La persistente suba del riesgo país argentino volvió a encender las alarmas en el Palacio de Hacienda y entre los inversores internacionales. Es un mero reflejo de las crecientes dudas sobre la capacidad del Gobierno para afrontar los compromisos de la deuda soberana. Detrás del escepticismo de los mercados financieros subyace un bache estructural en la hoja de ruta del ministro de Economía, Luis Caputo, a quien le faltan cerca de US$ 5.000 millones para garantizar la cobertura total de las obligaciones de pago previstas para 2027. La imposibilidad de Javier Milei en tres años de Gobierno de retornar a los mercados voluntarios de crédito a tasas sostenibles reabre el fantasma de la tensión cambiaria.
Para intentar cerrar la brecha fiscal y financiera, la administración central aceleró la ejecución de su programa de privatizaciones y transferencia de activos públicos al sector privado. Sin embargo, las divisas ingresadas por estas ventas no logran alcanzar las proyecciones iniciales trazadas por el Poder Ejecutivo. El caso emblemático es la reciente adjudicación de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), concretada por un monto de US$ 340 millones, una cifra que quedó marcadamente distante de las pretensiones originales formuladas por el Gobierno, que apuntaban a recaudar un piso de US$ 500 millones por la compañía sanitaria. Si cambia de color político la administración central podría ser causante de una auditoría y posible denuncia penal contra todos los funcionarios que regalaron una empresa superavitaria que brinda un derecho esencial a millones de argentinos.

Mientras las variables financieras muestran signos de fragilidad, la economía real sufre el impacto de la contracción planificada de la demanda interna. Los últimos relevamientos del INDEC en supermercados y shoppings ratifican la profunda recesión que atraviesa el comercio minorista, con caídas sostenidas en las ventas a precios constantes. A este deterioro se suman los números de la industria manufacturera: la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) reportó un duro desplome en la actividad metalúrgica, acumulando bajas interanuales continuas y un uso de la capacidad instalada en mínimos históricos que compromete la estabilidad del empleo en el sector productivo.
El cuadro de vulnerabilidad social y deterioro de los ingresos quedó expuesto en un reciente informe de la consultora Zentrix, cuyos hallazgos generaron un fuerte malestar en el propio jefe de Estado por la contundencia de sus indicadores. De acuerdo con el estudio que dirige Claudio Montiel, el 81,8% de los encuestados está convencido de que su salario no le gana a la inflación, lo que deriva en que dos de cada tres argentinos se queden sin ingresos a más tardar el día 20 de cada mes. La situación resulta aún más severa entre los sectores jóvenes: el 72% de los menores de 40 años agota sus recursos antes del 20, y el 60,9% de esa franja etaria debió recurrir al endeudamiento durante el último semestre.
La investigación de Zentrix revela además que el 56,2% de la población argentina mantiene deudas activas, y que más de la mitad de ellos (55,1%) tomó esos compromisos financieros con el único fin de cubrir gastos de primera necesidad, como la compra de alimentos y la atención de la salud. Frente al acelerado crecimiento de la morosidad familiar, el informe destaca una demanda mayoritaria de regulación pública: el 67% de los ciudadanos espera que el Estado intervenga, con un 61,3% que prefiere medidas de regulación directa sobre las condiciones del crédito y apenas un 7,5% que se vuelca por la condonación total de los pasivos.

No era tan experto
En la campaña electoral 2023, Milei se vendió como «especialista en crecimiento económico con y sin dinero». Lo dijo en el debate presidencial contra Sergio Massa y lo repitió una vez asumido. Pero los datos lo desmienten.
Mientras que llegó a la Casa Rosada con una economía en expansión, los números se invirtieron en los últimos períodos. La economía tuvo un mal desempeño en agosto y profundizó un estancamiento que va camino a una recesión técnica. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec marcó una suba de apenas 0,1% mensual, por lo que no logró corregir la caída de julio (-2,9%), y -1,7% interanual. Al igual que el segundo trimestre, el tercero cerrará negativo.
La serie desestacionalizada del INDEC reveló el tercer peor dato del EMAE desde noviembre de 2024, detrás de la cifra de julio de este año y de marzo de 2025, como publicó Manuel Mandelman. De los 15 rubros relevados, solo cinco registraron subas. Las caídas con mayor incidencia fueron las de la industria manufacturera (-3,2%), el comercio (-3,5%), el rubro de transporte y comunicaciones (-2,9%) y la construcción (-2,5%).
En ocho meses, el EMAE cae 3,9%. Sin embargo, en un rapto de disociación, Caputo destacó el escaso crecimiento de 0,1% en agosto contra julio. Además, se refirió a una variable que se debería desechar para estos análisis: «El indicador tendencia-ciclo se ubicó 6,6% por encima del nivel de diciembre de 2023», puntualizó.
En la realidad, mientras, la economía cae a pique producto de casi 36 meses de políticas libertarias.









