Cristina Fernández de Kirchner, presa y con inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, abrió la puerta a una candidatura presidencial en 2027. “Cuando recupere mis derechos políticos, ¿por qué no?”, planteó la expresidenta, que además apostó a que el voto en Estados Unidos dispare una ola progresista.
En diálogo con The Washington Post, la primera entrevista con un medio extranjero desde la sentencia, eligió la víspera de las elecciones de medio término en Estados Unidos para cargar contra Donald Trump. “Paradójicamente, el hombre que ha hecho todo lo posible para ayudar a los Gobiernos de derecha a ganar en América Latina perderá las elecciones en su propio país”, afirmó.
En esa lectura enmarcó también su propio futuro y el del peronismo. “La historia no se escribe en línea recta. Hay avances y retrocesos. Pero la gente siempre regresa”, sostuvo. Según planteó, la bronca antisistema que llevó al poder a Milei y a otros líderes de derecha se volverá contra ellos cuando no cumplan con lo que prometieron.

Sobre la causa Vialidad, por la que cumple seis años de prisión domiciliaria, Cristina volvió a negar cualquier delito. “Decime dónde puse el dinero. Porque, sinceramente, si lo hubiera robado, no estaría en la cárcel. Sería libre, porque habría podido comprar al sistema judicial argentino, que es corrupto”, esgrimió
La exmandataria contó que Lula da Silva, que la visitó el año pasado, le aconsejó hacer ejercicio y no deprimirse. “No tengo derecho a deprimirme ni a atormentarme ante el sufrimiento ajeno. Sé por qué estoy aquí: por lo que represento, por el gobierno que construimos y por mi negativa a someterme a los poderes establecidos”, dijo.

El que habló de la estrategia judicial fue su abogado brasileño, Rafael Valim, exintegrante de la defensa de Lula. Aseguró que la prioridad es restituirle los derechos políticos y levantar la inhabilitación, y advirtió: “Si Argentina no cumple, preveo una movilización social irresistible por parte del pueblo argentino”.
La entrevista choca, sin embargo, con el freno que llegó desde Ginebra la semana pasada. El Comité de Derechos Humanos de la ONU le comunicó a la defensa que una decisión sobre el caso “no es inminente” y que el fondo del planteo podría tardar años, aunque no rechazó la presentación que hicieron Carlos Beraldi, Valim y el español Javier Borrego.

En el kirchnerismo todavía apuestan a una medida cautelar contra la inhabilitación antes del 6 de noviembre, cuando cierra el período de sesiones del Comité. Del otro lado, en la Corte Suprema sostienen que el ordenamiento argentino no prevé ningún mecanismo para revertir una sentencia firme a partir de una resolución de ese organismo.
El otro blanco de la entrevista fue el Gobierno. “Pero ahora muchos argentinos están frustrados porque sus vidas no han mejorado, su dinero no les alcanza hasta fin de mes y ven un gobierno que no solo no hace nada por los pobres, sino que los ataca activamente”, cuestionó la expresidenta, que reclamó propuestas creíbles sobre la deuda de las familias.
No faltó la autocrítica sobre el Gobierno del Frente de Todos. “Se produjo un colapso en la cultura laboral”, reconoció, y lo explicó por la percepción de que quien trabajaba ocho horas, aguantaba a sus jefes y viajaba largas distancias cobraba lo mismo o menos que un vecino que recibía ayuda estatal.
The Washington Post consignó que charla se cortó cuando una columna de estudiantes se detuvo frente al edificio al grito de “Cristina presidenta”, a lo que la exmandataria respondió asomándose por el balcón a saludar.
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