No es lo que hicieron sino lo que dejaron de hacer para que Diego Maradona siguiera con vida. Por eso éste es un juicio por omisión. Qué no vieron. O qué decidieron no ver al menos uno de los imputados más comprometidos en la causa: Leopoldo Luque, el neurocirujano. Si en el proceso anulado la acumulación de líquidos era la primera pista para desandar las causas de la muerte, ahora es el corazón, ligado a una medicación indicada para controlar la hipertensión que entre el 1° de septiembre y el 25 de noviembre el ex futbolista dejó de tomar.
La hinchazón dejó, por el momento, de ser protagonista y ahora discuten la enfermedad coronaria, si era crónica -y el corazón igual funcionaba, o si por ser desatendida dejó de funcionar- o si el episodio cardíaco fue agudo, es decir, súbito. Preguntas y más preguntas. Es como un partido que, lejos de terminar, empieza cada audiencia.
¿Qué pasó primero? ¿Una falla cardíaca extendida en el tiempo desató la muerte? ¿O la muerte fue súbita? ¿La ascitis, todo ese líquido acumulado en el cuerpo de Maradona, se juntó los días anteriores o se alojó aquella madrugada fatal? Hay fotos, videos, informes de autopsias, una Junta Médica de 22 peritos… Pero a la noche del 25 de noviembre de 2020 hay que reconstruirla. En eso estamos.
En la novena audiencia declaró el médico clínico Marcos Correa, que trabajaba en Ipensa, la clínica platense donde detectaron el hematoma subdural. Correa repasó al Tribunal cómo llegó Maradona ese día -en camioneta, con la custodia-, que se dejó llevar sin problemas hasta la habitación 214, pero que no colaboraba. El objetivo de aquella internación era hacerle chequeos. Fue por insistencia de Verónica Ojeda.
Correa hizo primero un examen físico: «Estaba en un buen estado general», dijo el médico clínico. Y siguió: «Cardiovascular, no encontré anormalidad alguna. Tampoco abdominal ni pulmonar». Maradona presentaba abulia, cansancio, cierta lentitud, somnolencia. Los resultados de laboratorio y el hepatograma estaban dentro de los parámetros normales.
Pero para detectar una insuficiencia cardíaca se requieren exámenes en profundidad, a los que no sometieron al futbolista. Eso explicó el segundo testigo de la jornada, Oscar Franco, cardiólogo en Ipensa. Él recibió a Maradona en septiembre, dos meses antes de la cirugía en la cabeza. Hay un tipo de estudio llamado perfusión, en dos versiones: el que implica un esfuerzo físico de parte del paciente o el que simula el esfuerzo físico -se aplica una droga que genera una taquicardia-. El objetivo es saber si el paciente tiene enfermedad coronaria. No es invasivo, lleva 15 quince minutos, todos pueden hacerlo con excepción de quienes tienen EPOC diagnosticado.
Franco contó que no propuso hacer una perfusión. ¿Por qué? La fiscalía le dio play a un audio que intercambiaron el cardiólogo y Luque en la previa al chequeo. El neurocirujano se presenta como «el médico de Diego» y pide -transcripción textual- «nada de estudios de perfusión y esas cosas, me parece demasiado. La idea es hacerle algo medio general y rápido, por el tema del coronavirus«.
Algo sucede en este juicio: no se enmarca el hecho que se juzga -las circunstancias médicas de la muerte de Maradona, sucedida en 2020– en las restricciones y el miedo al contagio de Covid-19. El futbolista era un paciente de riesgo, por estado de salud y por ser quién era, en ese momento DT de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Interrogado por el fiscal Cosme Iribarren, el clínico dijo que no propuso la perfusión por los motivos que menciona Luque en el audio.
En ese audio que escuchamos en la sala de audiencias, Luque agrega un dato: que Maradona era hipertenso. Y que para controlarlo tomaba una medicación, losartán. Algo cambió entre el 1° de septiembre, el día de los estudios en Ipensa y el 3 de noviembre, el día de la internación en el que detectaron el hematoma subdural: a Maradona le habían retirado esa medicación. ¿Quién se la sacó? ¿Por qué? Aun no hay respuesta para eso, pero es clave.
Contrainterrogado, el cardiólogo pasó de testigo a perito, algo que las defensas hicieron notar al Tribunal. Ratificó que el futbolista era hipertenso y sin tratamiento farmacológico, una dieta cuidada y determinados hábitos, no es posible normalizar la presión arterial. La hermana de Diego, Rita Maradona, que ya declaró en este juicio, dijo al Tribunal que «todos en la familia son hipertensos». El cardiólogo también apuntó que «conviene ver los antecedentes del paciente», pero en el caso del futbolista admitió que no los consultó «porque no se los ofrecieron».
VDM






