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La información nunca fue territorio neutral

Mientras exista una sociedad dispuesta a debatir su destino, seguirán existiendo periodistas intentando contarlos.

Marcela Feudale Por Marcela Feudale
8 de junio de 2026 - 11:13 am
en Especial Día del Periodista
La información nunca fue territorio neutral

Marcela Feudale.

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Hay oficios que nacen para ser admirados por el público y otros que parecen condenados a la sospecha de contínuo. El periodismo pertenece a esta última categoría desde el primer día, por su irreverente deseo de enhebrar con palabras paraísos e infiernos de nuestra realidad.

Cuando Mariano Moreno decidió publicar la Gazeta de Buenos Ayres, en junio de 1810, aquella impetuosa Revolución todavía estaba tratando de afirmarse y había comprendido que gobernar, incluso implicaba disputar el relato de los acontecimientos y que la ideología debía ser debidamente comunicada.

De este modo los protagonistas de Mayo pusieron acento en lo que, con el futuro, muchos de sus sucesores comprenderían como campo de batalla y sin quererlo (o sí) alumbrarían la idea de que la información nunca es territorio neutral.

Las disputas, una tradición

La historia de la Gazeta permite abrir una discusión más amplia que la simple evocación de una efeméride, porque la experiencia argentina demuestra que las disputas entre política, poder y medios no son una novedad de nuestro tiempo sino que por el contrario, forman parte de una larga tradición que atraviesa prácticamente toda nuestra historia.

Las guerras de plumas, los periódicos partidarios, los panfletos anónimos, las publicaciones financiadas por gobiernos, partidos o grupos de interés, las campañas de prensa y las controversias ideológicas existieron mucho antes de que aparecieran la radio, la televisión o las redes sociales. Resulta difícil encontrar un período de la historia argentina en el que los distintos sectores en pugna no hayan contado con sus propios órganos de difusión para defender posiciones, atacar adversarios o construir consensos.

Resulta difícil encontrar un período de la historia argentina en el que los distintos sectores en pugna no hayan contado con sus propios órganos de difusión.

Hay una primera realidad que surge de todas estas batallas y que no le escapa a quienes estudian los fenómenos comunicacionales: la prensa rara vez logra convencer al público situado en la vereda opuesta. En la mayoría de los casos funciona como un espacio de reafirmación de creencias previas, un lugar donde los lectores encuentran argumentos que fortalecen convicciones que ya poseen.

Los algoritmos han profundizado este fenómeno, el sesgo de confirmación, pero sería un error creer que es algo que nació con Ia tecnología. Lo que hoy ocurre en las redes sociales tiene antecedentes que pueden rastrearse desde los primeros tiempos de la prensa escrita.

Gobernar es comunicar

En ese sentido, la creación de la Gazeta de Buenos Ayres resulta particularmente interesante. Lejos de esconder sus objetivos, el nuevo gobierno revolucionario decidió participar en la batalla de las ideas a través de una publicación propia, donde defender sus políticas y construir legitimidad para una experiencia que recién iniciaba. El Estado revolucionario entendió desde el primer momento que gobernar implicaba comunicar. Por eso vale la pena preguntarse si aquello que hoy suele denominarse “periodismo militante” constituye realmente una novedad o si estamos frente a una característica presente desde los orígenes mismos de la prensa.

Las disputas entre política, poder y medios no son una novedad de nuestro tiempo sino que por el contrario, forman parte de una larga tradición.

Mariano Moreno entendía que se necesitaba construir un vínculo permanente con la población y que dejar vacante ese espacio implicaba entregárselo a sus adversarios. La revolución debía explicarse, justificarse y defenderse todos los días.

Queda claro que no resultó tarea sencilla, ya que pronto la Junta se encontró ante la necesidad de justificar decisiones que, incluso dentro del campo revolucionario, generaban controversias. Así, el fusilamiento de Santiago de Liniers, héroe de la Reconquista y antiguo virrey, obligó a utilizar las páginas de la Gazeta para explicar como necesaria una medida extrema, lo que dejaba entrever la convicción de que las palabras forman parte de la lucha por el poder.

