El relato de la estabilidad económica ya no convence ni dentro del universo político que respaldó las reformas de Javier Milei. La Fundación Pensar, vinculada al PRO, advirtió que la mejora de los indicadores macro no llegó al bolsillo de la mayoría de los argentinos y alertó sobre un récord de endeudamiento de los hogares.
Bajo el título «Atrápame si puedes – Parte II», el documento adquiere un peso político particular porque proviene de un espacio aliado de la Casa Rosada. En ese contexto, la principal advertencia apunta al fuerte crecimiento del endeudamiento de los hogares, un fenómeno que, según el informe, refleja las dificultades que atraviesan amplios sectores para sostener el consumo con ingresos que todavía no recuperan el poder adquisitivo perdido.
El diagnóstico coincide con una realidad que distintos indicadores vienen mostrando desde hace meses. Aunque la inflación se desaceleró respecto de los niveles registrados durante 2024 y parte de 2025, esa mejora no tuvo un impacto uniforme sobre los salarios y las jubilaciones. Así, mientras algunos indicadores financieros muestran señales positivas, buena parte de las familias continúa apelando al crédito para afrontar gastos cotidianos.
En ese marco, la Fundación Pensar resume su análisis con una definición contundente: «La estabilización económica ya no alcanza; el desafío es que el crecimiento llegue a la mayoría». Además, describe un escenario social fragmentado al señalar que «la Argentina social quedó partida entre quienes ya sienten alivio, los que todavía esperan, aquellos que se adaptan como pueden y los que sienten que el ajuste les cayó directamente encima».
A partir de esa caracterización, el informe divide a la sociedad en cuatro grandes grupos. Por un lado aparecen los «ganadores tempranos», integrados por quienes cuentan con capacidad de ahorro, poseen activos o pertenecen a sectores favorecidos por el nuevo esquema económico. Luego ubica a los «esperadores», principalmente sectores de clase media formal que aún no perciben mejoras importantes, aunque mantienen expectativas favorables sobre el rumbo del Gobierno.
El tercer segmento corresponde a los «ajustados», integrado por familias de clase media baja que perdieron capacidad de consumo sin haber caído necesariamente en la pobreza. Finalmente, identifica a los «perdedores directos», entre los que incluye a jubilados de la mínima, trabajadores informales y empleados públicos, sectores que, según el estudio, quedaron rezagados frente a la evolución de la inflación durante el proceso de ajuste.
Uno de los ejes centrales del documento es el deterioro de la situación financiera de las familias. En ese sentido, afirma que «el récord de endeudamiento familiar muestra una de las principales tensiones del momento económico. La tarjeta y los préstamos personales funcionan cada vez más como un complemento del salario, donde se registra deuda de corto plazo utilizada para financiar consumo, cubrir gastos cotidianos y llegar a fin de mes». La conclusión cuestiona uno de los argumentos del Gobierno, que suele presentar el crecimiento del crédito como una señal de recuperación, cuando una parte importante de esos préstamos se destina a cubrir gastos básicos y no inversiones o bienes durables.
El informe también incorpora una columna del exministro de Economía Hernán Lacunza, titulada «Para llegar al destino, el camino importa», en la que analiza los costos distributivos del programa económico. Allí sostiene: «Entre fines de 2023 y la primera mitad de 2026, los perceptores de asignación universal por hijo vieron duplicado su beneficio, pero los jubilados, con bono complementario, perciben 15% menos de haberes, los empleados públicos un 17% menos de salario real y los profesores universitarios un 26%. La obra pública se redujo 80% y se sitúa en mínimos históricos».
El trabajo se completa con un análisis de la consultora Mora Jozami, que advierte que «la economía muestra ganadores más claros que hace un año. Pero la Argentina social sigue partida» y agrega que «el Gobierno logró construir una narrativa de orden. Ahora necesita construir una experiencia de mejora». El relevamiento también revela que el 49% de los jóvenes asegura que el salario no alcanza para cubrir sus necesidades, el 46% de los trabajadores teme perder el empleo y el 44% resignó consumos habituales.
A eso se suma el deterioro del mercado laboral, otro de los puntos que, según la fundación, condicionan la recuperación económica. De acuerdo con el relevamiento, la informalidad alcanzó al 44,2% de los trabajadores ocupados durante el primer trimestre de 2026, lo que representa un incremento de 2,2 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior. Asimismo, los salarios del empleo público volvieron a perder terreno: en mayo crecieron apenas un 1,5% mensual, por debajo del índice general de salarios y también de los aumentos registrados en el sector privado no registrado.
En paralelo, el estudio señala que la desocupación se ubicó en el 7,8% durante el primer trimestre del año, mientras que la subocupación alcanzó al 11,1%. Además, el 15,8% de las personas con empleo aseguró estar buscando otro trabajo, un dato que refleja la pérdida de calidad del empleo y la insuficiencia de los ingresos para sostener el nivel de vida.








