«Que me la chupe Ojeda»: en tono neutro, el fiscal Cosme Iribarren leyó el chat que mostraba la pantalla de la sala de audiencias. Segundos de silencio. Verónica Ojeda, la ex pareja de Diego Maradona, se dio vuelta y le clavó lo ojos al psicoanalista Carlos Díaz, uno de los imputados por la muerte del futbolista y el autor de ese mensaje que tenía como destinataria a Agustina Cosachov, la psiquiatra. Díaz, que debe declarar hoy, chocó miradas con la madre de Dieguito Fernando y terminó agachando la cabeza.
Sexta audiencia del juicio por la muerte de Maradona. Ojeda continuó con la declaración que había arrancado el martes y se suspendió por un problema técnico en el sistema de grabación de la sala. «Estos asesinos hijos de puta, ahora entiendo la manipulación que nos hicieron. Nos decían cosas diferentes para que la familia no estuviera unida», dijo Ojeda.
El martes la acompañó su amiga Vanesa de Noble, abogada y esposa de Felipe Noble Herrera, heredero de Ernestina Herrera de Noble, propietaria -hasta su muerte, en 2017- del Grupo Clarín. Hoy está aquí Alejandro Granados, intendente de Ezeiza. ¿Por qué? En principio porque allí convivieron Maradona y ella, que una noche él se descompuso y que Granados les facilitó el traslado y la internación de urgencia en el Hospital de Ezeiza.
Después de la furia, las lágrimas. «Ellos mataron al padre de mi hijo. Mi hijo necesitaba estar con su papá más que nada. Él lo sigue padeciendo, llorando. Nos cuesta todos los días. Dieguito tiene 13 años, está entrando a la adolescencia. Hoy tengo una familia, mi familia, mi pareja, los hermanos del corazón de Dieguito. Pero ellos le sacaron lo más preciado que tenía mi hijo, que era su papá«: Verónica se quebró frente al micrófono.
En una declaración errática, Ojeda comparó la internación domiciliaria durante la que murió Maradona con otra de 2007, en la que el exfutbolista pasó por un hospital público, dos sanatorios privados, un periodo en la clínica de rehabilitación Avril para terminar con un tratamiento ambulatorio monitoreado por quien fuera su médico de cabecera Alfredo Cahe. «Esa vez estaba con toda la aparatología en mi casa. Hasta cama de hospital. Los enfermeros vivían con nosotros. Así, prácticamente un mes. Esto (N. de la R.: la internación en la casa de Tigre) era un mamarracho. Ahí no había nadie».
El 14 de noviembre, según Ojeda, Maradona «estaba bien». De hecho grabaron juntos un video que le enviaron a Luque. Cuatro días después, el 18, lo notó «malo, agresivo». El 23 recibió el llamado de Vanesa Morla, hermana del representante, para pedirle que fuera a verlo, que «Diego estaba solo». Dirá Ojeda: «Estaba en la habitación, todo oscuro. Hinchado, una pelota. Literal. Barbudo, con olor corporal«. Lo que siguió fue la noticia: dos días después, la muerte.
Matías Morla, el manager; su hermana Vanesa; el cuñado de Morla y esposo de Vanesa, Maximiliano Pomargo: siguen siendo los nombres que cada testigo que haya sido cercano a Maradona menciona al Tribunal. Que «dirigían todo», que «decidían», que «estaban». No están imputados en este juicio. De los audios, chats y testimonios que se exhiben como evidencia en el debate, los Morla y Pomargo parecen «delegar»: que lo haga otro para no ser ellos los ejecutores.
«Morla me decía ‘hablá con Luque'»
La madre de Dieguito Fernando repasó los 14 días que están en debate en este juicio: qué pasó entre el 11 y el 25 de noviembre de 2020, día del fallecimiento. En ese lapso, ella junto a su hijo, visitaron a Maradona tres veces: el 14, el 18 y el 23 de noviembre. Verónica Ojeda fue la última persona del entorno familiar en verlo con vida.
«Yo hablaba con (el neurocirujano, Leopoldo) Luque siempre. Morla me decía ‘hablá con Luque porque él te va a decir todo’. Yo creía en Luque. Es cierto que Diego lo quería mucho. Después de Cahe, era un dios, un diez«, arrancó Ojeda para después tratar al imputado de «monstruo». Ojeda lo ubicó como el médico personal de Maradona.
«Cosachov iba a encargarse de las pastillas»
En la reunión de que se hizo en la Clínica Olivos Ojeda declaró que Cosachov había dicho que Swiss Medical, la empresa de medicina privada que prestaba servicio a Maradona, «iba a tener todo como si estuviera internado en el hospital». Pero aquellas tres veces que visitó al ex futbolista «no había ni un aparato para (medir) la presión». También aseguró que el compromiso de la psiquiatra era armar un esquema de medicación de acuerdo al cuadro de consumo.
El 23, cuando vio al padre de su hijo, tirado en la cama, barbudo, sin bañar, llamó a Vanesa Morla. Le pidió que hablara con Cosachov. Se ve que Vanesa pasó el mensaje porque la psiquiatra le escribió a Carlos Díaz, el psicoanalista, esto por WhatsApp: «Nos están apurando con los resultados».
Díaz respondió con esta serie de mensajes: «Hoy la vi a Ojeda / no le di bola / Matías (Morla) es el que tiene la manija ahí». Ojeda le había pasado al psicoanalista el contacto de Cahe. Le pidió que se comunicara con él. Díaz dice que habló cuarenta minutos al teléfono con Cahe el 19 de noviembre.
«Voy a estar dirigiendo las pastillas junto con Agustina»
«Díaz fue la última persona en hablar en la reunión que se organizó en la Clínica de Olivos para decidir cómo seguíamos. Dijo que ‘alcohol cero’ y que iba a estar dirigiendo las pastillas junto con Agustina», recordó Ojeda ante el Tribunal. También dijo que la segunda vez que visitó a Maradona en la casa de Tigre «Díaz entró y salió». «Diego no estaba óptimo para ver a Dieguito. Vi que Díaz hablaba a un costado con Maxi (Pomargo) y se fue del barrio. Ahí hablé con Vanesa (Morla)».
Díaz es licenciado en Psicología. Fue el último en integrarse al equipo médico que acompañaba a Maradona, por recomendación de Morla. A su favor, la pericia indicó que no había rastros de alcohol ni drogas ilegales en el cuerpo. Pero en lo que va del nuevo juicio, tanto Gianinna Maradona como Ojeda señalaron que aíslo al paciente de su familia.
VDM