La batalla cultural

Así como hoy, las redes traccionan ideología en posteos cuidadosamente elaborados y son vehículo de controversias políticas entre la población, los hombres de Mayo consideraron que la legitimidad también pasaba por los festejos públicos, un camino de difusión directo de sus planes.

Los repiques de campanas, la iluminación nocturna del Cabildo, las celebraciones cívicas y la música militar pasaron a formar parte de una escenografía cuidadosamente diseñada para transmitir la idea de que la revolución no solo avanzaba en el campo de batalla.

No fue casual que, a partir de 1811, comenzaran a institucionalizarse las celebraciones de Mayo. En parroquias y espacios públicos se promovían actos destinados a fortalecer la adhesión popular con un lenguaje cuidadosamente administrado. Se hablaba de libertad civil más que de libertad política, un modo que permitía difundir nuevos ideales sin romper con la fidelidad al rey cautivo Fernando VII.

Pero la Junta tenia oposición y del otro lado del Río de la Plata comprendieron que el combate no era solo cuestión de navíos. Desde Montevideo, el virrey Francisco Javier de Elío impulsó la creación de un periódico destinado a responder los argumentos revolucionarios y con apoyo de la infanta Carlota Joaquina consiguió los recursos necesarios para instalar una imprenta que en octubre de 1810 comenzó a publicar la Gazeta de Montevideo. Comenzaba así una nueva guerra de plumas, en la que sus redactores señalaban como propósito fundamental combatir las falsedades, calumnias y tergiversaciones difundidas desde Buenos Aires.

Llama la atención una escena que resulta sorprendentemente familiar para cualquier lector del Siglo XXI y es que lo que para un sector era información, para el otro era propaganda y que lo que unos llamaban verdad, los otros lo denunciaban como manipulación.

 

En 1810 comenzó una nueva guerra de plumas, en la que sus redactores señalaban como propósito fundamental combatir las falsedades, calumnias y tergiversaciones difundidas desde Buenos Aires.

Apenas habían transcurrido unos meses de la Revolución de Mayo y ya existían dos periódicos enfrentados, dos relatos incompatibles sobre los mismos acontecimientos y dos proyectos políticos disputándose la legitimidad frente a la opinión pública, de modo que estas confrontaciones no constituyen novedad alguna.

La diferencia es que las herramientas cambiaron. Rodeados de tecnología, ya no hablamos de imprentas sino de plataformas o aplicaciones digitales, ya no recibimos panfletos sino posteos y aunque la música sea distinta la canción sigue siendo la misma.

De la Gazeta a Milei

En este contexto actual se inscribe la relación del gobierno de Javier Milei con la prensa, donde la discusión gira alrededor de infinidad de viejos y nuevos modos de comunicación que funcionan como espacios de construcción política y en los que el fin sigue siendo la necesidad de comunicar, persuadir y desacreditar versiones adversas en el afán de construir poder.

Desde la campaña presidencial de 2023 hasta la actualidad, la relación entre Javier Milei y buena parte del periodismo argentino estuvo marcada por una constante confrontación que escaló desde lo verbal hasta las denuncias judiciales y descalificaciones. Antes de su llegada a Casa Rosada su imagen pública se construyó en base a episodios violentos, tanto con comunicadores como con oponentes políticos, imponiendo un estilo verbal basado en la procacidad y los excesos.

La palabra “ensobrados” se convirtió en una de las expresiones más repetidas por el presidente para referirse a periodistas críticos. A ella se sumaron otras definiciones todavía más agresivas. “Mentirosos”, “corruptos”, “basuras”, “operadores”, “torturadores seriales”, “miserables” o “pedazos de soretes”, expresiones pronunciadas tanto en entrevistas como en publicaciones realizadas desde sus redes sociales. El tono presidencial no sólo alimentó un clima de hostilidad hacia la prensa sino que además habilitó campañas de agresión digital contra periodistas identificados como opositores al gobierno.

