A Jonathan Espósito lo llaman Jony. Es hijo de Mary, hermana de Maradona: Jony es el sobrino de Diego. Se instaló con él en la casa del Tigre durante la internación domiciliaria. En el juicio se esperaba que diera detalles sobre esos catorce días pero resultó ser uno de esos testigos que están en zona de frontera: ¿es o se hace? Sin embargo, de su testimonio se desprende que Maradona llevaba muchas horas muerto al momento en el que entraron en la habitación para despertarlo.
Jony tiene tres hijos. Para 2020, el año de la pandemia, se había quedado sin trabajo. Al parecer Maradona le pidió a Morla que lo contratara. ¿Para qué? Para hacerle compañía. Por ese trabajo percibía un sueldo. Su tarea consistía en «estar con él», que vendría a ser «levantarlo, desayunar, entrenar…». Todo esto lo vamos sabiendo a tirones porque Jony es un compendio de «sí, no; y después, bajón bajón; no sé». Pocas palabras, cierta falta de comprensión de las preguntas.
Primero lo interrogó Cosme Iribarren, fiscal. Le preguntó por el día de cumpleaños de Maradona y el homenaje en la cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata: «No se quería levantar, no sé si estaba bajón, lo llevamos al partido, él no quería ir». Alberto Ortolani, juez, intervino: «¿Y si no quería ir por qué fue?». Volvió una respuesta muy vaga: «No sé si por GELP o por Maxi (N. de la. R: por Pomargo)». El fiscal Iribarren quiso saber cómo era la casa del Tigre. Dijo el sobrino: «Una casa». Iribarren pidió detalles: «Una casa de dos pisos», completó Jony.
El tribunal lo advirtió al menos tres veces, como si fuese un recién llegado: «Este es un juicio por un crimen, necesitamos que se explaye». La mañana de la muerte, el 25 de noviembre de 2020, Jony entró en la habitación alertado por el psicólogo Carlos Díaz y la psiquiatra Agustina Cosachov. Su tío no despertaba. «No se quiere levantar», le habría dicho la psiquiatra. Entones entró en la habitación. Fue él quien pidió que llamen a la ambulancia.
Recordó ante los jueces que la mano derecha de Diego colgaba de la cama, que «pesaba», que estaba «frío». Que la lengua asomaba entre los labios. Los pies hinchados. Lo que sabe, supo o memorizó aparecía en un solo plano, sin precisiones. Pero la descripción de la escena en la habitación indicaría que Maradona llevaba horas sin vida. ¿A quién le correspondía controlarlo?
Como la tesis de la Fiscalía, con la que coinciden los acusadores, es que el equipo tratante durante la internación domiciliaria estaba conformado por el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz, Iribarren preguntó si antes de Tigre, en Brandsen, los había visto. «En Brandsen estaban los médicos de él, Luque y Cosachov», vaciló Jony. No ubicó al psicólogo Díaz, pero sí en Tigre. Gianinna, presente en la sala, comía pochoclos.
El sobrino Jony dijo que creía que la operación el hematoma subdural había sido por un resbalón en el baño de la casa de Brandsen, que no se había mencionado hasta ahora en este juicio. Agregó que no sabía «adónde iba» ni por qué: «Que era una internación me enteré por mi tía Rita». Que ya en Tigre lo llamó a Luque para pedirle que fuera por «como estaba él, que estaba hinchado». Qué cómo estaba: «Y… echado». Qué echado cómo: «Maradona no sabía por qué estaba en la casa».
Dalma, también en la sala, masticaba bronca junto a su hermana. «Los últimos tres días estuvo encerrado. No quería salir. Estaba en la cama. No comió. El día antes (N. de la R.: de la muerte) le dejamos unos sanguchitos de miga«, intentó Jony. Esa noche Diego no quiso cambiarse la remera. Según el relato de Jony, el enfermero le tomó los signos vitales. Así quedó asentado en el chat «Tigre».
Escuchamos unos audios en los que Jony parece más suelto, aunque lento, como para ponerlo en 2x. Alberto Gaig, presidente del tribunal, le pide que hable así como en los audios. «Me dicen El Mudo a mí, porque no hablo», explicó el sobrino al juez.
No hay forma elegante de decirle a alguien en la cara que es poco instruido, limitado o tonto. Pero Fernando Burlando, representante de Dalma y Gianinna, le encontró le encontró la vuelta: «¿Nivel de estudios?», preguntó. Jony no terminó cuarto año del secundario. Dalma y Gianinna no confían: no es tonto o tiene miedo porque llegó ahí con la aprobación de Morla. Escuchamos audios entre Jony y Luque. Nos enteramos de que la medicación por movilidad las camuflaban en los tubitos de Redoxón.
«Diego no lo quería al psicólogo», nos reveló Jony. Parece que era «muy metido». Sobre el alcohol, dijo que no vio a su tío tomar en Tigre, pero que tampoco recibió una orden clara sobre controlar que no ingrese vino o cerveza a la casa. Mencionó, además, que Luque se quejaba si se enteraba, como sucedió en Brandsen, que que Maradona había tomado.
Hubo un pico de tensión con un Jony que ya estaba totalmente agotado. Nicolás D’Albora, abogado de Nancy Forlini –imputada, coordinadora de cuidados domiciliarios de Swiss Medical– puso en pantalla un chat del 20 de noviembre, cinco días antes de la muerte. Jony le contaba a Luque que había salido a dar una vuelta con Maradona, posiblemente en un auto, posiblemente a un hipermercado. Luque les respodió en un audio: «Vengansé que hacemos un asado en casa». Presentaron ese intercambio como una bomba, pero quedó en chasquibúm: ¿salieron? ¿salieron del barrio? ¿cómo, a qué, qué hicieron? ¿De Tigre a Adrogué, donde vive Luque? No supimos, el chat termina ahí.
VDM





