Una botella al mar, un mensaje en el chat «Tigre». En la audiencia 22 del juicio por la muerte de Diego Maradona declararon tres enfermeros que lo asistieron, en distintos turnos, durante la internación domiciliaria en la casa de Tigre. Surge de sus declaraciones que no tenían muy claro a quién o quiénes reportaban en el grupo de WhatsApp en el que debían informar a diario sobre la salud del futbolista. Surge, también, que no hubo indicaciones precisas en cuanto a la atención que debían darle. ¿Quién debía responder, en términos médicos, a los enfermeros? Por ahora, un misterio.
El chat «Tigre» es prueba en este debate. Una empleada administrativa de Medidom, la tercerizada de cuidados domiciliarios de Swiss Medical, creó el grupo el 11 de noviembre, día de la externación de Maradona de Clínica Olivos, donde lo habían operado por el hematoma subdural.
Medidom empleaba, al momento de la muerte del futbolista, a Mariano Perroni, coordinador de los enfermeros, imputado en este juicio, e integrante del chat. A Perroni le encargaron la búsqueda de enfermeros para la asistencia de Diego, los reemplazos y los rotantes. También los sumaron al grupo.
Nancy Forlini, jefa de cuidados domiciliarios de Swiss Medical e imputada, también estaba en el chat, con participación activa dado que debía proveer lo que requerían los médicos tratantes. Participaban los enfermeros Gisella Dahiana Madrid y Ricardo Almirón, también imputados. Y el médico clínico Pedro Di Spagna, imputado.
Siendo ocho los acusados -siete en este juicio porque la enfermera Madrid será juzgada aparte-, los que no estaban en el chat «Tigre» son los tres apuntados por la Fiscalía y las querellas, los médicos tratantes: el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz.
Se supo en este debate que Forlini, la coordinadora de Swiss Medical envió un audio al grupo con una advertencia: los enfermeros tenían prohibido comunicarse con los médicos tratantes. La comunicación, en cambio, se haría a través suyo con la información volcada en ese chat. Les recordó que las planillas de evaluación diaria quedaban en la casa y que el equipo tratante -Luque, Cosachov y Díaz- podían ir y revisarlas o llamar al teléfono de línea.
En la planilla de evolución se informaba lo que iba al chat: si Diego comía o no, si dormía, frecuencia cardíaca y la tensión arterial, constipación o evacuación, si deambulaba, si había tomado la medicación… Del 11 al 24 de noviembre -lo que duró la internación domiciliaria- hubo episodios que requerían un tipo de atención que no podían dar los enfermeros.
El 13, por ejemplo, Maradona se intoxicó. Había comido camarones con brócoli a la provenzal, un plato de Monona, la cocinera. Almirón, el enfermero de turno, preguntó si Diego podía tomar un antiemético. Di Spagna, el médico clínico, sugirió en el chat llamar a la ambulancia y si se negaba a que lo revisen, diez gotas de reliverán, y «que afloje con la comida». También insistió con la visita de un nutricionista que le ordenara la dieta. Almirón además avisó que tenía el pie derecho edematizado. Di Spagna escribió que quizás la comida tenía mucha sal. Atención a distancia: 2020, la pandemia. Al final a Maradona le dieron las gotas.
Casi seis años después de ese episodio, en este nuevo juicio por la muerte de Diego, tres enfermeros declararon al tribunal. De una puesta en común de sus declaraciones surge que ninguno recibió la historia clínica del paciente, no vieron una ambulancia y todos pudieron controlar los signos vitales del futbolista. Pero lo notable fue que preguntados sobre a quién le reportaban cuando informaron al chat, los tres dudaron. De distintas maneras dieron a entender que alguien iba a tomar nota o decisiones.
La que se fue tirando besitos
Tamara Mansilla, enfermera llegó en la noche del 13 de noviembre de 2020 a la casa de Tigre, después de la cena de los camarones. A Mansilla no le habían dado más indicaciones que controlar los signos vitales, lo que contradice la versión de Perroni que, cuando declaró, dijo que no era obligatorio que lo hicieran. En su turno no le tocó medicar. Anotó en la hoja de enfermería qué hacía Diego Maradona y a qué hora lo hacía.
Ante los jueces dijo: «No había absolutamente nada», en referencia al equipo básico necesario ante una emergencia. Tampoco desfibrilador ni ambulancia, como pidió originalmente la psiquiatra Cosachov dos veces: el 4 y el 13 de noviembre. Ese pedido se «perdió» en la burocracia de Swiss Medical. El que no se perdió y es el escudo de la prepaga, es el acta de externación donde la empresa consignó que sólo proveerían enfermeros y acompañantes terapéuticos, y que Cosachov firmó sin leer.
Que Forlini haya bloqueado la comunicación entre los enfermeros y Cosachov podría ser a cuenta de los mensajes que le envió Mansilla a la psiquiatra. Le contó que Diego había pedido una benzodiacepina para dormir y que ella le respondió que no lo tenía indicado. «Todos se creen médicos», contó la enfermera que respondió Maradona.
Avanza el juicio y las defensas, al principio abroqueladas, empiezan a señalarse entre sí: «no era yo, era él». Los abogados de Luque apuntaron a Di Spagna por haber escrito en el grupo que le dieran reliverán o llamaran a la ambulancia. Francisco Oneto apretó a la enfermera Mansilla. Su estrategia consistía en ubicar al médico clínico en el lugar de médico tratante, en el que los acusadores ubican al neurocirujano.
«¿Eso no es hacer un seguimiento? ¿Eso no es dar una indicación?»: asaltó Oneto. Determinante, la enfermera respondió que «un seguimiento por WhatsApp no es un seguimiento porque el seguimiento es presencial» y que lo del reliverán «es una sugerencia porque indicación es cuando hay firma y sello del médico». Terminada su declaración, Mansilla le tiró un beso a Dalma y Gianinna, presentes en la sala, antes de irse. Julio Rivas, defensor de Luque, protestó. Si no fuera un juicio por homicidio nos reiríamos.
Cuatro noches con Diego
Siguió Aldo Arnez, enfermero, asistió a Maradona cuatro turnos, todos de noche. Que no tuvo inconvenientes, que pudo tomarle los signos vitales y que le dio la medicación: dijo todo eso. La medicación y los horarios estaban anotados en un papel y pegados en la puerta de la heladera, sin sello ni firma. También recordó que «Forlini preguntaba si había novedades», que ella y Perroni daban las indicaciones, y que nadie le informó quiénes eran los encargados de la salud del paciente.
«Donde no te vea»
La última, Daiana Cáceres, enfermera. «Informaba en el chat, estaban los médicos, no sé quiénes eran los médicos», dijo Cáceres y agregó haberse cruzado con Luque el 22 de noviembre, tres días antes de la muerte. «Se presentó como un amigo de él que era médico tratante de él», sumó la enfermera.
Cáceres no reportó que había notado cierta retención de líquidos «porque ese día lo había visto el médico», por Luque. Habló del sobrino, Jonathan Espósito y de las custodias, en general dos, siempre presentes. Ellos le pidieron que las planillas las complete donde Diego no pudiera verla. Para no alterarlo, para no molestarlo. Ese domingo, el último, Maradona escuchó música en el living.
VDM






