Ese domingo 22 de junio de 1986 a las 16.09, Luis Aparicio gritó el segundo gol de Diego Maradona ante Inglaterra como nunca lo había hecho por un partido de fútbol. Gritó tanto que se quedó sin voz y se descompuso. En ese instante, en el que el arquero Peter Shilton quedó rendido antes las piernas del 10, sintió que del cuerpo brotaba un veneno que tenía atomizado desde hacía cuatro años. “Me salió todo el pus que tenía adentro”, recuerda cuatro décadas después.
Luis Aparició había estado en las Islas Malvinas. Tenía 20 años cuando lo designaron a la Compañía B, Regimiento 7, y lo mandaron al Monte Longdon y, para él, ese gol de Maradona fue una reparación. “Diego nos vengó”, cuenta y con eso basta, no hay pedidos para la selección de Lionel Scaloni.
“Con esos dos goles que hizo Diego, con esos dos instantes mágicos, nosotros sentimos que eso está saldado. Claro que quiero que les ganemos, es un partido importante, es una semifinal del mundo, pero lo que quisiera es que los muchachos tengan la cabeza fría para poder jugar al fútbol”, agrega.
Diego Maradona ya hizo justicia. Lo hizo con sus piernas, con su puño, con la rebeldía y el coraje con los que se paraba dentro la cancha y que también sostenía afuera. Para Luis Aparicio, el próximo partido ante Inglaterra por los cuartos de final de la Copa del Mundo no es una revancha sino un desafío para la selección. “Los temas personales quedaron saldados en el ´86. Recuerdo gritar el segundo gol contra los ingleses y creo que en mi vida podría gritar tanto un gol como esa vez. Ahí sentí como un desagravio. Era por los pibes, por los chicos que quedaron allá”, sigue.
Este miércoles, Luis Aparicio se sentará en el costado izquierdo del sillón junto a Valentina, su esposa, que es la que se encarga de hacer respetar las cábalas. Si funcionó hasta ahora, todo seguirá igual: cada uno respetará sus posiciones, nadie más podrá sumarse a ver el partido, sus hijos se quedarán en sus casas como lo hicieron en el primer encuentro de la selección, no se gritará el gol hasta que la pelota pase la línea blanca del arco.
Como hincha de Estudiantes de La Plata, el espíritu de Carlos Bilardo está en cada partido y así se cumplirá. “Si ganan sería hermoso, sería la frutilla del postre. Pero es un partido de fútbol, no necesitan esto para que el pueblo los quiera porque hace ocho años que vienen demostrándonos humildad, grandeza, además de los títulos que nos dieron”, le dice a La Pluma.
Para Luis Aparicio, la Scaloneta es “una metáfora de lo que quisiéramos ser como sociedad, estar todos juntos, jugar por el mismo lado, alegrarnos al mismo tiempo”. Dice que “lamentablemente no pasa en la Argentina. El mérito es del cuerpo técnico y de una generación de muchachos increíble”.
Sobre las declaraciones de Lionel Scaloni, que dijo en conferencia de prensa que se trata de “un partido más”, Aparicio dice que entiende que tienen que “ubicarse en el partido”. “A la edad que tenemos son partidos para disfrutar. Ellos han nacido acá, han estudiado en escuelas públicas de acá, ya saben del territorio usurpado, saben del reclamo de Malvinas. Pero son profesionales. Ellos juegan al fútbol como uno puede ser médico o maestro, pero en el fondo ellos saben que para nosotros no es lo mismo”, cuenta.
En ese recorrido entran las canciones de la hinchada en Qatar 2022. “Esos cánticos que hablaban de los pibes de Malvinas, eso también es un mimo para el alma. Que se acuerden de los chicos que murieron en las islas es un mimo. Yo sé que los jugadores van a intentar ubicarse en el partido, que lo van a hacer porque son excelentísimos profesionales. Sería un desahogo también para ellos”, agrega.
“El reclamo sobre el territorio usurpado es permanente y no depende del resultado de un partido de fútbol”, cierra.
CDB/ VDM










