La visita de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, volvió a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa casi siete décadas de la economía argentina: ¿los programas de financiamiento del organismo contribuyen a estabilizar la economía o terminan alimentando procesos de endeudamiento y fuga de capitales?
El debate cobró nuevo impulso tras el acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF) por US$ 20.000 millones que el Gobierno de Javier Milei firmó con el FMI en abril de 2025. Mientras el oficialismo sostiene que los desembolsos fortalecen las reservas del Banco Central y consolidan el programa económico, economistas críticos advierten que la historia argentina muestra una fuerte asociación entre los préstamos del organismo, la liberalización financiera y la salida de divisas.

Una discusión con más de seis décadas de historia
La relación entre el FMI y la fuga de capitales no comenzó con el préstamo récord otorgado durante el gobierno de Mauricio Macri en 2018. Diversos estudios sostienen que el fenómeno se repitió en distintos momentos desde el primer acuerdo firmado con el organismo en 1958.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), buena parte de los programas acordados con el Fondo estuvieron acompañados por reformas orientadas a la apertura comercial y financiera, la desregulación del mercado de capitales, las privatizaciones y el endeudamiento externo. Ese proceso habría favorecido el ingreso de capitales financieros en períodos de estabilidad, seguido por fuertes salidas de divisas cuando cambiaban las expectativas económicas o aumentaban las presiones devaluatorias.

El mismo informe señala que entre 1976 y 2001 la deuda externa pública pasó de US$ 7.700 millones a más de US$ 166.000 millones, mientras que la fuga de capitales acumuló alrededor de US$ 135.700 millones, configurando uno de los ciclos de endeudamiento y formación de activos externos más importantes de la historia argentina.
Uno de los casos más estudiados corresponde a la crisis de la Convertibilidad. La economista e investigadora del CONICET Noemí Brenta sostiene que el último desembolso extraordinario realizado por el FMI en 2001, por US$ 6.300 millones, coincidió prácticamente con una salida de capitales de magnitud similar entre septiembre y diciembre de ese año. Según la investigadora, varios programas impulsaron políticas de liberalización financiera que facilitaron la movilidad de capitales y terminaron profundizando la restricción externa en momentos de crisis.
El préstamo récord de Macri
El antecedente más citado en la actualidad es el acuerdo firmado durante la presidencia de Mauricio Macri. En junio de 2018, Argentina obtuvo el mayor préstamo de la historia del FMI. Aunque el programa contemplaba un financiamiento por US$ 57.000 millones, finalmente el organismo desembolsó alrededor de US$ 44.000 millones.
Pocas semanas después del primer giro comenzaron a multiplicarse las críticas. Según datos publicados por Perfil, entre el 22 de junio y el 6 de agosto de 2018 salieron del sistema cambiario argentino alrededor de US$ 5.300 millones, equivalente al 44% del primer desembolso realizado por el Fondo.
Un informe elaborado por el Banco Central durante la gestión de Alberto Fernández concluyó que una parte significativa del endeudamiento externo tomado entre 2015 y 2019 terminó financiando la formación de activos externos del sector privado. El documento señaló que los recursos obtenidos mediante nueva deuda no se tradujeron en una expansión de la capacidad productiva, sino que fueron utilizados para cancelar pasivos, sostener la demanda privada de divisas y afrontar la salida de capitales.

El nuevo programa con Milei
El acuerdo alcanzado por la administración de Javier Milei volvió a instalar esta discusión. El Gobierno sostiene que el respaldo financiero del FMI permitió fortalecer las reservas internacionales, consolidar el proceso de estabilización y avanzar hacia la normalización del mercado cambiario.
Sin embargo, economista destacan que una mayor apertura de la cuenta capital, combinada con la flexibilización del mercado cambiario, podría reproducir tensiones observadas en programas anteriores si aumenta la demanda privada de dólares.
Más allá de las diferencias entre los distintos acuerdos firmados con el organismo, el interrogante sigue siendo el mismo que atraviesa la historia económica argentina desde hace casi 70 años: si los préstamos del FMI ayudan a resolver la restricción externa o si, en determinados contextos macroeconómicos, terminan alimentando nuevos ciclos de endeudamiento y fuga de capitales.
Si bien la respuesta varía según quien la conteste, los antecedentes históricos muestran que la relación entre financiamiento externo, apertura financiera y salida de divisas fue y es una constante en buena parte de los programas acordados por la Argentina con el Fondo Monetario Internacional.
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