Los alquileres temporarios enfrentan una gran crisis en Argentina, marcada por el abaratamiento del dólar, la sobreoferta de propietarios y la caída del turismo internacional. En ese marco, el negocio que fue impulsado en los últimos años por plataformas como Airbnb sufre un retroceso que obliga a los dueños de inmuebles a cambiar de estrategia.
El atraso cambiario es un factor clave para explicar este fenómeno, ya que la brecha entre los distintos tipos de dólar provocó que la moneda extranjera rinda menos, acompañada de un encarecimiento del costo de vida en pesos. En este marco, los propietarios enfrentan un crecimiento de los costos operativos, mientras que el ingreso en dólares se mantiene estable, lo cual baja la rentabilidad.
En los últimos años, la cantidad de propiedades disponibles para alquiler temporario creció al punto tal que superó las 30.000 unidades activas en el país. Esto también obligó a los dueños a bajar precios para poder seguir compitiendo.
Según la consultora AirDNA, solo en la Ciudad de Buenos Aires la oferta pasó de menos de 9.000 publicaciones a principios de 2022 a más de 23.000 hacia fines de 2023, en su mayoría departamentos de uno y dos ambientes.

La brecha de rentabilidad entre el alquiler temporario y el tradicional se redujo significativamente al punto de que ambas formas generan rendimientos similares en la actualidad. En 2023, el modelo tipo Airbnb podía generar hasta 2,5 veces más ingresos.
Según un cuadro de la especialista Soledad Balayan, la cantidad de avisos de departamentos para alquiler permanente y temporario mostraron una tendencia clara desde que el presidente, Javier Milei, firmó el DNU (70/2023) de desregulación económica. En enero de 2024, habían más de 10.000 avisos para alquiler temporario, mientras que el permanente mostraba alrededor de 5.000. A mayo de 2026, los avisos para departamentos temporarios bajó a menos de 4.000, mientras que el esquema tradicional supera los 14.000 avisos.

El turismo internacional se viene a pique
El modelo cambiario que impuso el Gobierno generó la expulsión de los turistas extranjeros. En esa línea, el turismo receptivo sufrió un fuerte desplome. En 2025, 11,2 millones de argentinos viajaron al exterior, mientras que los que ingresaron a la Argentina fueron 4,8 millones, lo que significó un saldo negativo de 6,4 millones.
En lo que va de este año, el turismo receptivo fue de 1,7 millones turistas, mientras que el emisivo fue 4,5 millones.
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