“La figura de Santiago Caputo como amigo y asesor es clave. Del otro lado, tener a Karina Milei para contener la parte política le permite descansar de algo complejo al presidente. Todas las figuras que rodean a Milei son importantes, las internas que se mencionan son diferencias naturales de un gobierno liberal.” En su primera entrevista oficial como vocero presidencial, Adrián Ravier insistió en abrazarse a la línea equilibrista que profesa Javier Milei e hizo malabares para intentar explicar que en el gobierno que integra no existen crujidos internos entre ninguno de los espacios que lo integran. Lo que el ex diputado pampeano quizás no sepa es que la situación está lejos de moverse en una discusión política y desde hace tiempo ya habita el terreno personal: ninguno de los dos ex miembros del Triángulo de Hierro soporta la existencia del otro.
El recambio ministerial que forzó la salida del cuestionado Manuel Adorni de la jefatura de gabinete intentó ser expuesta desde el gobierno como una instancia de renovación y relanzamiento de una gestión golpeada por casi cuatro meses por los gustos de nuevo rico que el saliente funcionario construyó desde su desembarco en el Ejecutivo. La eyección obligada del ex vocero, resistida hasta último momento por los Milei quienes insistían en la inocencia de su favorito, significó para Karina no sólo la pérdida de uno de sus pichones más fieles dentro de su ecosistema, sino también el desafío de reencauzar una gestión deliberadamente loteada y cuyo terreno es un campo minado.
Con Caputo aferrado a su amistad con el jefe de estado, el manejo de la Secretaría de Inteligencia y organismos claves dentro del aparato estatal como principal activo para asegurar su salvaguardia dentro del oficialismo, El Jefe recalibró su estrategia y se concentra en ganar espacio no sólo dentro del gabinete, sino también consolidar el rol central que ocupa dentro del Congreso, donde sus espadas legislativas no titubean al decir que trabajan en pos de la construcción política de la hermanísima.

En este sentido, con la cabeza de Adorni a punto de ser cortada por el parlamento, Karina movió rápido y propuso a Diego Santilli como su reemplazo. El ahora ex ministro del Interior, quien ingresó al gabinete en el último cambio ministerial que tuvo lugar el noviembre del 2025 con la crucificción de Guillermo Francos, comprendió como pocos la dinámica del gobierno y entendió más pronto que tarde que la única forma de supervivencia era ganándose la confianza de la ama y señora de la lapicera libertaria. Y a por ello fue.
Durante todos los meses que estuvo al frente de la cartera que custodia el vínculo directo con cada una de las veintitrés provincias, el Colo se movió como pez en el agua y su calidad dialoguista colaboró para aceitar las fluctuantes relaciones con los gobernadores, que en más de una ocasión hicieron saber el descontento que les suponía el doble comando que ejecutaban Karina Milei y Santiago Caputo.
La hermana presidencial, sólo amiga de sus amigos, recibió con buenos ojos la pleitesía del ex diputado macrista y con cada vez más confianza le habilitó la cancha a su nuevo alfil para que se mueva a la par del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem y el armador nacional Eduardo “Lule” Menem. Ambos adoptaron al ahora vicejefe de gabinete y por entonces secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, como otra pata de la mesa legislativa del karinismo que tiene como única norma no admitir caputistas.
Santilli, obrero del diálogo y la convivencia política, pese a alinearse a la hermanísima lo cierto es que nunca perdió el contacto con el asesor presidencial, a quien conoce desde hace varios años y con el que comparte terminales de todo tipo y color. Ambos barones incluso mantienen el contacto directo y comparten interlocutores que colaboran cuando necesitan trabajar en cuestiones comunes. Fue este equilibrio fue lo que le permitió al flamante funcionario hacerse del apoyo de todos los sectores para alcanzar la bendición presidencial de ser seleccionado como jefe de gabinete, tarea que deberá cumplir con honores si quiere ser gratificado con su elección como candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires el próximo año.

El Colo sabe mejor que nadie que todos los ojos están sobre él puesto que de su cualidad de negociación dependerá la reactivación o no de un Congreso paralizado desde hace cuatro meses. Por eso, desde este miércoles, comenzó a enviar señales a todas las provincias para reiniciar el ciclo de diálogos que se mantuvieron frizados durante el Adorni gate. Los caciques provinciales parecen haber recibido con buenos ojos el movimiento: trece gobernadores y el jefe de gobierno porteño formaron parte del acto de jura del nuevo ministro coordinador, una secuencia inédita para la gestión libertaria.
Ese mismo día, en tanto, Santilli recibió en su despacho a todos los presentes y más tarde mantuvo una bilateral con el catamarqueño Raúl Jalil. Lo propio hizo el jueves con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, quien además de acceder a dialogar con la prensa acreditada en Casa Rosada, se solidarizó con la situación restrictiva que atraviesan los periodistas que trabajan en el edificio de gobierno.
El plan más urgente que tiene el ex macrista en su lista de tareas es el de destrabar las negociaciones por la Reforma Laboral, que incluye el complicado ítem de eliminar las PASO, instancia que no todos los gobernadores parecerían, a priori, acceder. Con las limitaciones manifiestas y el temor de las provincias del desembarco violeta impulsado por los armadores riojanos que amenaza con quebrar el status quo de sus territorios, los gobernadores mostraron los dientes y, aunque están dispuestos a negociar, ya avisaron que no van a volver a aceptar ser los perdedores.

En este marco, una de las contrapropuestas que se puso a consideración y que más de un mandatario ya evalúa es la puesta en marcha de listas colectoras. De concretarse, las nóminas de cargos legislativos podrían “engancharse” a la boleta nacional que llevaría a Javier Milei como candidato a presidente y en cada provincia su propio candidato a gobernador. Algo así como una Primaria única que habilita la decisión del electorado sin tener que asistir dos veces a la urna.
Las negociaciones, que ya comenzaron, se sucederán a lo largo de estas semanas y desde el oficialismo ya anticipan que buscarán darle media sanción al proyecto entre agosto y septiembre, llegando con la aprobación -en caso que estén los números- al filo del cierre del año. Aunque aún advierten lo provisorio del poroteo, desde la oficina de Santilli se entusiasman con la posibilidad de alcanzar las voluntades necesarias. ¿Serán sólo Aportes del Tesoro y algún que otro arreglo electoral lo que deje conforme a los gobernadores para cambiar las reglas del juego? Por ahora habrá que esperar.
TS/CM