La estrategia oficial también modificó la relación entre el poder político y los medios. Las entrevistas presidenciales comenzaron a concentrarse en un número reducido de comunicadores afines al oficialismo, mientras que las redes sociales pasaron a ocupar un lugar central en la construcción del mensaje gubernamental. La comunicación directa, sin intermediarios y sin repreguntas que pudiesen incomodar, fue presentada por el mileísmo como una forma de romper el supuesto monopolio informativo de los medios tradicionales.

Sumado a las agresiones, durante 2024 y 2025 el presidente promovió denuncias judiciales por calumnias, injurias o falsa imputación contra diversos periodistas, presentaciones que estuvieron vinculadas a opiniones periodísticas, análisis políticos o comparaciones realizadas en medios de comunicación, lo que dio a pensar que el presidente tiene poca resistencia para tolerar  la crítica periodística y la libertad de expresión.

El presidente tiene poca resistencia para tolerar  la crítica periodística y la libertad de expresión.

En paralelo se consolidó una estructura de comunicación política apoyada en influencers, streamers, cuentas militantes, y dirigentes dedicados casi exclusivamente a la denominada “batalla cultural”, en la que aparecen figuras como Agustín Laje o el Gordo Dan, comunicadores digitales alineados con el oficialismo. Y no están solos. Forman parte de un entramado de cuentas que funcionan como amplificadores del discurso presidencial con el objetivo de persuadir adversarios, consolidar identidad, disciplinar debates internos y discutir sobre conceptos como libertad, Estado, feminismo, derechos humanos, educación pública o prensa.

Quizás lo más llamativo de todo este recorrido sea descubrir que, detrás de las nuevas tecnologías, los argentinos seguimos discutiendo cuestiones extraordinariamente parecidas a las que atravesaban a quienes fundaron la Gazeta de Buenos Ayres hace más de dos siglos.

Cambiaron los formatos pero la cuestión sigue siendo la misma y es que país queremos construir y quién tiene la capacidad de imponer el sentido de esa construcción. Como antes, como ahora, sigue estando en danza la manera en que nos pensamos como sociedad, la interpretación de nuestro pasado, nuestras expectativas a tiempo futuro y la definición de conceptos tan sensibles como libertad, soberanía, independencia o justicia social.

No son privilegios, es libertad de expresión

En este nuevo Día del Periodista la profesión sufre tensiones y agresiones que resultan imposibles de ignorar. A las dificultades económicas que afectan a buena parte de la actividad se suma un clima de confrontación que ha colocado nuevamente a los trabajadores de prensa en el centro de la escena pública mediante una fuerte estigmatización de muchos de sus representantes.

Las descalificaciones presidenciales, los insultos dirigidos contra periodistas, las denuncias judiciales contra comunicadores y comunicadoras y la permanente sospecha sobre la legitimidad de la tarea periodística forman parte de un escenario que obliga a volver sobre principios que parecían definitivamente consolidados.

No es búsqueda de privilegios sino que se trata de recordar que la libertad de expresión y la libertad de prensa constituyen garantías constitucionales que protegen la salud del debate público, sobre todo cuando nuestras opiniones resultan poco cómodas para quienes ejercen el poder.

La libertad de expresión y la libertad de prensa constituyen garantías constitucionales que protegen la salud del debate público.

Y es aquí donde reside la vigencia de la entrañable e iniciática Gazeta de Moreno, que dio el puntapié inicial el 7 de junio de 1810. Originó la tradición periodística e inauguró una discusión aún abierta y saludable, como son la disputa por las ideas y la interpretación de los hechos.

Y aunque a nuestro presidente le moleste, mientras exista una sociedad dispuesta a debatir su destino, seguirán existiendo periodistas intentando contarlos.

Feliz día del Periodista

MF/SC

Temas: Día del PeriodistaMarcela Feudale
Marcela Feudale

Marcela Feudale

Locutora Nacional, Periodista Instituto Grafotécnico. Licenciada y Profesora de Historia de la USAL. Conductora Programa Feudalismo Radio 10. Conductora Programa EPA @esciclico. Columnista Portal de Noticias @C5N. Panelista programa DDD Canal C5N.

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