Faltan menos de 24 horas para un nuevo miércoles cargado de tensión en Diputados. La oposición llega con proyectos para la interpelación a Adorni después de tropiezos, un pedido de sesión que se cayó, una recomposición forzada con UxP y un temario ampliado para pescar indecisos. El oficialismo, por su parte, diagramó una contrasesión para bloquear la movida opositora —una hora antes, con temas de su agenda parlamentaria— y en paralelo a una interna que explotó en redes el fin de semana. Los dos lados llegan al miércoles golpeados, con un poroteo abierto y sin resultados garantizados.
La estrategia del Gobierno es que si la sesión de las 10 —con la «Ley Hojarasca», Zonas Frías y tratados internacionales— se constituye y avanza, la de las 11, pedida por la oposición, no puede abrirse en paralelo. La convocatoria opositora quedaría automáticamente neutralizada. Para que eso funcione, el oficialismo necesita que PRO, UCR, bloques provinciales y aliados bajen a tiempo y se queden el tiempo suficiente. Según el poroteo que maneja la Casa Rosada, creen tener cerca de 134 voluntades, según informó PERFIL. Pero hay un problema que no es menor: el proyecto de Zonas Frías —que recorta subsidios al gas en once provincias aliadas— es el que más traba genera, y el Gobierno evalúa compensaciones todavía sin definir para atenuar la resistencia.
El oficialismo roto que tiene que sostener la sesión
El Gobierno llega al miércoles con una herida abierta. El fin de semana, Santiago Caputo expuso en X el vínculo entre la cuenta anónima @PeriodistaRufus y el entorno de Martín Menem, desatando una tormenta digital que el presidente de Diputados intentó apagar el lunes con un mensaje al grupo de WhatsApp del bloque: «Un error involuntario del community manager», dijo, pero también habló de una «canallada sofisticada» de alguien que lo quería perjudicar.

Pero esa pelea de redes no es un episodio aislado: es la expresión más reciente de una interna que viene de antes y que tiene raíces más profundas. La tensión entre el karinismo y el caputismo ya había tenido capítulos previos: la pelea entre Lilia Lemoine y el Gordo Dan a fines de abril, cuando Lemoine le escribió a un usuario que cuestionaba a Sebastián Pareja «dejá de seguir a Milei» y Parisini respondió con un «No» que desencadenó días de guerra, con Caputo respaldando a Las Fuerzas del Cielo y Milei retuiteando a Lemoine. La reunión de influencers en Olivos —donde Lemoine y Tronco llevaron a siete creadores de contenido a ver a Milei sin avisar al ecosistema caputista— fue otro capítulo. La pelea de Menem, el más reciente.
Ahora son esos mismos actores los que tienen que sentarse juntos, contar bancas y sostener una sesión. Menem como presidente de la Cámara, Caputo monitoreando desde afuera. La interna no desaparece porque haya una sesión.
La oposición se ordenó a las apuradas
Del otro lado, la oposición llegó a este miércoles después de un proceso que no fue prolijo. La primera sesión, impulsada por Esteban Paulón para el 14 de mayo, se cayó la noche antes porque el quórum no cerraba: el PRO confirmó que no bajaba, la UCR de Verasay tampoco, los bloques provinciales dialoguistas tampoco, y UxP directamente no había firmado porque «avanzaron sin dialogar con nosotros», como dijeron a La Pluma. La marcha universitaria del martes les dio impulso político para rearmar. Y ahí vino el cambio: el nuevo pedido llegó con la firma de Germán Martínez, Cecilia Moreau y varios legisladores del bloque peronista, que en el pedido original no estaban. Con ellos adentro, el número es más manejable.

El temario también cambió. A los cuatro expedientes sobre Adorni —interpelación, pedidos de informes patrimoniales y moción de censura— se sumaron la citación a Pettovello y Caputo por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, proyectos sobre licencias parentales, el Programa Remediar y mejoras en el PAMI. La lógica es que un temario más amplio le da a cada bloque algo propio para defender, hace más caro el ausentismo y reduce el margen para que el Gobierno los pinte como una movida puramente antioficialista.
El miércoles tiene cuatro escenarios posibles. El primero: el oficialismo reúne quórum a las 10, avanza con su temario y «pisa» la sesión opositora. El segundo: el oficialismo no reúne quórum a las 10 o cierra rápido, y la oposición logra constituir la de las 11. El tercero: ninguna de las dos sesiones se constituye. El cuarto —el más improbable pero no imposible—: ambas sesiones se desarrollan en momentos distintos del mismo día.
Pero más allá de los escenarios técnicos, lo que el miércoles va a revelar es político: cuántos legisladores están dispuestos a bancar al Gobierno frente a una oposición que con mucha dificultad logró organizarse, cuántos gobernadores resignan presión para no quedar pegados al blindaje de Adorni, y si la interna que estalló este fin de semana entre Menem y Caputo deja alguna fisura concreta en la capacidad del oficialismo de operar en el recinto. Esas respuestas las dará la lista de presentes del miércoles.
JD/CM






