En Argentina, uno de cada tres adolescentes padecen anorexia nerviosa y/o bulimia nerviosa. Son datos de la Sociedad Argentina de Pediatría, en base a un relevamiento en las escuelas. Si bien no hay cifras oficiales al respecto, los datos de la organizaciones de la sociedad civil permiten ver la magnitud del problema. En el mes en el que se conmemora el Día Internacional de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), que tiene como fecha el 2 de junio, y La Pluma publicó un nuevo episodio dedicado a esta problemática.
Según los datos del relevamiento internacional hecho por el Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres, Argentina es el segundo país con mayor presencia de trastornos de la conducta alimentaria, detrás de Japón. El informe sostiene, además, que el 29% de la población padece algún tipo de TCA. La coordinadora de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), Fernanda González, contó que “los chicos que vienen a la consulta son cada vez más chicos”. “Ahora la normalidad es 10, 11, 12 años. Antes era el cumpleaños de 15, y antes el viaje de egresados. Vemos muchas angustias y la patología de la desorganización, el atracón. Tienen billeteras virtuales y se compran mucha cantidad. Hay menos control del padre sobre lo que comen y todo es un entorno”, comentó la psicóloga.
Por su parte, Lucía Beresñak, psicóloga especialista en Trastorno de la Conducta Alimentaria y coordinadora del equipo interdisciplinario CAMINO, advirtió sobre otra faceta del problema: las complicaciones se mantienen en la adultez. “El trastorno alimentario ahora tiene una brecha gigante”, contó. “La edad de inicio es cada vez más temprana, pero se extiende más. Hay mucho adulto con trastorno alimentario o que cargó con eso toda su vida, muy naturalizado. También con toda la moda alimentaria, la gente empieza a probar cosas y prueba Ozempic o dietas que ven y se terminan obsesionando. Y esos adultos son padres de niños que ven que sus padres no desayunan, que restringen un montón y están aprendiendo a través de ese modelado”, explicó
Durante años, Bárbara Bogado hizo un tratamiento psicológico por TCA. Contó que la obsesión por el cuerpo comenzó antes de la fiesta por su cumpleaños de 15. “Se me fue de las manos hasta no querer comer, de sentir culpa”, contó y describió cómo fue perdiendo motivaciones en su vida cotidiana: “Yo bailé toda mi vida con pasión, con ganas, con amor y cuando tenés un TCA lo emocional sale. Uno pone carita de que está todo bien, pero no es así. Dejé de hacer cosas que me gustaban, de juntarme con amigas, de compartir. Hubo un momento en el que no hablaba con casi nadie”.
En el tratamiento con Lucía ahondaron en el fondo del problema. ”Yo me lastimaba la panza, había algo físico que no sabía de dónde salía. Tenía pensamientos recurrentes, escenas que yo veía y no sabía si eran reales o no. Trabajando con Lucía me di cuenta que sí había sucedido: fui abusada a los tres años”, contó. Bárbara recibió el alta hace 9 años y ahora es la creadora de Flexytraining, entrenamiento de Flexibilidad y fuerza para todas las edades y condiciones físicas.
El panóptico del cuerpo
“¿El algoritmo y las redes son los nuevos disciplinadores?”, se preguntó Sofía Caram. “Pensaba en la sociedad disciplinaria que planteaba Michel Foucault, en cómo se opera sobre los cuerpos hoy con las redes sociales, con la tecnología y la presión social que ejercen”, agregó. Fernanda González coincidió y agregó: “el algoritmo es fabuloso porque te gusta algo y te aparece todo el tiempo. el tema es que lo bueno que tiene también te perjudica”.
“La receta de la felicidad está muy asociada al cuerpo”, resaltó Lucía Beresñak y trazó una línea con la naturalización de la delgadez y del summun de capitalismo en nuestro país”. “Hay una idea, que está vinculada a la política, de que lo que quieras lo podes conseguir y lo que no te gusta lo cambiás rápido, no importa a qué costo, no importa a quién lastimes en el medio. Eso lo vemos mucho en el Trastorno alimentario porque con tu cuerpo podés hacer lo que quieras. Pareciera que ahí está la receta de la felicidad en nuestra sociedad”, reflexionó.
CDB / SC






