para el país.
Ese discurso oficial se apoya principalmente en el RIGI. Hasta el momento fueron aprobados 16 proyectos por unos US$ 29.000 millones, en su mayoría vinculados con minería y energía, mientras otros proyectos por US$ 111.000 millones permanecen en evaluación. Sin embargo, desde la Fundación Mediterránea advierten que esos desembolsos se ejecutarán gradualmente y estiman que durante este año apenas se concretará alrededor del 6% de los montos comprometidos.
La pregunta entonces es por qué la inversión continúa cayendo si algunos sectores muestran una fuerte expansión. Desde la consultora Equilibra sostienen que, más allá del creciente ingreso de capitales hacia Vaca Muerta y la minería, persisten factores que desalientan nuevas inversiones en el resto de la economía: tasas de interés reales todavía elevadas, una demanda interna debilitada, mayor competencia internacional y el fuerte recorte de la obra pública.
En la misma línea, la red Misión Productiva sostiene que la inversión es una de las variables más sensibles a las expectativas empresariales. «Las empresas invierten cuando perciben oportunidades de crecimiento futuro, demanda creciente, acceso al financiamiento y reglas previsibles. Hoy buena parte de esas condiciones siguen ausentes», advierte el informe.
Entre los principales obstáculos aparece la debilidad del mercado interno. Según esa entidad, la masa de ingresos formales continúa cerca de un 10% por debajo de noviembre de 2023, lo que limita la capacidad de consumo y reduce los incentivos para ampliar la producción. A esto se suma la paralización de la obra pública -que históricamente explica entre el 10% y el 15% de la inversión total- y un crédito productivo que todavía no logra recuperarse.

Otro elemento de preocupación es la divergencia entre el crecimiento del PBI. En ese sentido, la caída de la inversión pone en duda la sostenibilidad de la recuperación económica. La inversión, remarcan, es el componente que determina la capacidad futura de generar empleo formal, aumentar la productividad y sostener el crecimiento en el tiempo.
En este contexto el Gobierno continúa reforzando su estrategia para captar capitales externos. Milei se encuentra en España, donde mantuvo encuentros con directivos de grandes bancos y compañías como Santander, BBVA, Telefónica, Mapfre, Iberia, Indra y Dia, en una agenda organizada por la Embajada argentina con el objetivo de promover nuevas inversiones en el país. La gira volvió a mostrar que la búsqueda de capitales extranjeros se mantiene como una prioridad de la administración libertaria.
Sin embargo, los datos oficiales muestran que esa estrategia todavía no logra reflejarse en la economía real. La mayor parte de las inversiones anunciadas bajo el RIGI pertenece a proyectos que demandarán varios años de ejecución, mientras el resto del aparato productivo continúa enfrentando tasas elevadas, escaso financiamiento y una demanda interna que permanece deprimida.
Incluso la propia Fundación Mediterránea sostiene que el desafío va más allá del RIGI. «Para cerrar el déficit de inversión, los esfuerzos deberán estar centrados en hacer más atractivo explotar las ventajas que ofrece la Argentina, más que seguir agregando ‘super’ excepciones, mientras el resto de la producción sigue lidiando con importantes déficits institucionales», señala el informe.
Así, mientras el Gobierno redobla la promoción internacional de la Argentina como destino para las inversiones y promete una nueva etapa de crecimiento impulsada por el capital privado, la formación bruta de capital continúa en terreno negativo. La distancia entre el discurso oficial y los datos del INDEC refleja, por ahora, una de las principales contradicciones del programa económico de Javier Milei: los anuncios de inversión se multiplican, pero la inversión efectiva sigue sin aparecer en las estadísticas.
RM/EO






