Mauricio Macri partió para pasar buena parte de septiembre fuera del país y, mientras tanto, la negociación entre el PRO y La Libertad Avanza por las elecciones de 2027 queda en manos de sus principales operadores. El expresidente está por Estados Unidos, y sumará estadías en España e Italia en las próximas semanas, en una pausa de su agenda política porteña que se produce justo cuando las conversaciones con el Gobierno entraron en una etapa de mayor movimiento, aunque todavía sin definiciones concretas.
En el macrismo buscan bajar las expectativas. “Hay buen diálogo e intenciones, pero de la intención al hecho no pasa demasiado”, describen cerca del expresidente. La frase resume el estado actual de las conversaciones: las reuniones existen, los contactos se multiplican y hay voluntad de explorar un acuerdo, pero nadie espera que una alianza electoral quede cerrada en el corto plazo.

La mesa formal funciona en la Casa Rosada y reúne periódicamente a dirigentes de ambos espacios. Por el PRO participan Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, mientras que por el Gobierno intervienen referentes de la estructura libertaria. A esas reuniones se suman otros encuentros reservados y conversaciones territoriales.
Pero hay una premisa que atraviesa la negociación: primero se intentará ordenar el mapa en las provincias donde PRO y LLA no tienen un gobierno propio y CABA quedará para una discusión posterior. El motivo es evidente. La Ciudad de Buenos Aires es el territorio donde el acuerdo puede convertirse en una pelea por el poder.
El macrismo considera a CABA su principal bastión y no está dispuesto a resignar fácilmente la posibilidad de definir la candidatura. La carta que aparece sobre la mesa es Jorge Macri.
Fernando de Andreis explicitó esa posición cuando planteó públicamente una eventual fórmula Jorge Macri-Pilar Ramírez. La idea es sencilla: que el PRO conserve el primer lugar de la fórmula y que LLA tenga una representación de peso a través de una dirigente identificada con Karina Milei.

Pero la propuesta generó una respuesta fría en el oficialismo. En La Libertad Avanza remarcan que esa fórmula no fue discutida ni acordada en la mesa formal y que se trata de una propuesta personal de De Andreis. Además, recuerdan que ni siquiera existe todavía un acuerdo nacional cerrado entre ambos espacios.
En el entorno libertario creen que CABA merece una discusión propia. Y mientras el PRO intenta conservar la candidatura principal, LLA ya comenzó a desplegar una estrategia territorial que excede cualquier negociación de escritorio.
En las últimas semanas, Pilar Ramírez comenzó a aparecer cada vez más acompañada por figuras nacionales del Gobierno en recorridas por barrios porteños. La dirigente porteña compartió presencias con Karina Milei y con Diego Santilli, además de actividades junto a otros funcionarios de peso.
El mensaje político detrás de esas apariciones es claro: La Libertad Avanza no piensa esperar a que el PRO decida qué hacer con la Ciudad.

Karina Milei viene siguiendo especialmente el armado porteño y Ramírez se convirtió en una de las figuras centrales de ese despliegue. Las recorridas sirven para instalar dirigentes, mostrar gestión y construir una estructura propia con vistas a 2027.
Santilli, por su parte, aporta una particularidad: conoce desde hace años el territorio porteño y tiene una historia política vinculada al PRO, pero ahora forma parte del esquema de Gobierno y participa de las actividades de LLA.
En el macrismo siguen con atención esos movimientos. La lectura que hacen algunos dirigentes es que el oficialismo está construyendo poder propio en la Ciudad mientras negocia con el PRO, una situación que inevitablemente condiciona la mesa nacional.
El 18 de agosto, Luis “Toto” Caputo visitó una sucursal de Lucciano’s en Las Cañitas junto a Pilar Ramírez. La actividad fue presentada públicamente como una recorrida vinculada con la economía y el consumo, pero en el entorno político porteño fue leída también como parte de la estrategia territorial que el oficialismo comenzó a desplegar en la Ciudad.

La escena fue significativa: un ministro de peso nacional, una dirigente de LLA en la Legislatura porteña y una actividad con fuerte exposición pública en uno de los barrios de la Ciudad.
Caputo conversó con el empresario Christian Otero y hasta degustó un helado de dulce de leche. Se especuló con una candidatura del Messi de las finanzas. Desde entonces, las recorridas se multiplicaron.
En el PRO miran esos movimientos con una mezcla de atención y preocupación. No interpretan necesariamente cada actividad como una definición electoral, pero sí como una señal de que LLA pretende llegar a la negociación con una estructura propia y no depender de la maquinaria amarilla.
La discusión tampoco es sencilla dentro del propio universo que rodea al Gobierno. Cerca de Patricia Bullrich transmiten resistencia a cualquier acuerdo que implique entregar el control de la candidatura porteña a Jorge Macri. La definición que circula entre sus allegados es contundente: «Bullrich no quiere poner la cabeza en una negociación cuyo resultado pueda terminar perjudicándola políticamente».

