No es lo que hicieron sino lo que dejaron de hacer para que Diego Maradona siguiera con vida. Por eso éste es un juicio por omisión. Qué no vieron. O qué decidieron no ver al menos tres de los imputados más comprometidos en la causa: Leopoldo Luque, el neurocirujano y, según la mayoría de los testigos que declararon hasta ahora, el médico de cabecera del futbolista; la psiquiatra Agustina Cosachov; y el psicólogo Carlos Díaz.
Si en el debate que se anuló la hinchazón estaba en el centro del juicio, en éste es el corazón. ¿Qué pasó primero? ¿Una falla cardíaca extendida en el tiempo desató la muerte? ¿O la muerte fue súbita? ¿La ascitis, todo ese líquido acumulado en el cuerpo de Maradona, se juntó los días anteriores o se alojó aquella madrugada fatal? Hay fotos, videos, informes de autopsias, una Junta Médica de 22 peritos… Pero a la noche del 25 de noviembre de 2020 hay que reconstruirla. En eso estamos.
En la novena audiencia declaró el médico clínico Marcos Correa, que trabajaba en Ipensa, la clínica platense donde detectaron el hematoma subdural. Correa repasó al Tribunal cómo llegó Maradona ese día -en camioneta, con la custodia-, que se dejó llevar sin problemas hasta la habitación 214, pero que no colaboraba. El objetivo de aquella internación era hacerle chequeos. Fue por insistencia de Verónica Ojeda.
Correa hizo primero un examen físico: «Estaba en un buen estado general», dijo el médico clínico. Y siguió: «Cardiovascular, no encontré anormalidad alguna. Tampoco abdominal ni pulmonar». Maradona presentaba abulia, cansancio, cierta lentitud, somnolencia. Los resultados de laboratorio y el hepatograma estaban dentro de los parámetros normales. Pero para detectar una insuficiencia cardíaca se requieren estudios en profundidad, a los que no lo sometieron. Correa contó que propuso hacer una perfusión pero que Luque lo descartó.
El testimonio que puso a la cuestión cardíaca en el centro de la escena fue el de Oscar Franco, cardiólogo de Ipensa. Franco chequeó a Maradona en septiembre, dos meses antes de la operación por el hematoma subdural. Indicó un ecocardiograma, una radiografía de tórax y un electrocardiograma. Luque le había indicado por audio de WhatsApp que quería «algo medio general, rápido». Franco sólo hizo el electrocardiograma: nada para destacar.
Y, en ese audio, Luque agregó un dato: que Maradona era hipertenso. Y que para controlarlo tomaba una medicación, losartán. Algo cambió entre el 1° de septiembre, el día de los estudios en Ipensa y el 3 de noviembre, el día de la internación en el que detectaron el hematoma subdural: a Maradona le habían retirado esa medicación. ¿Quién se la sacó? ¿Por qué? Aun no hay respuesta para eso, pero es clave.
Contrainterrogado, el cardiólogo pasó de testigo a perito, algo que las defensas hicieron notar al Tribunal. Ratificó que el futbolista era hipertenso y sin tratamiento farmacológico, una dieta cuidada y determinados hábitos, no es posible normalizar la presión arterial. La hermana de Diego, Rita Maradona, que ya declaró en este juicio, dijo al Tribunal que «todos en la familia son hipertensos». El cardiólogo también apuntó que «conviene ver los antecedentes del paciente», pero en el caso del futbolista admitió que no los consultó «porque no se los ofrecieron».
VDM






