Santiago Viola esperaba junto a su esposa y el bebé de ambos, de apenas dos meses, en la fila de Migraciones. Era diciembre de 2020, el año de la pandemia, y la pareja había decidido volver a Buenos Aires después de una temporada en los Estados Unidos. Les hubiese gustado regresar antes pero a causa del Covid, la Argentina toda estaba «cerrada». Ese bebito, de hecho, nació durante su estadía afuera. «¿Pasaportes?«, pidió el agente de Migraciones. Viola extendió tres: dos argentinos y uno norteamericano, el del recién nacido. Y ahí empezó el problema.
El flamante viceministro de Justicia, Santiago Viola, contará esa anécdota -la bienvenida amarga en su país- para explicar su enlace con Javier Milei. A quien hoy es Presidente lo conocía de verlo en la tele, nada más. Pero ese día en Ezeiza, frente al mostrador de Migraciones, se acordó del economista que insistía con su idea de que el Estado no puede meterse en la vida de los ciudadanos. «Usted y su mujer pueden entrar. Pero los extranjeros, no», le dijeron en el mostrador. El «extranjero» era el bebé.

Viola, abogado hijo de una abogada que pasillea Comodoro Py; sobrino nieto del histórico presidente de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín; nieto de Osvaldo, quien fuera apoderado de la UCR, miró extrañado al tipo de Migraciones. Le explicaron que por una nueva disposición a consecuencia del virus los extranjeros no podían ingresar a la Argentina. Tres horas duró aquella discusión. Viola preguntó, con sorna, si al chiquilín de dos meses podían darle la teta ellos. Nadie se rio.
Cuatro agentes de Migraciones después, en un oficina, Viola firmó un papel y los dejaron ir. «¿Qué significa para mí que el Estado no interfiera en la vida de las personas? Que no me hinchen las pelotas», rematará el ahora viceministro de Justicia cuando vuelva a aquella historia, de la que pasaron cinco años. Desde entonces Viola trabaja en su despacho -legado de su madre, Claudia Viola, la que todavía camina en la penumbra de Py- ubicado muy cerca de la Plaza de Mayo. Es una habitación oscura con vista a la calle, decorada con libros forrados en cuero, cortinas pesadas y muebles anchos, anchísimos, de una madera que podría ser algarrobo, que podría ser caldén.
A ese mismo despacho entró Javier Milei junto a su hermana Karina y quien fuera ladero de ambos entonces, Carlos Kikuchi. De repente Milei desencarnaba de la pantalla y se sentaba en uno de esos sillones. Había asumido hacía muy poco como diputado de la Nación en representación de los porteños. A pedido de Kikuchi, iban a pedirle ayuda: querían que Viola le echara una vistazo de abogado a un proyecto en ciernes, el de la boleta única de papel. Ese proyecto jamás fue presentado en el Congreso, pero Karina aprobó a ese abogado, a quien recién conocía.
Libertario, pero más «karinista»
Otro golpe para el asesor monotributista, Santiago Caputo. El triángulo de hierro, más que equilátero, es isósceles: dos líneas de igual longitud y una tercera, cortita. Con la llegada de Viola debe correrse Sebastián Amerio, hombre puesto por Santiago. Solía aparecer en algún palco del Congreso, acompañado por el tuitero Daniel Parisini, alias del Gordo Dan. Ser el dos del ministerio de Justicia implica tener injerencia sobre el nombramiento de jueces nacionales y federales. La Justicia está repleta de vacantes y los juzgados, asfixiados. Esa será el rol de Viola, que a partir de ahora ocupará la silla que le corresponde al Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura. El viceministro, se entiende, antes se sentará con Karina.