El razonamiento es que, incluso si una alianza PRO-LLA pudiera tener una enorme capacidad electoral en la Ciudad, eso no garantiza que los beneficios políticos se repartan de manera equilibrada. “Patricia no va a poner la cabeza para que se la corten aunque mida 60 puntos una alianza”, sintetizan cerca de la exministra, en referencia a la posibilidad de que el oficialismo termine respaldando una candidatura que deje al sector de Bullrich expuesto.
La tensión se explica también por la competencia interna que existe en CABA. Ramírez responde al armado de Karina Milei y cuenta con respaldo dentro de la estructura libertaria. Jorge Macri, en cambio, representa la continuidad del PRO en el distrito que históricamente identificó al partido.
Mientras la discusión se concentra en CABA, Mauricio Macri contempla la discusión desde fuera del país. Su agenda internacional incluye Estados Unidos, España e Italia. El viaje supone una pausa en el Próximo Paso Tour, la recorrida que el expresidente viene desarrollando durante 2026 para mantener presencia nacional y alimentar la posibilidad de volver a competir.

Sin embargo, cerca suyo aseguran que su rol hoy está más concentrado en ordenar al PRO que en preparar una candidatura propia. De Andreis fue explícito al respecto: actualmente no ve a Macri como candidato y lo observa “muy cómodo” en su rol de presidente del partido.
El propio entorno del expresidente transmite una idea similar. Macri monitorea las negociaciones, pero deja que sus delegados avancen mientras mantiene abierta la discusión sobre cómo llegará el PRO a 2027.
El calendario territorial continuará. Para fines de septiembre está previsto un acto en Jujuy con dirigentes y militantes del PRO del NOA. Luego vendrá la Patagonia, probablemente durante octubre o noviembre, una región cuya recorrida quedó postergada por las dificultades logísticas del invierno.
En paralelo, la Escuela de Dirigentes del PRO continúa con capacitaciones para intendentes. Hace unas semanas hubo una primera actividad con alrededor de 40 jefes comunales y el esquema apunta a ampliar el trabajo sobre comunicación, transformación digital y gestión. El objetivo es construir músculo político propio incluso mientras se negocia con Milei.

En paralelo Hernán Lacunza ya se lanzó como precandidato presidencial y plantea que el PRO debería competir separado de La Libertad Avanza, con identidad propia y manteniendo las PASO.
En el macrismo relativizan el alcance de ese lanzamiento. “Se lanzó, le avisó a Mauricio a modo informativo y Mauricio le dijo que camine”, explican cerca del expresidente.

Pero agregan una precisión: Lacunza no tiene detrás suyo a todo el partido ni existe, por ahora, una estructura nacional del PRO trabajando para su candidatura. Esta semana estuvo en Mendoza y seguirá caminando el país.
El futuro de las PASO será determinante. La reforma electoral que impulsa el Gobierno puede modificar el mecanismo mediante el cual se resuelva la competencia interna y, por lo tanto, también la relación de fuerzas dentro de una eventual alianza.
La lógica que transmiten cerca de Macri es que el PRO debe fortalecer primero su estructura y recién después definir hasta dónde avanzar con Milei. “Ellos nos meaban”, recuerdan en el macrismo al hablar de la relación que mantuvieron durante los últimos meses con La Libertad Avanza. La frase resume el nivel de desconfianza que todavía existe pese al acercamiento actual.

El apoyo legislativo al Gobierno fue importante, pero no eliminó las heridas ni la competencia territorial.
De hecho, uno de los principales objetivos del PRO es preservar dirigentes, intendentes y estructuras propias para no llegar a una negociación desde una posición de debilidad.
Mientras se discute 2027, el PRO también trabaja en la renovación de la representación en el Consejo de la Magistratura. Jimena de la Torre, actual consejera, decidió no buscar una nueva candidatura y el partido ya comenzó a explorar alternativas. En ese marco, el macrismo analiza reeditar la alianza que había construido en 2022 junto a sectores del radicalismo y agrupaciones de abogados.
En las conversaciones aparecen Abogados en Acción y Abogados por Argentina, mientras que el radicalismo vinculado a Daniel Angelici ya impulsó a Ignacio Biglieri, con Ricardo Gil Lavedra entre las referencias de ese armado. El plazo para presentar las listas vence el 14 de septiembre y la composición deberá respetar los requisitos de cupo femenino y representación federal. También allí el PRO y LLA deberán definir cómo convivir.
AL/CM










