La CGT comenzó a definir la hoja de ruta de su nueva ofensiva contra el gobierno de Javier Milei. Aunque la posibilidad de un paro general continúa sobre la mesa, la conducción sindical resolvió avanzar primero con una estrategia de protestas escalonadas, movilizaciones y conflictos sectoriales, con el objetivo de acumular fuerza antes de convocar a una medida de alcance nacional.
La decisión comenzó a gestarse en las últimas reuniones del Consejo Directivo de la central obrera. Allí quedó en evidencia que, pese al creciente malestar económico y social, la mayoría de los dirigentes considera que todavía no están dadas las condiciones para un paro general inmediato. En cambio, la conducción apuesta a construir un proceso de conflictividad sostenida que permita ampliar la adhesión y acompañar los reclamos que ya existen en distintos sectores.
El esquema que se terminará de definir contempla la coordinación con las dos CTA y organizaciones sociales, además del acompañamiento a movilizaciones de jubilados, reclamos por la reapertura del Consejo del Salario, la tradicional marcha de San Cayetano y los conflictos paritarios que puedan surgir en cada actividad. La intención es sumar músculo a protestas ya instaladas y evitar que el sindicalismo quede como único protagonista de la confrontación con el Gobierno.
La estrategia también contempla impulsar paros por rama de actividad y acciones sectoriales que mantengan la presión sobre la administración nacional sin recurrir, al menos por ahora, a una paralización total del país. En la conducción sindical entienden que las recientes movilizaciones sociales, como las universitarias o las vinculadas al movimiento Ni Una Menos, lograron una convocatoria superior a la que hoy podría alcanzar una protesta convocada exclusivamente por la CGT.
Sin embargo, las diferencias internas persisten. Mientras la conducción dialoguista propone una escalada gradual, los sectores más combativos presionan desde hace semanas por un paro nacional de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo.

Entre quienes impulsan una postura más dura aparecen dirigentes como Luis Barrionuevo (UTHGRA), Omar Maturano (La Fraternidad), Roberto Fernández (UTA), Pablo Moyano (Camioneros) y Daniel Yofra (Federación Aceitera), quienes consideran insuficientes las protestas parciales frente al impacto de las políticas económicas del Gobierno.
Desde la conducción de la CGT, en cambio, sostienen que el malestar social debe consolidarse «de abajo hacia arriba» antes de convocar a una huelga general. La preocupación principal es evitar una medida con baja adhesión que termine debilitando la capacidad de presión de la central obrera.
El cronograma que analiza la CGT tendría como punto de partida el final del Mundial de Fútbol y buscaría extender las protestas durante los últimos meses del año. En ese esquema también aparece como referencia la posible visita del papa León XIV a la Argentina, prevista tentativamente para noviembre, lo que podría convertir a octubre o los primeros días de ese mes en una ventana para una eventual huelga general

Además del calendario de movilizaciones, la central busca fortalecer su articulación con organizaciones sociales, jubilados, pymes, representantes de personas con discapacidad y las regionales sindicales, con el objetivo de ampliar la base de apoyo de las protestas y construir una agenda común frente al deterioro de la situación económica.
Por ahora, la CGT evita fijar una fecha para un nuevo paro nacional. La prioridad será desplegar una serie de acciones escalonadas que permitan medir el nivel de respaldo social y acumular presión sobre el Gobierno antes de avanzar hacia una medida de fuerza de mayor impacto.
AL/CM