Hincha de Boca, fumador compulsivo de Marlboro, bebedor matutino de Coca Cola, Viola venía de haber defendido a Leandro Báez, hijo de Lázaro, en la causa conocida como «la ruta del dinero K». Había pasado tiempo. En enero de 2022, en su despacho cercano a la Plaza de Mayo, Viola veía a Milei cayendo sobre uno de los sillones. Convertido en diputado, ahora lo escuchaba con mayor interés. Adhería a esa frase gritada una y otra vez en televisión: «Hay que hacerle la vida más fácil a la gente». Viola pensaba en esa cantidad de clientes que, por caso, querían abrir un kiosco y le pedían que tuviera baños disponibles para varones y para mujeres. Un kiosco. De treinta metros cuadrados. Con dos baños. Para Viola era insólito. O más que insólito, una traba estatal. Ya por filiación política se acercó más a Karina. Y Karina, más a él. Los unía algo más: estaban de estreno en la política del barro.
Ella necesitaba un abogado que mirara de cerca los movimientos del hermano, que nunca presentó un proyecto, que ni siquiera se anotó para formar parte de alguna de las comisiones de Cámara baja, y que tuvo inasistencia perfecta en el recinto. Pero Karina siempre pisa el futuro y sabía que por delante tenía una campaña presidencial y un desafío: colocar a su hermano en la Casa Rosada. Y ella, de Derecho, no entiende nada. En 2023, Karina sumó a Viola a su mesa chica como consejero y asesor. Y lo nombró, además, apoderado del frente La Libertad Avanza. Es mucho: Karina también era apoderada de esa coalición.
Viola lo negará con media sonrisa pero juntos embarraron la cancha de aquellas elecciones en la que los argentinos fuimos a votar tres veces. Antes de las PASO, Viola respondió a la Justicia Federal en nombre de LLA que «no existía la venta de candidaturas». Ese delito había sido denunciado por Carlos Eguía, periodista y candidato en Neuquén; Juan Carlos Blumberg, el padre de Axel; y Carlos Maslatón, la Libertad Avanza línea fundadora, eyectado por Karina del movimiento. «Si vos te fijás -respondería Viola- a los tres los dejamos afuera del armado y después hicieron esa denuncia»: un vuelto. Ramiro González, fiscal con competencia electoral, actuó de oficio y cerró su propia investigación por falta de pruebas.
El recién nombrado viceministro de Justicia pasó, una a una, cada prueba que impuso la campaña y que le impuso Karina. Durante 2024, con Milei en la presidencia, Viola se ocupó de responder a la Cámara Nacional Electoral sobre los gastos de campaña, el fondeo público y privado. Pero sobre todo acompañó desde lo jurídico con el armado nacional del partido La Libertad Avanza, que dejó había dejado de ser un frente. Tal como pidió Karina, coordinó la filiaciones en cada provincia y logró la cantidad suficiente en apenas seis meses. El 28 de septiembre con un acto en Parque Lezama, en Barracas, fue la presentación oficial del partido.
Para 2025, el año pasado, Karina le pidió que la representara en la causa de los audios que se le atribuyen a Diego Spagnuolo, ex titular de la Andis (Agencia Nacional de Discapacidad). La hermana del Presidente es nombrada como parte de una cadena de desvíos de fondos destinado para la compra de medicamentos. Viola, entre otros asuntos, presentó en la Justicia un pedido de Karina para que los medios de comunicación se abstengan de relacionarla con las grabaciones por verse afectado «su honor» y la «seguridad nacional».
Como su madre, que es amiga íntima de la jueza María Romilda Serivini de Cubría, Viola es amigo de Juan Bautista Mahiques, nuevo ministro de Justicia, e hijo de Carlos «Coco» Mahiques, titular de la Cámara de Casación. Fue Viola quien puso sobre la mesa de decisiones del Ejecutivo el nombre de Mahiques. Padre e hijo mantienen estrechos vínculos con la Asociación de Fútbol Argentino (AFA). Viola aplaudió el discurso presidencial el domingo en el Congreso. Ocupaba el palco asignado a la mano derecha de Karina, Eduardo «Lule» Menem. Para la casta lo que es de la casta.
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